Pick and roll en el parquet de los Jayhawks. Bate bien aferrado a sus manos en la caja profesional de los Royals. Un balón de fútbol americano y la mirada en el horizonte de los Chiefs, cuatro veces campeones del Super Bowl, animadores de la NFL. Y sonrisa. Patentada por papá Zinedine. Remake mundialista de Luca, el primer Zidane en jugar una Copa del Mundo después de 20 años.
Figura ante Países Bajos en el amistoso previo al torneo FIFA aunque ausente en el amistoso frente a Bolivia (el que se jugó a puertas cerradas y fue goleada 4-0) atajando para Argelia, la selección con la que Argentina debutará y que representa simbólicamente algo muy fuerte para el arquero de 28 años.
Porque si bien el apellido Zidane representó a Francia -y a una generación entera, con el hito del 98 y el subcampeonato en Alemania- ahora en Argelia abrazan ese surname por el motivo que llevó a Luca a sumarse al Khadra: para entender cuáles fueron los motivos que llevaron al arquero del Granada a representar a los africanos hay que retroceder varias décadas, hasta la historia de Smail y Malika Zidane, los abuelos de Luca.
Como tantos argelinos, emigraron a Francia en busca de una vida mejor: ambos debieron dejar atrás una tierra atravesada por conflictos, privaciones. Se instalaron en Marsella, donde nacieron sus hijos. Entre ellos, Zizou, quien jamás ocultó sus raíces. Al contrario. Siempre habló de la influencia de sus padres, de los valores transmitidos y el orgullo por sus orígenes.
Ese legado llegó también a la siguiente camada de Zidanes. Aunque nació en Aix-en-Provence, el guardameta se formó en España y defendió durante años las selecciones juveniles francesas, la cultura argelina nunca estuvo lejos de su vida cotidiana.
Estaba en las historias familiares, en los recuerdos de sus abuelos. Y mientras papá Zinedine conquistaba el mundo, Luca intentaba construir una identidad propia bajo el peso de uno de los apellidos más influyentes de la historia del fútbol.
Pasó catorce años en las inferiores del Real Madrid, debutó en Primera División con su padre como deté y convivió, está claro, con la comparación. Por algo usa su nombre como identificación: él es Luca.
Su carrera no fue sencilla. Tanto es así que el guardametas salió a buscar minutos lejos de los focos: Racing Santander, Rayo Vallecano, Eibar y ahora Granada fueron las estaciones de una carrera construida desde abajo, en la exigente Segunda División española. Y cuando apareció la posibilidad de Argelia, la abrazó.
“Cuando pienso en Argelia, pienso en mi abuelo”, explicó después de recibir la convocatoria. La frase ayudó a entender todo. No era únicamente una cuestión deportiva sino también emocional: la FIFA aprobó su cambio de nacionalidad deportiva en septiembre de 2025.
La convocatoria llegó de inmediato. Y cuando aterrizó en Argel para incorporarse al seleccionado fue recibido por miles de hinchas, como si se tratara de una figura histórica del equipo. Su estreno fue ante Uganda.
Luego llegó la Copa Africana de Naciones, donde dejó buenas sensaciones y ayudó a que el equipo superara la fase de grupos por primera vez en seis años. Más tarde firmó una actuación consagratoria frente a Países Bajos, con seis atajadas y el premio al mejor jugador del partido.
Aunque ese largo camino hacia la Copa del Mundo no estuvo exento de serias dificultades. Tanto es así que una fractura de mandíbula y mentón puso en duda su presencia durante parte de la preparación.
Sin embargo, Luca logró recuperarse con protección especial: una máscara facial confeccionada en fibra de carbono que le permitirá estar en el Mundial. Un torneo que empezó a disfrutar con una gira con Argelia, recorriendo sitios especiales de KC. Con el foco ya puesto en el debut.




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