🎥 TC2000 | Morillo llega a El Zonda buscando seguir metido en la pelea
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El Dr. Helmut Marko ha asumido un nuevo papel como embajador del Red Bull Ring, sede del Gran Premio de Austria, que tendrá lugar del 26 al 28 de junio de 2026.
El hombre de 82 años dejó su puesto como asesor de automovilismo y líder del equipo júnior de Red Bull a finales de 2025. Hablando durante un evento en Viena el jueves, Marko confirmó su nuevo cargo a la publicación austríaca OE24.
Marko trabajó como asesor de Red Bull desde que la escudería se unió a la parrilla de Fórmula 1 en 2005 y supervisó el Red Bull Junior Team desde su fundación como programa de desarrollo de pilotos en 2001. Fue fundamental en el desarrollo de los cuatro veces campeones Sebastian Vettel y Max Verstappen y de otros pilotos, incluidos Daniel Ricciardo, Carlos Sainz y Pierre Gasly.
«Tuvimos una temporada difícil este año», dijo Marko tras confirmar su retiro en 2025. «Fue particularmente accidentada en el medio. Estábamos 104 puntos detrás en Países Bajos. Luego comenzamos una remontada que fue ciertamente única. Pero desafortunadamente, no funcionó en la última carrera. Perdimos el campeonato por dos puntos.
«Aunque esta remontada fue única, siguió siendo una decepción muy amarga. Nos golpeó particularmente duro. Incluso después de la carrera, sentí que se había perdido algo.
Helmut Marko, Red Bull Racing
Photo by: Peter Fox / Getty Images
«Luego me quedé en Dubái el lunes. Fue entonces cuando tomé mi decisión. Incluso si hubiéramos ganado, habría sido una buena razón para dejar este trabajo. Pero ahora, en retrospectiva, porque perdimos, también es un buen momento.»
El equipo de Milton Keynes se enfrenta ahora a una temporada complicada, ya que tiene dificultades con el cambio reglamentario de 2026. Actualmente ocupa el sexto lugar en la clasificación de constructores tras las tres primeras rondas del año. Verstappen es actualmente noveno en la clasificación de pilotos con 12 puntos y su nuevo compañero de equipo Isack Hadjar es 12º con cuatro puntos.

