En noviembre pasado, horas antes de un amistoso con Mauritania, el plantel sufrió el cimbronazo emocional de la grave lesión de Joaquín Panichelli, que le quitaba toda chance de seguir peleando por un lugar en el Mundial. Esa vez, Argentina jugó muy mal, entre la tristeza empática con el compañero y el miedo a las balas que pican cerca.
Anoche había que jugar con Honduras en situación parecida: Lionel Scaloni acababa de decirle a Leonardo Balerdi que por su lesión lo tenía que desafectar de la lista para la Copa.
Y el propio DT puso el freno de mano, cuidó a sus titulares más de lo que ya pensaba hacerlo, administró los minutos de todos, puso marcha atrás a su idea de mostrarle al público aunque más no fuera un ratito de Messi y hasta produjo cuatro debuts, regalando a esperanzas del futuro los más maravillosos segundos de sus vidas.
Él mismo habló de zafar de una situación incómoda después del efecto Balerdi: “Lo sacamos adelante de la mejor manera”. Graduar de esa forma los lapsos y los esfuerzos de sus jugadores no le impidió sacar algunas conclusiones positivas.
Pudo ver a ¡21! de sus muchachos en cancha, probándolos en algunos casos en puestos no tan habituales; solo mantuvo los 90’ a Giay, sin por eso dejar de mover a Capaldo, los dos candidatos a reemplazar a Montiel si no se recupera; le dio media hora al Cuti Romero, quizás una de las mejores noticias de la noche.
Y rescató que, a pesar de tal movimiento de jugadores, la Selección pudo mantener su identidad. Resultó un test bastante tranquilo, bien ganado ante un rival muy menor.
Y ya que en pruebas estamos, no estaría mal recordar que tener cuatro amonestados al pedo no es un buen entrenamiento para un mundial, en que los árbitros endurecen sus decisiones disciplinarias porque tienen miedo de que, si no lo hacen, los manden de vuelta a sus países.





Deja una respuesta