«De galera y bastón, salimos campeón». La bandera cuelga de lo alto de la cancha del CSD Academia Kaly. Un bulldog de un lado, el escudo del club del otro, y en el medio ocho estrellas con los nombres de un equipo que no paró de ganar hasta su despedida del baby fútbol de la Liga Argentina. Xavi, Rama, Tobi, Rami, Ema, Tomy, Santi y DT Horacio.
Tomy es Tomás Aranda y Kaly es el club de Ituzaingó en el cerró su etapa del baby. Allí estuvo después del boom del juvenil xeneize, con ese golazo que abrió el marcador, en el triunfo 2-0 de Boca ante Instituto en la Bombonera. Para recordar aquella etapa que fue parte importante de lo que es hoy en día. En las voces de su descubridor y entrenador, sus amigos y ex compañeros, y la gente que con mucho esfuerzo lleva la institución adelante.
Justamente fue con el Kaly en 2017 que Aranda participó de un mundialito en Boca Predio y no sólo lo ganaron de punta a punta, sino que junto a varios compañeros encandilaron a los captadores y quedaron en la cantera xeneize. La foto suya con el número 10 en su camiseta y el trofeo sobre su cabeza es un recuerdo imborrable de aquella jornada que marcó el inicio de su carrera.
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“ Era impresionante verlo jugando acá los sábados, se me pone la piel de gallina al recordarlo. La 2007 fue fantástica. Campeona de campeones, ganándole a todos”, recuerda el delegado general Ariel Gentile. “ De acá los rivales se iban llorando. En el Mundialito, los chicos jugaron tan bien que nos dijeron: ‘En la final te pusimos un equipo que les va a costar ganar, si ganan. Y ganamos 9-1”, agrega Horario Ríos, el DT de esa categoría que ganó cinco títulos y la Copa de Campeones.
A Kaly, Aranda llegó luego de sus inicios en Estudiantes de Udaondo y un breve paso por Defensores de Castelar. Fue Ríos el que lo encontró de casualidad, un día que había ido a ver a otros chicos, y lo llevó al club que sería el paso previo al desembarco en Boca. “Yo iba a mirar a otros chicos, pero él me llamó la atención. Tenía una velocidad y un dribbling… No podía ser tan chico que jugara de esa forma. Yo a los padres no los conocía. Cuando se van a la camioneta que estaba a una cuadra y media, lo seguí. ‘No te conozco’, me decía el papá Daniel. Yo en ese momento dirigía al hijo más chico del Pipa Gancedo, entonces le dije que estaba con Gancedo y que podía ir a River. Y Tomy, calladito pero siempre te la mandaba, dijo: Noo, a River no, si el domingo jugamos contra River y le ganamos 1-0’. Él estaba en Argentinos en ese momento. Igual le saqué el teléfono al padre y lo llamaba y lo llamaba…”, cuenta Ríos, quien finalmente logró llevarse a Tomy.
El delegado general Ariel Gentile y el presidente Eduardo Herrero, con .
Boca llegaría tiempo después, tras ese torneo en el predio. “El venía de Argentinos, estaba en Liga, y quedó fascinado con Boca, aunque la mamá llamó al coordinador de Argentinos diciendo que no quería que se fuera. ¡Llorando! Pero después dejaron que el nene decidiera. ‘Si quiere ir, hay que dejarlo’. Tomy había jugado cada partido de la prueba como si fuera una final y quedó junto con Santiago Valleca y Ramiro Vilella, que hoy están en la Reserva”, sigue Ríos, mientras muestra el trofeo que ganaron en Boca Predio y una camiseta de aquel equipo.
Al mismo tiempo, en la cancha del Kaly la actividad sigue con los chiquitos que sueñan con seguir el mismo camino. “Es lindo ver Tomy Aranda, pero nosotros tenemos un club de Tomys Aranda. El que llega sin ninguna duda es una satisfacción. Queremos que todos sean Tomy Aranda, que todos lleguen. Aunque el día de mañana uno será contador, otro ingeniero y otro comerciante. Pero queremos lograr que todos sean Tomy Aranda. Nos generó una alegría impresionante que un chico que jugó en tu club haga goles en Boca”, explica el presidente del club, Eduardo Herrero.
