“¡Academia por favor, no se puede comparar, una vida de grandeza y otra de mediocridad!”. La cancha de Independiente explota. Para los más de 45.000 hinchas que revientan las tribunas, que colman las plateas, que no dejan espacio ni siquiera en los pasillos, el triunfo frente a Racing significa mucho más que tres puntos. Es un desahogo infernal. Para ellos y también para los futbolistas, que no se quieren ir del campo de juego. Que se acercan a la tribuna y se unen al cantito que baja con fuerza desde todos los sectores del Libertadores de América – Ricardo Bochini. “¡Es para vos, es para vos, para que sepas que en el barrio mando yo!”, se escucha, se palpita y también se siente. Porque hay cosas que nunca cambian. Porque Racing, tal como suele suceder en los últimos años, llegaba mejor, con un invicto de nueve partidos por toda competencia, con seis triunfos y tres empates.
Pero en los clásicos, donde el impacto de la actualidad suele diluirse en componentes intangibles, la historia no siempre va de la mano con el presente. Y vaya si saben de eso los hinchas del Rojo, que armaron un recibimiento histórico a la europea, pero con pasión bien sudamericana. Que fueron a la cancha a armar una fiesta y se hicieron dueños de Avellaneda. Como manda la historia. Como marca una paternidad que resiste buenos y malos equipos, mejores y peores dirigencias, momentos inolvidables y otros que es mejor olvidar. Incluso ante los vaivenes de la vida institucional de un club últimamente castigado, asfixiado por deudas y por administraciones que no han estado a la altura de la institución, el orgullo de ser los dueños del barrio es algo que se mantiene incólume.
“¡Qué nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán!”, se escucha en la cancha. Son 23 los partidos de diferencia que contabilizan los hinchas del Rojo, contemplando sólo encuentros de torneos locales en el profesionalismo. Son 19 a favor de Independiente los que marca el historial completo. El denominador común es siempre el mismo: la diferencia es colosal y eso es, en definitiva, lo que se festeja a lo grande. Se celebra el cumplimiento de algo que ya es casi una tradición familiar: el padre le gana al hijo.
El estadio está oscuro. Las luces se apagaron. Los fuegos artificiales iluminan el cielo de Avellaneda en pleno éxtasis. Marcone toma una máscara de Diablo que le arrojaron desde la popular Santoro y se la pone. Y delira como el hincha del Rojo que es.
“¡Picala ahora!”, le gritan a Maravilla Martínez mientras se escabulle hacia el túnel que conduce hacia los vestuarios. La imagen de Rey y Lomónaco abrazándolo después del penal que intentó picar y que se le fue por encima del travesaño ya es un meme histórico y se replica por las redes sociales. El goleador de la Academia arriesgó y el tiro le salió por la culata. Por eso el Rojo se ríe. Y también se ríe de Marcos Rojo, quien se fue de la cancha ovacionado como un héroe. La gente de Independiente le agradece el gol en contra que metió ante Flamengo en el Maracaná, por las semifinal de la Copa Libertadores del año pasado.
Maravilla le dio vida a Independiente cuando podría haberlo rematado. Y el penal fallado lo afectó de manera tal que después desperdició dos situaciones claras de gol en el segundo tiempo. Para Independiente fue una resurrección en pleno partido. A partir de ese momento se revitalizó la gente y también el equipo. Hubo algo que cambió y se sintió en las tribunas y en la película que se proyectó sobre el césped. Porque la diferencia, esta vez, fue el nueve. Porque Ávalos, que venía encendido, no falló en la que tuvo. Llegó a su octavo gol en el Apertura, en el que además sumó tres asistencias. Y se erigió como el héroe.
Independiente volvió a ganarle a Racing ante su gente. La última vez había sido en 2017, cuando el equipo de Holan se impuso por 2-0. En 2021 ganó 1-0 en casa, pero esa vez no hubo público por la pandemia de coronavirus. Y el último festejo en general había sido en el Cilindro, por 2-0 en 2023. Después de esa victoria llegaron una caída y tres empates consecutivos que marcaban una paridad en los clásicos recientes.
Ávalos volvió a poner las cosas en su lugar. Al paraguayo lo apodan Kapé. Tiene sentido: Independiente es el Kapé de Avellaneda.





Deja una respuesta