En 13 minutos y 15 segundos. Aura. Mística. El campeón del mundo. Así dio vuelta este partidazo contra Egipto la Selección Argentina, con un sufrimiento terrible y un drama increíble. Porque parecía que estaba todo perdido con ese 0-2, pero apareció la fuerza de un equipo al que nunca hay que dar por muerto, ni siquiera cuando parece que le están haciendo la cuenta en el piso.
13 minutos y 15 segundos
A los 33:40 fue el primer síntoma de que podía iniciarse el milagro: de tanto ir y mover el árbol, al final caía el fruto. Messi se tiró a la derecha para intentar salir del caos del medio, enganchó y le puso casi como con la mano un centro a Cuti Romero para poner el descuento. Ese cabezazo del central, habilitado por poco, finalmente pudo vencer la resistencia del enorme arquero egipcio.
Cuando el reloj marcó los 38’ clavados del segundo tiempo, el 10 volvió a frotar la lámpara en Atlanta. Una vez más tirado a la derecha, tiró un nuevo centro, que esta vez tuvo un desvío que resultó clave: Cuti la fue a buscar, Lautaro Martínez la metió casi de tijera al área chica y Montiel, que había quedado de espaldas al arco al controlar, le dio un toque sutil a Leo para que definiera de manera inmejorable, matando el pique con un enorme remate.
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Y a los 46:55, ya casi finalizando el segundo minuto del tiempo de descuento, el milagro. Recuperación top de Julián Álvarez en área propia, cambio de frente genial para Lautaro Martínez y un centro pasado que Enzo Fernández cabeceó de manera épica al segundo palo. La pelota entró de a poquito, suave, pero estaba todo hecho: agarró a contrapierna al arquero.

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