El boom Aranda se dio en apenas dos meses. El sueño de todo chico. Debutó este año, el 28 de enero ante Estudiantes, Venía de ser elegido el MVP de la Reserva bicampeona. Después sumó minutos con Vélez, Platense, Racing, Gimnasia de Chivilcoy y Gimnasia de Mendoza. Y sus buenos ingresos le dieron la titularidad Lante anús, San Lorenzo, Unión e Instituto, con su primer gol, las lágrimas y el festejo con Leandro Paredes. “Ese recuerdo va hasta la tumba”, dijo el propio Aranda, el pibe de 18 años que se convirtió en la pieza que Boca necesitaba.
“Fue fantástico, miramos el partido acá en el club”, cuenta Gentile. Y completa Ríos: “Me generó una emoción bárbara lo del otro día. Yo soy de River, es la primera vez en mi vida que grité el gol de Boca. Mis hermanos son todos gallinas también, saltamos arriba de la mesa, gritamos hasta la emoción, se me caían las lágrimas. Verlo a Tomy hacer ese enganche, girar y abrir el pie, al estilo Vinicius… Fue una emoción enorme. Ahora quiero que salga campeón Boca con Tomy”.
En Ituzaingó habló con ex compañeros, dirigentes y el descubridor que tuvo el juvenil que ahora la rompe en Boca
La mirada de los compañeros de la categoría 2007
Su partidazo con Instituto, con su primer gol, lo llevó a la tapa de del lunes. Y también se ganó la del martes con la historia de su vida, la de la última joya de Boca Predio, la que logró darle al equipo la pieza que hacía falta. En Ituzaingó, en el club Academia Kaly, el paso previo a su llegada al Xeneize, sus ex compañeros de la categoría 2007 recordaron aquella etapa en la que no paraban de ganar y dar vueltas olímpicas en el baby fútbol de la Liga Argentina.
“Jugar en Boca es lo más grande que hay, otra alegría más grande no tenés. El chabón era crack, no se la podían sacar. De chiquito era así”, cuenta Ramiro Vilella, otro de los chicos del Kaly que quedó en el Xeneize tras aquel Mundialito en el predio en 2017 y que actualmente juega en la Cuarta. “Éramos muy buen equipo, nos divertíamos mucho dentro de la cancha, no jugábamos con presión ni nada, veníamos a pasarla bien y divertirnos y así nos iba”, agrega Lautaro Kapij, hoy en la Reserva de Ferro.
Si bien ganaron varios títulos, la Copa de Campeones que alzaron en su último año en el baby parece un recuerdo imborrable para todos. Una bandera con sus nombres está colgada en lo alto de una de las paredes del gimnasio. El número 48 con el Tomy por debajo luce intacto, pegado en los azulejos del vestuario. Y también algunas fotos de las formaciones siguen en las carteleras. Los propios chicos las miran y se asombran a la distancia, mientras persiguen sus sueños en cancha de 11 con distintos colores. “Nos pone muy contento porque es lo que quiera a cada uno de ellos, llegar y triunfar”, asegura Ariel Ríos, hijo del DT Horacio y cercano a los chicos.
“Siempre que entra, juega muy bien. Me pone muy contento. Soy de Independiente, pero lo veo porque juega él”, explica Tobías Aranda, quien juega en la Reserva de Huracán. Y completa Santiago Valleca, quien llegó también en 2017 tras el Mundialito y hoy se encuentra dando sus primeros pasos en el equipo de Mariano Herrón: “Está en el vestuario con nosotros, una locura lo de Tomy, cómo está jugando, la soltura con la que juega en Primera. Siempre miro a Boca, siempre que juega algún pibe, y por suerte se le está dando y metió ese golazo que hizo celebrar a todos”.
La reacción de Aranda cuando su descubridor para seducirlo le ofreció ir a River



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