Parece moneda corriente que, en un deporte tan ilógico como el fútbol, aparezcan historias de jugadores que en poco tiempo pasan del anonimato a las luces de la calle Corrientes. De subir escalón por escalón a saltear los pisos por el ascensor. Y dentro de ese mundo vertiginoso, están los submundos donde cada futbolista se adapta de diferentes formas a los cambios.
Lukas Mamed es una de esas particularidades que cada tanto florece. Extremo derecho, categoría 2007, y con uno de los saltos más abruptos de los que se pueda tener registro. No es cosa de todos los días pasar de la última división del fútbol argentino al Inter Miami. Y si a eso se le agrega la rutina de entrenar con Lionel Messi a metros todos los días, la fórmula se torna de película.
Al igual que su abuelo y su papá, Lukas realizó su camino formativo en el Náutico Hacoaj -aunque tuvo un breve paso de cinco meses por Tigre antes de la pandemia que, por cuestiones de pasaporte, no pudo ficharse-, un club donde la familia es el eje central. «Mi zona de confort», le comenta a . No es para menos, esa unión envuelta por la religión y el amor permite que muchos chicos quieran seguir los pasos de Mamed. Eso sí, no todo es fácil. «Pasé de jugar en Argentina con mi familia y vivir ahí, a vivir solo acá. Fue difícil y lindo», señala.
La adaptación a Estados Unidos
A su vez, remarca lo complejo del desarraigo a 7.000 kilómetros de distancia: «Al principio me costó. Por mis amigos, por la familia. Pero ya después de 4 o 5 meses ya rutina natural. Hablo a la distancia, hago videollamadas, me fui adaptando con los chicos, el día a día. Es un país cómodo para adaptarse porque hay mucho latino en Miami y eso me salva la vida».
También confiesa, entre risas, que si bien antes estaba «medio medio», ahora «me la banco con el inglés». Pero a esas nuevas costumbres en su vida en Estados Unidos también viene acompañado de, claro, los aprendizajes en lo deportivo. «Acá el fútbol es mucho más físico. A la misma velocidad que se ataca, te piden que defiendas porque no alcanza sólo con atacar y jugar bien», comenta.
Con esa intensidad con la que gambetea rivales tiene que evitar la trepada del lateral izquierdo en el otro costado de la cancha: «Al principio me pasó un montón que el técnico me cagaba a pedo, pero ahora ya me voy acostumbrando y ya naturalmente bajo directo. Lo gane el duelo o lo pierda».
En una familia donde el fútbol profesional está mucho más tangible de lo habitual, Mamed recalca que si bien «mi viejo me lo inculcó aunque no me lo obligó», siempre tuvo el sueño de ser futbolista. «Siempre que me puso una pelota yo la pateaba, ja», declara, antes de mencionar que, obviando a Messi, «de chico me acuerdo de mirar mucho a Neymar, el fútbol mágico» y apuntar a Michael Olise como «un estilo de juego parecido al mío. Es un crack».
La sensación de entrenar a metros de Messi
Y así como ya pasó un año de su arribo a Las Garzas, tanto Lukas como sus compañeros -que llevan más tiempo en el club- luego de cada entrenamiento «nos quedamos mirándolo embobados. Cómo le pega, cómo ve pases que nadie ve. Es una locura». Incluso se permite soñar con estar del otro lado del alambrado, ya que compañeros suyos de años atrás comenzaron a compartir cancha con él y eso «te da más energía siempre».
De hecho, estuvo muy cerca: «Un día pidieron jugadores para hacer sparring pero no le tocó a mi equipo. Pero sabemos que en cualquier momento nos puede tocar la oportunidad y vamos a ir con todo, y obviamente con cuidado con él, ja. Prefiero que me pase que si me amaga Messi ya es una locura».
Su amistad con Joaco Freitas
Dentro de toda la lejanía que Mamed tiene con su familia y amigos, la tecnología permite que el desapego no sea total. Eso permite que hoy, a través de Instagram, quede reflejado la amistad que Lukas mantiene con Joaquín Freitas, hoy una de las joyitas de River. «Nos conocemos del colegio, hicimos cuatro años juntos y antes que se vaya él nos sentamos juntos y todo. Somos muy amigos de siempre», explicó.
Acerca de su presente en el Millonario, declaró: «Ahora lo veo jugar en la Primera de River y es una bestia, se mueve para todos lados, no lo pueden parar. Yo tengo la aplicación que me avisa cuando entra y me pone ‘minuto 46, Freitas’, y ahí prendo la tele. Hay veces que también lo veo entero, pero lo veo principalmente por él, obvio. Nos hicimos del River de Freitas».



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