Campechano. Sencillo. De perfil bajo. Hay muchos adjetivos para describir la personalidad de Alfredo Berti, pero lo que une cada uno de ellos es que hablan de un personaje digno de biografía. No por tener una carrera descollante como jugador -de hecho, fue interrumpida forzadamente y derivó en un juicio con su último club-, sino por haber encontrado, después de casi una década como entrenador, su lugar en el mundo, deportivamente hablando, claro.
«En la previa de cada partido no habla nada. No hay que dirigirle la palabra básicamente, hay que dejarlo que concentre tranquilo. Cuando pierde se enoja, obviamente», comentó hace unos meses nada menos que Julia, su hija, en una pequeña pero efectiva demostración de por qué le dicen Loco. Y ese mote se potencia cuando cuenta, sin tapujos, que va y viene de los entrenamientos caminando. Incluso de los partidos, tal como lo hizo en el triunfo histórico en el debut de Independiente Rivadavia en la Copa Libertadores (1-0 a Bolivar), del Malvinas Argentinas a su casa a pie.
Pero detrás de ese Loco, hay un padre, un abuelo y, por supuesto, un tipo común: «Tengo una nieta que se llama Ana y vive en Bariloche. Es la primera nieta y estoy muy feliz. Soy un hombre familiero, trato de estar con mis hijos y mi esposa el tiempo que se puede. Gracias a las videollamadas uno puede estar más cerca, aunque estemos lejos».
Berti, la boina y los Peaky Blinders
También hay un DT que, si bien lo caracteriza la seriedad frente a las cámaras, puertas adentro tiene alguna que otra anécdota divertida. «La boina surge porque mi hijo Agustín le trajo de España la boina que usa ahora. Llega el partido con River (semifinales de Copa Argentina) y para motivarlos se le ocurrió recurrir a los Peaky Blinders. Entra al vestuario y les dice a los jugadores: ‘¿Saben quién soy? Soy Tommy Shelby, ¡y ustedes son los Peaky Blinders! Todos se cagaron de risa», recordó Daniel Vila, presidente del Azul del Parque.
Y así como, al no tener redes sociales, le comentan sus amigos que cada tanto es furor por sus costumbres, el entrenador de la Lepra transita, seguramente, el mejor momento en su trayectoria del otro lado de la línea de cal. Como jugador, si bien apenas tuvo ocho años de carrera profesional, alcanzó metas que muchos en largos recorridos no pudieron concretar.
Fue campeón del Torneo Clausura 1992, año que debutó en Primera, con el primer amor futbolístico, Newell’s. El oriundo de Villa Constitución formó parte del plantel comandado por Marcelo Bielsa -otro Loco- y no sólo coronó, sino que esa misma temporada llegó a la final de la Copa Libertadores, en la cual el equipo rosarino cayó frente a San Pablo en tierras brasileñas por 3-2 en los penales tras el 1-1 en el global.
Luego pasaría por Atlas de México (1995) y América de Cali, en 1996, donde le tocaría nuevamente ser subcampeón de la máxima competencia del continente. Jugó los 180 minutos de la final contra el River de Ramón Díaz -con Almeyda, Ortega, Crespo y Francescoli entre sus filas- y no pudo sostener el 1-0 de ventaja conseguido en Colombia (el Millonario lo dio vuelta por 2-1). Berti compartió equipo con dos futuras figuras de Boca, Óscar Córdoba y el Patrón Bermúdez.
Boca, el comienzo del fin para el Berti jugador
Al año llegaría la segunda y última etapa como futbolista en Newell’s, donde su rendimiento lo catapultó al Xeneize, un plantel con, por citar algunos ejemplos, Riquelme, Palermo, Guillermo Barros Schelotto, Latorre y Maradona. Un verdadero dream team. Pero paradójicamente, el momento más difícil de su carrera le tocó transitarlo en una de las épocas más gloriosas del club que le tocó defender.
El 23 de noviembre de 1997, por la fecha 14 del Clausura 97′ y ante Deportivo Español, el ex volante sufrió una lesión en el tobillo derecho que lo obligó a dejar la cancha a los 20 minutos del primer tiempo. Ya venía arrastrando una molestia desde la jornada 13, cuando el equipo del Bambino Veira enfrentó a Ferro. Fue el comienzo del fin para el Berti futbolista. Tres operaciones en la zona afectada fueron forzando lentamente, hasta el comienzo del siglo XXI, el retiro.