El inicio de Red Bull con el nuevo reglamento de Formula 1 ha sido de todo menos alentador.
Internamente, ya estaba claro que el proyecto podía tener un comienzo accidentado; al fin y al cabo, es la primera vez en la historia del equipo que construye su propio motor, pero la magnitud de las dificultades actuales probablemente ha tomado a muchos por sorpresa.
Con solo 16 puntos en los tres primeros fines de semana de carrera, el equipo ocupa actualmente apenas la sexta posición en el campeonato de constructores. En términos de rendimiento puro, Red Bull ha caído claramente al mediocampo: de media, está actualmente a 0.97 segundos del ritmo en clasificación, y hasta 1.26 segundos por vuelta detrás de Mercedes en ritmo de carrera.
Packing order season average
Photo by: Kevin Hermann
Esto sitúa a Red Bull en una batalla directa con Alpine y Haas por la parte alta del mediocampo. La diferencia con el siguiente mejor equipo, McLaren, es de alrededor de cuatro décimas, tanto en clasificación como en carrera. Esto convierte al RB22 en el Red Bull más lento en 11 años.
El equipo cargado de éxitos no solo dominó la era del efecto suelo de 2022 a 2025, sino que en la práctica ha sido un equipo puntero desde 2009.
Su último gran revés se remonta a 2015, cuando Daniel Ricciardo y Daniil Kvyat pilotaban para Red Bull. En ese momento, el equipo estaba por detrás de los líderes por una media de 1.18 segundos en clasificación. La referencia, igual que hoy, era Mercedes, entonces en la segunda temporada de la era híbrida.
Daniil Kvyat al volante del Red Bull Racing RB11 en 2015
Photo by: Red Bull Content Pool
Curiosamente, Red Bull estuvo en realidad más cerca en la primera temporada híbrida en 2014. Entonces, la desventaja frente a Mercedes promedió 0.83 segundos por vuelta, lo que aun así bastó para convertirlo en la clara segunda fuerza de la parrilla.
Un vistazo al pasado ilustra cuánto puede tardar la recuperación de Red Bull: tras la introducción de la era híbrida en 2014, el equipo tardó siete temporadas completas en volver a emerger como una fuerza dominante.
No fue hasta 2019 cuando Red Bull logró reducir la diferencia en clasificación con Mercedes a menos de medio segundo. Estos paralelismos históricos sugieren que un regreso a la cabeza difícilmente será un proyecto a corto plazo.
Red bull qualifying pace gap to the lead
Photo by: Kevin Hermann
Dicho esto, las situaciones no son del todo comparables. El cambio de reglamento de motores de 2013 a 2014 fue significativamente más drástico que el cambio actual de 2025 a 2026. Además, Red Bull estaba vinculada a Renault en los primeros años híbridos, mientras que hoy tiene pleno control sobre su unidad de potencia a través de Red Bull Powertrains.
De hecho, mucho sugiere que el motor no es en absoluto el problema principal. En todos los circuitos hasta ahora —Australia, China y Japón— la velocidad punta ha sido competitiva e incluso superior al nivel de Ferrari. En cambio, la pérdida de tiempo se produce principalmente en las curvas. Esto fue especialmente evidente en el segundo sector en China y en las Eses de alta velocidad en Japón.
Una comparación con el equipo hermano Racing Bulls también es reveladora: a pesar de usar el mismo motor, los dos equipos logran sus tiempos por vuelta de maneras muy diferentes. Mientras el equipo oficial se sitúa entre los líderes en velocidad punta, Racing Bulls está en el mediocampo en este aspecto.
Esto apunta a una falta general de carga aerodinámica en el RB22 y a un concepto de coche demasiado orientado a la baja resistencia. Es una filosofía que Red Bull ya siguió al comienzo de la era híbrida en un intento de compensar la falta de potencia del motor Renault.
En última instancia, la conclusión sigue siendo la misma: el camino de vuelta a la cabeza llevará tiempo para Red Bull. Quizá no tanto como al comienzo de la era híbrida, pero una vez más, deben resolverse problemas fundamentales antes de que puedan esperarse victorias de forma realista.

«¿A dónde me trajeron, hijos de puta?». En abril de 1994, a dos meses del Mundial de aquel año en los Estados Unidos, Diego Maradona se encontraba sin club y en un complicado momento personal. La chance de jugar su última Copa del Mundo con la Selección parecía poco menos que una quimera. Pero el Diez tomó una decisión que lo cambió todo: se aisló durante una semana en un campo en La Pampa, donde batalló contra la abstinencia y logró ponerse a punto para su Last Dance albiceleste.
Diego había vuelto a la Argentina en 1993 para jugar en Newell’s, un paso que duró apenas cinco partidos y terminó precipitadamente a inicios de 1994. A eso le siguió el turbulento episodio de los balines contra los periodistas que le hacían marca personal en su quinta de Moreno. Y mientras la Selección del Coco Basile, que incluso con la vuelta de Maradona venía de penar contra Australia en el Repechaje para clasificar al Mundial, empezaba con su preparación, DAM era noticia por lo que hacía fuera de las canchas.
Campeón del mundo en el 86 y finalista cuatro años más tarde en Italia, Diego abrigaba el sueño de defender una vez más la camiseta de la Selección. Llevaba un par de meses sin actividad -su último encuentro había sido un amistoso en enero- y, aun con la magia intacta, estaba muy lejos en lo físico. Fue allí que surgió la chance de ir a La Pampa, para intentar torcerle la mano al destino.

