Tiene olfato de goleador, Rodrigo Auzmendi. El delantero que llegó a San Lorenzo desde Banfield, después de una negociación tirante en la que también apareció Lanús, volvió a demostrar por qué se ganó rápidamente un lugar importante dentro del equipo. Porque hay atacantes que necesitan varias situaciones para convertir y otros, como él, que parecen detectar el gol antes de que la jugada exista. Lo intuyen, lo huelen, lo persiguen. Y cuando la oportunidad aparece, no perdonan. Ante River, el delantero azulgrana volvió a exhibir esa capacidad letal: atacó el espacio justo, anticipó a los centrales y definió con un cabezazo quirúrgico para marcar el 1-0 en el Monumental.
Con ese tanto, Auzmendi extendió su gran presente goleador y alcanzó los cinco goles en 13 partidos disputados entre el Torneo Apertura, la Copa Sudamericana y la Copa Argentina. Un registro que confirma su rápida adaptación al equipo y que empieza a transformarlo en una de las piezas más determinantes del conjunto azulgrana en este tramo de la temporada.
Lo suyo ante River fue una muestra perfecta de intuición y efectividad. San Lorenzo jugaba condicionado por la expulsión de Matías Reali y atravesaba un momento incómodo del partido, replegado y obligado a resistir. Sin embargo, en la primera acción clara que tuvo el equipo local, Auzmendi resolvió todo con una maniobra de delantero de jerarquía. Porque la jugada no sólo la terminó: también la construyó.
En una de sus habituales apariciones fuera del área, el atacante retrocedió unos metros para participar de la elaboración. Recibió de espaldas, hizo rebotar la pelota con criterio y abrió rápidamente hacia el Perrito Barrios, entendiendo que el espacio estaba detrás de los centrales de River . Apenas descargó el balón, aceleró al vacío y atacó el hueco que dejaron Lucas Martínez Quarta y Lautaro Rivero, dos defensores que quedaron desacomodados ante el movimiento del goleador.
Entonces llegó el centro preciso y Auzmendi hizo el resto. E ntró entre los zagueros con determinación y, casi a quemarropa, metió un cabezazo impecable frente a Santiago Beltrán. La definición tuvo técnica, potencia y una precisión notable: hizo picar la pelota contra el piso para dejar sin reacción al arquero y desatar el festejo de todo el estadio.
No fue solamente un gol. Fue una jugada que reflejó exactamente qué clase de delantero es Auzmendi. Un atacante móvil, inteligente para leer los espacios y con una enorme sensibilidad para interpretar dónde puede generarse peligro. Incluso cuando San Lorenzo parecía lejos del arco rival, él encontró la forma de lastimar.



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