
Será una nueva mezcla de peras y manzanas. El acuñar, en una misma reflexión, la tremenda convocatoria de Franco Colapinto en su exhibición palermitana y, por ejemplo, el perfil bajísimo de un Lamadrid-Muñiz con no más de 250 personas frente a la cárcel de Devoto por la Primera C. Puede sonar muy porteño el asunto, porque en CABA se cocina todo. Pero, en verdad, es un reclamo demodé. Una súplica oldie. Un pedido de reparación histórica. En tiempos de tiktokers y popcorn acaramelado en tribunas que ya nos parecen ajenas, plantear por enésima vez la vuelta de los visitantes parece broma. Ni hablar para las no tan nuevas generaciones, ya acostumbradas a las localías absolutas o a los alientos desde el sofá.
Las piruetas callejeras de Franquito, su elegante paseo en la Flecha Plateada de Fangio bandera argentina al viento, reunieron a 600.000 personas. Mucho piberío, mucho Interior, mucho deporte en el eter. Y principalmente, a lo Color Esperanza, el “saber que se puede, querer que se pueda”. La organización, en líneas generales, fue impecable. Una buena noticia soñando con el regreso de la F1 al Gálvez y recordando que seremos sede del Mundial 2030. ¿Qué nos hace pensar entonces que no podamos recuperar la memoria, el fútbol con dos hinchadas? Nos babeamos con los videos virales de la Séptima categoría inglesa -ponele- cuando, sobre la hora, un grupo de borrachines celebra en un grito al unísono un gol sobre la hora, pero somos pacatos cuando se trata de nosotros. Lo viejo funciona, pero en las películas…
Cuando hace (casi) 30 años nació era impensado un fútbol argentino así. Y eso que llevaba en el lomo centenares de muertos y picos de violencia. Hace días, el Jefe de Gobierno Jorge Macri (como todos los anteriores), más allá de los experimentos friendly en Provincia -y en el resto del país-, le bajó el pulgar a este ruego anacrónico por propia decisión. Aunque también expuso a la dirigencia, mucho más cómoda, Poncio Pilato style, que cerca del hincha común que quiere ver a su equipo lejos de casa. Precios estrafalarios y abusivos que abren y cierran la puerta a la vez, y una dolorosa e hipócrita doble vara: no hay 2000 entradas para los marplatenses de Aldosivi pero sí para los venezolanos de Carabobo. Y el sayo les cabe a todos.
Juran los que saben de automovilismo que, l a diferencia entre hacer un trompo y una dona, está básicamente en la voluntad del piloto. Un trompo suele ser accidental, lejano a una intención de manejo; la dona, en cambio, se busca, se provoca, es parte del espectáculo. Papas fritas y good show. El fútbol argentino, a lo Colapa, necesita hoy dejar la huella marcada en la senda popular. Otra vez. Un giro brusco a 180°. En el Enrique Sexto de Lamadrid, en el Monumental y en la Bombonera también. Se dijo, cuestión de voluntad, cuestión de cómo acomodar peras y manzanas.
¡VLVC! (¡Vivan los visitantes, carajo!)
@sergio_stuart te cuenta lo que dejó esta jornada ¿Te gustaría ver un GP en Buenos Aires?
El aliento para Franco Colapinto que se escucha desde las tribunas – @cami.corrales.

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