“Ve y sácate una foto con él”. Miguel Olmo tuvo que insistirle a Dani, que estaba entretenido con la pelota, para que su hijo se acercara a tomarse una fotografía con Lionel Andrés Messi. El pibe de 8 años y el de 20, que ya era una promesa en el Barcelona que empezaba a cumplirse. Pelo largo, sin barba, la misma mirada que todavía sonríe. En la grada de Castelldefels estaba esa estrella argentina nacida en Rosario que había pasado sus últimos años en Cataluña. A regañadientes, Olmo Jr se acercó y se sacó esa foto. Sin saber que casi dos décadas después estarían cara a cara en una final de una Copa del Mundo.
“Estaba jugando solo con la pelota contra una pared cuando mi padre me dijo: ‘Ve y sácate una foto con él’ Pero yo quería seguir jugando. Se nota por mi cara que no estaba muy contento con eso”, contó el volante español de 28 años. “ Menos mal que me obligaron: ahora esa foto está enmarcada”, le da la derecha a Miguel. Lejos de la bronca que tuvo por tener que cortar su picadito, ahora sabe que aquella recomendación tenía sentido.
Porque Dani Olmo creció con la leyenda de Leo en La Masía. Viéndolo descoserla con Pep Guardiola. Levantar Orejonas, de las que desea toda Europa. Ganar títulos. Golear al Real Madrid. Batir marcas. Y criado con ese mito viviente, con tránsitos por el exterior -Dinamo Zagreb y Leipzig entre 2014 y 2024– fue forjando una idolatría que todavía perdura. Que lo ha llevado a pegar un estirón, inspirado en parte a lo que hacía aquel diez bajito del Barsa.
Dos asistencias en este Mundial, de hecho, le permitieron llegar a ocho en la historia de la selección española en los torneos top (suma tres en Copas del Mundo, otras cinco en la Euro). Números que hacen match, en menor medida pero con hándicap para seguir creciendo, con los de ese Messi al que se enfrentará por primera vez en una cancha de fútbol.
España deberá cuidarse de aquel nenito de la foto. De ese pibe que a los 8 no quería sacarse una foto con Messi y que ahora lo disfruta. Al menos hasta que se pite el inicio de la final. Olmo tiene alta peligrosidad: ya les ha marcado a Brasil en el Santiago Bernabéu, a Francia en la Euro, también a Alemania e incluso a Italia. Todos campeones del mundo. Sin contar el gol que salvó en la línea en la final de la Eurocopa que valió casi como otro gol.
Lionel Scaloni deberá atender a este potencial killer. Que quiere tener la camiseta de Leo como reliquia. Que quiere levantar el segundo título de la historia de España en los Mundiales. Deseos que se entrelazan después de tantos años. Mirando para atrás, Olmo podrá recordar como chanza que aquella foto que no quiso sacarse, y que ahora quiere atesorar junto a una camiseta y un trofeo.





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