Tras el controvertido episodio de los balines, en febrero del 94 Diego se fue de vacaciones al balneario Oriente, ubicado en Coronel Dorrego, donde ya había veraneado en otras ocasiones. Allí, rodeado de familia y algunos amigos, conoció a Ángel Rosa, dueño de la estancia «El Marito» (ubicada a unos 60km de Santa Rosa), quien le dejó una invitación abierta a la provincia por si en algún momento quería ir allí a descansar o incluso a cazar. Nunca se imaginó que el convite, casi una formalidad en ese entonces, terminaría siendo clave en una de las últimas reinvenciones de Maradona.
Fuera de estado y sin roce futbolístico, previa charla con Basile, Diego toma la decisión de hacer el intento de llegar al Mundial. Para cualquier otro hubiera sido impensado, pero Maradona no era cualquiera. Barajan tres opciones y terminan decantando por el campo en La Pampa, un lugar que no conocían pero que, por las distancias, les iba a impedir acercarse a los periodistas: la tranquera estaba a unos 200 metros de la casa.

Su llegada a Santa Rosa convocó a cientos de pampeanos que fueron a recibir a la gran celebridad pero, en los días siguientes, estaría acompañado por unos pocos. Con él viajaron Fernando Signorini, su histórico preparador físico; Don Diego, su papá; el doctor Néstor Lentini, Marcos Franchi, su representante; algunos amigos y, en los últimos días, se sumaron Claudia y sus dos hijas. Hasta pasó a visitarlo Coco Basile, una motivación especial.
«Yo en principio lo desalenté, le dije que ya estaba coronado, que ‘aumentaste mucho de peso’, que el problema de la adicción, pero me convenció con eso de que quería jugar porque era la primera vez que las hijas lo iban a ver en un Mundial», rememora con el profe Signorini, protagonista privilegiado y obligatorio de aquellos días en La Pampa.
Los días de Diego en La Pampa transcurrieron en una casa humilde, sin los lujos a los que estaba acostumbrado el mejor jugador del planeta. Leía el diario, escuchaba la radio y despertaba a todos por las mañanas al ritmo de «Vení Raquel», de los Auténticos Decadentes. La única televisión de la estancia era en blanco y negro, y sintonizaba un solo canal.
Fue ese el efecto que buscaba Signorini: «Le dije, ‘para llegar de nuevo tenés que salir de un lugar parecido, nada de lujo, de opulencia: intimidad’. Un lugar parecido a Fiorito, en contacto con la naturaleza. El día que llegó se acordó de mi mamá y de toda mi familia, ja, pero al otro día ya estaba encantado de estar ahí».
En la vastedad pampeana, este superhombre que vivía a mil kilómetros por hora pudo por fin bajase un rato del auto. Conectar no solo con el medio ambiente, sino también con su padre y su infancia. Por eso se afeitaba al sol, orgulloso, «como mi viejo en Fiorito».
Entre el 10 y el 17 de abril de 1994, Maradona se sometió a un exigente entrenamiento que incluyó jornadas de hasta tres turnos. Por la mañana, el campo era su escenario. Trote por caminos de ripio, estaciones de trabajo improvisadas con ramas y árboles, estiramiento contra una tranquera, fuerza con un serrucho y picados improvisados con baqueanos de la zona.
Por la tarde, después del almuerzo a cargo de Don Diego, se trasladaba en auto a Santa Rosa para complementar el entrenamiento. Cinta, boxeo en el gimnasio Petit Luna Park, donde guanteó con el excampeón argentino Miguel Ángel Campanino, y natación en la pileta cubierta del club All Boys. Las imágenes cinematográficas que retratan aquellos días hacen recordar la mítica preparación de Rocky Balboa en sus películas.
«La idea era ocupar mucho tiempo en el día, sabía que él podía padecer el síndrome de abstinencia, había dejado todo en Buenos Aires para poder llegar a cumplir el compromiso del Mundial», agrega Signorini, 32 años después de aquel abril.
Es que, más allá de alejarse del ruido mediático, instalarse en aquel campo lo obligó a Maradona a tomar distancia de la noche y las tentaciones que lo rodeaban. Hasta que una madrugada, el tan temido episodio sucedió. «Cerca de medianoche, Diego apareció en mi pieza y me hizo una seña que entendí rápido. Salimos a correr, había una luna llena que iluminaba el campo y un frío bajo cero. Corrimos casi hasta el colapso, hasta que en un momento resopló y dijo: ‘Ya está’. Fue la única vez».
Este prodigio físico que tantas veces dio ventajas, logró transformarse una vez más durante aquel retiro en La Pampa. Según el propio Signorini, bajó cerca de 14 kilos, y logró ponerse a tono en tiempo récord, como si nunca hubiera parado. Tres días después, el 20/4/94, volvió a ponerse la camiseta de la Selección en un amistoso contra Marruecos que se jugó en Salta, como despedida previa al Mundial. Fue victoria 3-1, con gol y asistencia de Diego. El último que gritó en el país con la celeste y blanca.
«Elijo esos diez días, de todos lo que pasé con Diego. Fue un momento muy especial, más que los mundiales. El hermoso desafío de escalar esa montaña tan alta, con su talento pero también con su amor propio y resiliencia para pasar por el dolor y permanecer en él», detalla un Signorini ya ganado por la emoción.