La historia no terminó ahí, porque Alfredo entró en juicio con el conjunto de la Ribera, culpándolo de ser responsable de su retirada prematura. Así fue como, tiempo más tarde, la justicia le dio la razón y obligó a Boca a pagarle «2.000.000 de pesos», según el propio Berti. «Cuando sale que la cifra fue en dólares es una locura total. En el 2000 la moneda argentina era 1 a 1 y en el 2010 ya no era así. Cuando se resolvió el monto era extremadamente menor», declaró en 2023.
A los años, se cambió los pantalones cortos y los botines por el jogging y las zapatillas deportivas. Primero fue entrenador en las Inferiores de su amado Newell’s, le tocaría, en 2013, la difícil tarea de suceder a un Tata Martino que se mudó a Barcelona para dirigir al Blaugrana -venía de ser semifinalista de la Copa con la Lepra- y mal no le fue: 13 victorias, 14 empates y diez derrotas en 37 partidos. Un 47.75% de efectividad.
Luego el camino sería irregular, sí, pero en ese camino encontró su segundo amor. Independiente Rivadavia fue, y sigue siendo, ese lugar en el que encaja a la perfección con su forma de ser. Lo mismo le transmite Mendoza en sí. «Es una ciudad de la que me he enamorado», comenta.
La primera etapa en la Lepra mendocina
Los lazos se unieron en abril de 2017, cuando agarró, sin dudas, un fierro caliente: el Azul del Parque estaba peleando por no descender al Federal A. No sólo mantuvo la categoría, sino que ilusionó a toda una hinchada con un ascenso que, si bien no llegó aquella temporada, finalmente ocurriría. Es cierto, en el medio la relación se tomó un tiempo.
Fueron cuatro meses muy intensos, los cuales bastaron para generar un desgaste que derivó en la partida del Pelado -otro de sus apodos-, pero también un buen recuerdo de los fanas del CSIR. Así fue como, tras seis años, Berti volvió para, esta vez, hacer historia. En 2023, su equipo consiguió de forma categórica el campeonato de la Primera Nacional con una campaña para el recuerdo: en 27 jornadas, apenas cayó en tres oportunidades y sumó 19 triunfos. 76% de efectividad, una locura.
A partir de ahí, todo fue un crecimiento exponencial. Se mantuvo en la máxima división del fútbol argentino en 2024, y en 2025 le dio su sello característico a un equipo que coronó con aquella histórica Copa Argentina, en la que derrotó por penales a Argentinos en una definición vibrante.
«El cariño que me muestran en la calle es muy grande. Cuando salgo a comprar, voy a la peluquería o salgo a tomar algo con mi señora, la gente nos saluda con afecto. Nos sentimos parte», había soltado antes de esa final, demostrando que independientemente de si ganaba o no la competencia, el título de ídolo ya lo tenía ganado.
El pasado miércoles 15 de abril, ocho días después del estreno glorioso en la Libertadores, se escribió un nuevo hito en la historia del club, que lo eleva cada vez más a Berti. El Maraleprazo. 2-1 al Fluminense de Luis Zubeldia, Germán Cano, Rodrigo Castillo, entre otros, para ser puntero del Grupo C con puntaje ideal.
Y lejos de desproteger el torneo local por los compromisos internacionales, Independiente Rivadavia se clasificó con tres fechas de anticipación a los playoffs del Apertura y es el puntero de la tabla anual, con 30 puntos. ¿El próximo partido? El clásico con Gimnasia de Mendoza en el Bautista Gargantini, donde cumplirá los 100 encuentros en esta segunda etapa como entrenador de la Lepra y su récord da envidia: 50 victorias, 29 pardas y apenas 20 caídas.
Con la misma sencillez que anda por la vida, hace las compras para la semana o algún que otro mandado, Berti sigue haciendo historia en un club que se asentó en Primera, bordó una estrella en su escudo y ganó en el mítico Maracaná. Todo, con el sello y la boina del Loco.






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