Alguien más ya está hecho?”. El movilizador cuestionamiento del hincha en la publicidad de TyC Sports, que interpeló la dimensión del conformismo del tablón cuando la gesta de la tercera estrella todavía sigue latente, marcó la temperatura ambiente. Nadie está hecho, quedó demostrado, y el mundo supo -con creces- de qué estamos hechos.
Y aunque todos daríamos lo que no tenemos por la cuarta, por una final contra la España que hace un culto de la posesión y -antes que todo- por ganarles a los ingleses, es un buen momento para subrayar que, sea cual fuere el resultado en el partido del morbo, ningún estado de ánimo posterior, euforia desbordante o decepción acuciante, debería perturbar el juicio y hacer que se naturalice lo excepcional.
Que Argentina haya llegado a una semifinal de un torneo de selecciones por quinta vez en este memorable ciclo es un motivo suficiente para celebrar a este equipo de época, la mejor Selección de todos los tiempos. ¿Acaso eso denota conformismo? En absoluto: a esta altura, ningún resultado podrá eclipsar la extraordinaria rutina a la que nos acostumbró, y con la que nos volvió a ilusionar, la ahora rebautizada Infartoneta.
Haber festejado la llegada a este séptimo partido no solo es una buen señal, como resaltó el padre de la criatura: también es un indicio de madurez futbolística por parte de un público, el argentino, tan amante de los éxitos como repleto de gratitud porque el fútbol le pagó a Messi lo que le debía. Pero que no se entienda como un réquiem anticipado del campeón: por más que a las Ferraris se les hayan empastado las bujías, que De Paul, Enzo y Alexis hoy no hagan fium, fium, fium como en Qatar, que en el torneo de los mediocampistas según Scaloni paradójicamente su equipo tenga flechita para abajo a varios de los volantes, la confianza está intacta.
Ganarle a esta durísima Inglaterra de Tuchel no es una utopía. Solo será necesario sumarle una porción mayor de fútbol a ese derroche de corazón que contra Cabo Verde, Egipto y Suiza emocionó hasta al más inmutable.
Por eso, que el mundo del fútbol no se precipite. Y que nadie se asombre si Argentina, conjunto de autor, le suma más éxito a su éxito.





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