Detrás de la Scaloneta, del subcampeonato, del reencuentro que se dará en septiembre, de qué pasará con el capitán Messi y con Lionel Scaloni, se debe empezar a programar el futuro inmediato de la Selección. Una Selección que tendrá una renovación pero para que esa renovación se haga efectiva hace falta que las jóvenes promesas se conviertan en realidad, para generar la famosa competencia interna que pregona cualquier técnico.
Y mientras se habla de los millones de dólares de las ventas de Molina, Rulli, Almada, y las que pueden darse de Cuti Romero, Julián Álvarez y Enzo Fernández, hay otra camada importante que también se está moviendo para encontrar el lugar indicado para meterle presión al entrenador de la Selección.
El mejor ejemplo es Franco Mastantuono. Se fue de River en julio de 2005, cuando recién había debutado en la Mayor. En esos momentos, cuando hasta había usado la 10, pagaba dos pesos que estaría en la lista del Mundial. Pero le costó el Real Madrid porque aún le faltaba un tiempo más para dar ese salto tan grande y, encima, una pubalgia traicionera lo dejó afuera dos meses, en un momento en el que el Merengue estaba en crisis. A los 18 años, ahora va a Fiorentina para tratar de relanzar su carrera en Europa, para hacer la gran Nico Paz, quien se fue de la Casa Blanca a buscar continuidad al Como, y esa movida lo llevo a la Copa del Mundo 2026.
El ejemplo de Mastan se repite en otros jugadores de la misma generación. Dar, teóricamente, un paso atrás para que sean dos para adelante. Así está el Diablito Echeverri, quien no hizo pie en el Viejo Continente en los 18 meses que lleva, tratando de que Maresca, nuevo DT del City, lo tenga en cuenta. Lo mismo que Alejandro Garnacho, que dejó Chelsea para buscar más minutos en el Aston Villa, y Facundo Buonanotte, quien partió de la Premier para tratar de destacarse en el Elche de España.




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