“¡Enzo, Enzo!”. Alcanza un grito con bises para dimensionar el fenómeno de Enzo Fernández en la Selección Argentina. Los que motorizan que el volante de 25 años levante su mano y salude son dos hinchas de Boca. Uno tiene en sus manos la camiseta de Leandro Paredes; el otro, la de Ayrton Costa.
Los pibes están sentados con sus hermanos en una especie de balcón que da a las canchas del Compass Minerals Center y desde allí se esfuerzan por agradecerle al centrocampista que surgió de River, pero que de su golazo a México en 2022 en adelante, es patrimonio de todos los argentinos. Es bandera.
Argelia fue una certificación del valor táctico que tiene Gardelito en la Scaloneta: si a los jugadores se los elige en el mercado por las estadísticas, entonces se comprende por qué José Mourinho insiste tanto para que Florentino Pérez no se guarde un centavo de euro e invierta en Fernández para “su” Real Madrid. No sólo por los 15 goles que marcó en la temporada (7 asistencias).
Porque el partido ante los africanos fue una extensión de su performance en Chelsea. Y también una tranquilidad de cara al segundo, ante Austria, en el que la Argentina buscará la clasificación. El ticket a la primera ronda mata-mata del certamen.
Run, Enzo, run
Con 11.426,6 metros recorridos, Enzo fue el futbolista argentino que más corrió ante Argelia. Casi media maratón con 148 carreras de alta velocidad, 51 sprints y una velocidad máxima de 30,5 km/h para ser apoyo tanto en salida como opción en circulación y también llegada. Aunque no sólo se desplazó: también la tocó al pie.
Gardelito intentó 69 pases en el Kansas City Stadium y completó 65 de ellos, alcanzando un 94% de precisión. La devuelve redonda incluso en sectores difíciles, bajo presión argelina.
En esa línea fue uno de los grandes organizadores de la red de pases argentina: su vínculo más frecuente se dio con Lisandro Martínez (13), seguido por Alexis Mac Allister, coequiper en el medio (9), Cristian Romero (8), Lionel Messi (7) y Facundo Medina (7). Fue un eslabón entre las líneas.
Sin embargo, la estadística que mejor resume su influencia ofensiva es la de las rupturas de líneas. Intentó 16 y completó 15. Según las métricas de FIFA fue el argentino con más rupturas de líneas exitosas, igualado con Emiliano Martínez.
De esas acciones, 14 llegaron mediante pases y dos a través de conducciones. Hubo siete pases filtrados entre líneas, siete que rodearon la estructura defensiva rival y dos que superaron líneas por arriba. Crucial para descontracturar el orden defensivo adversario.
Y sin pelota también se la rebuscó: se movió como apoyo (48 ofrecimientos), tanto por delante de la línea de la pelota (19), como entre líneas (7) y a la espaldas de los rivales (7). En complemento, defensivamente además sumó siete entradas, interceptó tres pases, bloqueó un remate, recuperó cuatro pelotas y ganó 37 duelos, con 27 acciones de presión.
Un boletín que explica por qué es un indispensable en el corazón del fútbol de la Selección que, tres años después de su primer Mundial, está intentando refrendar en el segundo por qué es el jugador argentino que llegó en mejor nivel.
Gardelito nació en San Martín, creció en Núñez, se terminó de formar en Varela, la rompió en el Monumental y pegó el estirón de crack en un Mundial: el golden boy de Qatar 2022, su primera vez FIFA, lo transformó en una figura apetecible para los gigantes UEFA. Chelsea le pagó € 121M al Benfica para asegurarse al volante creativo que en los Estados Unidos le dio el Mundial de Clubes. Y va por más.




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