Hablar de Belgrano y Regatas es hablar de una de las rivalidades más importantes del básquet argentino. El primer enfrentamiento oficial entre ambos fuera del torneo local se remonta a la Liga «B» de 1990 y, desde entonces, protagonizaron más de 60 cruces en competencias organizadas por CAB, incluyendo La Liga Nacional, La Liga Argentina (ex TNA), La Liga Federal y distintos certámenes provinciales.
Esta vez, el destino volvió a cruzarlos en los Octavos de Final de la tercera categoría. Belgrano golpeó primero como visitante el domingo 12 de julio, mientras Regatas respondió una semana más tarde con dos victorias consecutivas fuera de casa para avanzar a Cuartos. Las tribunas tuvieron el color que caracteriza a este clásico, pero convivió con un clima de respeto que permitió que el espectáculo deportivo fuera el único protagonista de la serie, sin que la violencia ocupara un lugar en la escena.
Detrás hubo un trabajo conjunto entre ambas instituciones, impulsado por dirigentes, colaboradores, organismos de seguridad y todos los actores involucrados en la organización de la serie. Un esfuerzo compartido que terminó trasladándose a las tribunas y permitió desarrollar tres jornadas a la altura de la historia que representa este clásico.
Jorge Garavaglia, dirigente del básquet de Belgrano, explicó que el primer paso para alcanzar ese objetivo fue el diálogo entre ambas instituciones. «El punto de partida es la voluntad política e institucional. Con un buen canal de diálogo entre ambos presidentes y dirigentes de los clubes. Manifestamos mediante la firma de una nota el acuerdo de disputar los partidos sin parcialidades visitantes.»
Desde Regatas, el dirigente Gerónimo Podestá manifestó que esa primera decisión fue sin dudas acertada. Asimismo, resaltó la planificación realizada junto a los organismos de seguridad. «Desde nuestro lado veníamos trabajando fuertemente en la parte de seguridad, con empresas privadas, la Policía y personas especializadas de nuestra comisión. Trabajamos en conjunto con el jefe del operativo, los comisionados técnicos hicieron un gran trabajo y aplicamos todo lo necesario para que las cosas salgan bien.»
Garavaglia destacó también el trabajo conjunto con las fuerzas de seguridad y el aporte realizado desde cada institución. «Es fundamental confiar y respetar el trabajo de las fuerzas policiales, que cuentan con la experiencia y capacidad técnica para definir los dispositivos de seguridad más adecuados. Como dirigentes también aportamos el conocimiento más profundo de nuestra gente y nuestro club, reforzando con un esquema de seguridad privada que complemente el operativo oficial.»
El directivo de Belgrano valoró además el comportamiento de los simpatizantes y el trabajo interno realizado por el club. » Agradecemos el buen comportamiento de nuestros socios e hinchas, que acompañaron masivamente los dos partidos como locales. Trabajamos para que el clásico sea una fiesta de la ciudad, promocionando el básquet y el deporte, con el fin de masificar la disciplina y que todos entendamos que se trata de un partido de básquet.»
Podestá, por su parte, remarcó el compromiso de la comunidad nicoleña para acompañar el cambio de paradigma. «Después de todo lo que nos pasó, con la antigua desafiliación incluida, la gente entendió que debíamos cambiar. Tanto los accesos como las salidas fueron en paz, a pesar del ambiente de cancha. Todo salió de acuerdo a lo estipulado.»
Para finalizar, Garavaglia afirmó: «Es indispensable desarrollar una campaña de concientización y transmitir un mensaje claro a jugadores, familias, socios e hinchas, promoviendo el respeto y entendiendo que, por encima de todo, se trata de un juego. Es un desafío que los clubes debemos asumir con responsabilidad para contribuir a un deporte más seguro y a una mejor convivencia.»
La serie entre Belgrano y Regatas dejó un mensaje que trasciende la competencia. Rivalidades como esta son fundamentales para el crecimiento del básquet argentino: enfrentamientos con historia, identidad y una enorme convocatoria, vividos con la intensidad que merecen, pero también con el respeto que exige el deporte.






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