Lisandro Martínez: la «resiliencia» de esta Selección y la reflexión tras su gol y su asistencia :: Olé

“La resiliencia de este equipo de nunca abandonar, nunca bajar los brazos, de luchar hasta el final…”. Se entiende por qué Lisandro Martínez ha encajado tan bien en esta Selección: las características del central hacen match con las de un equipo que no jugó bien pero que superó a un rival que se pareció a esos boxeadores mexicanos que resisten golpes y golpes y ganan por puntos, por nocaut o por hartazgo. Pero Licha insistió. Como en la vida misma. Y no sólo encontró el camino para abrir el cerco caboverdiano sino que convirtió el segundo gol con una definición de killer.

“Estos mata-mata son así: no hay que confiarse. Son dos equipos que dejaron todo. Fuimos justos vencedores y estoy feliz», sonrió el defensor al relajarse ante las cámaras, los flashes y los micrófonos. «¿El 2-1 y la asistencia? Solamente me preocupo para que no me hagan goles, me voy descontento por eso pero ya está, ganamos y estoy muy feliz», se limitó a reducir su rol a lo defensivo, prescindiendo del autoelogio aunque entendiendo íntimamente cuál fue su peso dentro del desarrollo de un encuentro tensionante.

Lisandro y Messi en el festejo con Dibu y De Paul (Juano Tesone/Enviado especial).Lisandro y Messi en el festejo con Dibu y De Paul (Juano Tesone/Enviado especial).

Porque el pase de larga distancia de Lisandro que cayó a espaldas de la zaga -y que Lionel Messi controló con la misma excepcionalidad con la que resolvió ante Vozinha; por algo lo buscó en su festejo- fue el password para desbloquear una última línea africana emocionante por su despliegue y su esfuerzo táctico. La pelota que controló al segundo palo para reventar al primer poste, arriba, fue una delicia para poner el segundo gol. Y desatar así una euforia que duró hasta el golazo del 2-2, cuando la pesadilla parecía estirarse.

Intentó siempre, Licha. El guerrero cuya previa de su segunda Copa del Mundo estuvo marcada por la resiliencia: estuvo nueve meses lejos de las canchas por la rotura del ligamento cruzado que sufrió en el United, un período en el que transformó la frustración en combustible. Nunca perdió el foco ni el vínculo con la Selección, si hasta en plena rehabilitación viajó a la gira por Angola para estar cerca de sus compañeros.

Cuando volvió, brilló. Cerró la temporada con un rendimiento sobresaliente en el Manchester United, recuperó su liderazgo defensivo y fue una pieza determinante para la clasificación a la Champions League. Y certificó el deseo de Lionel Scaloni de tenerlo en la zaga.

Donde reapareció superando en la carrera a Nico Otamendi en su último Mundial. Y en buen nivel, no sólo ante Cabo Verde: había llegado a los 16avos con un nivel de acierto top (134 de los 140 pases que intentó entre ambos encuentros, con un impresionante 95,7% de efectividad). En Miami potenció ese nivel: no erró uno en campo propio y sólo falló tres en todo el partido: llegaron a destino 117 sobre 120. Y ganó de arriba y de abajo.

Los fanas de Lisandro en el Hard Rock (Juano Tesone/Enviado especial).Los fanas de Lisandro en el Hard Rock (Juano Tesone/Enviado especial).

«Hay una energía hermosa en este grupo, estamos preparados para todo y está bueno que pasen estas cosas, sufrir y ponernos a prueba», analizó como para proyectar lo que vendrá. Los octavos de final que se jugarán en Atlanta, Georgia, frente al Egipto de Mohamed Salah.

Donde habrá una oportunidad para demostrar que todos aquellos errores que se vieron en el Hard Rock se pueden superar. Que se entendió el alerta para seguir dándole batalla al Mundial y al sueño.

MIAMI (ENVIADO ESPECIAL).

EL GOL Y LA ASISTENCIA DE LISANDRO

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