Guillermo Francella se sentaba a la cabeza de una mesa de mantel floreado, fondo blanco, en un living típico de novelones de la tarde como Rosa de Lejos o Celeste. Desde ese lugar simbólico, siempre resguardado para los líderes de un clan, el futuro Pepe Argento a principios de los 90 cerraba cada programa con el mismo eslogan: “Lo primero es la familia”. Los Benvenuto, entre el 89 y el 95, la rompían toda los domingos al mediodía: los picos de rating llegaban a los 30 puntos. Era un éxito rotundo que mostraba cómo la sinergia entre la parentela siempre permitía solucionar contingencias cotidianas.
Lionel Messi también bate marcas. Unas cuántas. Pero a diferencia de la fórmula de la Coca Cola que está atesorada en Atlanta, la sede de los octavos de final del Mundial, el secreto de su éxito personal es público. Como Guille, la familia es ese sostén que Leo tiene para energizarse, su leit motiv. Su compañera y esposa, Antonela Roccuzzo. Sus hijos Thiago, Ciro y Mateo. Su vida misma. Con la que se reencontró en su segundo hogar, Miami, antes de embarcar rumbo a Georgia, en el marco de un family day que es parte de la rutina y de la idiosincrasia de la Selección.
Desde la llegada de Lionel Scaloni, la cercanía de las familias es fundamental para que los jugadores de la Argentina se sientan arropados en plena competencia por los suyos. Aquellos que conocen el detrás de escena, la persona detrás de las superestrellas. Anto ha convivido con eso desde la génesis de la carrera de Leo y sabe de la importancia de estar junto al capitán.
Ese amor que le ha demostrado luego de batir récords durante este mismo torneo, ese “te amamos” que corresponde con el brillo de su mirada desde el palco, volvió a aparecer en el posteo que este domingo partió de su cuenta de Instagram: la foto del mejor del mundo junto a ella y a sus tres hijos en la terraza del Dal Mar Hotel de Fort Lauderdale. A apenas unas millas de la casa en la que transitan el día a día.
Messi, sonriente, posa en ese JPG que ganó likes de a miles en pocos minutos. Señal de lo que representa en los Estados Unidos, allí donde hay hasta libros que explican cómo ha cambiado la cabeza de los fans. Lionel Andrés le presentó el fútbol al soccer de los Estados Unidos. Esa tierra en la que lo han reverenciado ya en Kansas City, en Dallas, en La Florida y -se sueña- se repita en el hogar del Atlanta United.
Una postal repetida y que es tradición
El valor de la familia, sin embargo, trascendió a Leo. Porque Lisandro Martínez, por ejemplo, compartió unos momentos con Muriel López, su pareja, junto a Aurora, de un añito y cuatro meses. La postal fue emotiva: todos ellos reunidos, disfrutando. Alexis Mac Allister también estuvo junto a su viejo, Carlos, además de sus seres queridos más cercanos. Nico Tagliafico también metió pileta antes de reunirse con los suyos en una cena italiana.
Todos ellos se mostraron. Otros buscaron dejar el recuerdo en la intimidad de las carpetas de fotos de sus smartphones. Aunque el valor simbólico es el mismo: es compartir, sentirse en casa aun estando lejos del hogar. De hecho, la buena onda entre las familias es tal que algunas parejas de los jugadores cenaron juntas en Miami. Y las combis en las que viajan los compinches de los futbolistas, con o sin lazo sanguíneo, son una fiesta de gritos en conjunto.
Esa cohesión entre todos es uno de los pilares de un equipo y un grupo que desea seguir haciendo historia.




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