Y remata: «Un fenómeno así es como un Messi, tipos que son inexplicables. Escucho que hay muchos que quieren explicarlo, no se puede. No son atletas que juegan, son artistas. El campo de juego es su escenario».
El paso de Maradona por La Pampa dejó huella en sus lugares y en su gente. Entre varios, se la dejó a Diego dal Santo, historiador del Diez y autor del libro «Maradona en La Pampa» (Ed. Fútbol Contado), que en 2005 abogó por la calle que hoy lleva su nombre en Santa Rosa -«D. A. Maradona»- pero que todavía reclama un homenaje más explícito para recordar aquellos días.

«Se podría hacer algo para recordar la venida de Diego, que no es un hecho habitual, es como si hoy, abril del 2026, Messi hubiese venido a La Pampa a ponerse a punto para el Mundial. No es algo normal», cuenta Dal Santo. Hace algunos años se habló de armar un circuito maradoniano en la ciudad, pero después quedó en la nada.

«Otras provincias o localidades recuerdan todos los años cuando allí estuvo Diego, pero en La Pampa no. Se podría recordar, poner placas en algunos lugares como la pileta del Club All Boys o en las páginas web oficiales del Gobierno», insiste Dal Santo.

La humilde casa donde ocurrió la magia, 32 años más tarde, hoy está prácticamente igual: «Si vos vas hoy y ves las imágenes de Maradona en aquella época, parece suspendida en el tiempo, parece que Diego hubiese venido ayer».

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Las tablas tan temidas. Las que nadie quiere ver ni sufrir. Una es la de promedios. Otra la anual, en este caso el fondo. Es que dos equipos de los actuales 30 perderán la categoría una vez que finalice la etapa regular del próximo Clausura. Esto, por supuesto, si es que la AFA respeta el reglamento con el que se inició la competición (en 2023 y 2024 hubo anulación de descensos).
Vale recordar: se tomarán en cuenta los 16 partidos de la fase de grupos del Apertura y los 16 del Clausura para la confección de la tabla anual (la misma que se usa para la clasificación a las copas y para determinar al campeón del año) y para los promedios (se dividen los puntos cosechados en 2024, 2025 y 2026 por la cantidad de partidos jugados; algunos equipos dividen por menos encuentros).
En caso de que un mismo equipo finalice en la última ubicación tanto en la tabla anual como en la de promedios, descenderá el anteúltimo de la tabla anual.
Todo esto, por supuesto, siempre y cuando la AFA respete el reglamento, a diferencia de lo que ocurrió en 2023 y 2024, cuando anuló las pérdidas de categoría en plena competencia…
Hoy por hoy, el que ocupa el último lugar de la tabla de promedios es el recién ascendido Estudiantes de Río Cuarto, con 0.416.
En la anual, el último es Estudiantes RC con apenas cinco puntos, pero como también está 30° en los promedios, debería bajar en este caso el anteúltimo: Aldosivi, con seis unidades, por ahora sería el que sufre el segundo descenso.


Arrancó una nueva fecha del Torneo Apertura, la 14°, y clave en la recta final rumbo a los playoffs y muy especial por que se juegan varios clásicos. En el único partido del viernes, Belgrano se recuperó de la derrota frente a River y venció 1-0 a Aldosivi en Córdoba.
Belgrano 1 – Aldosivi 0 (Zona B)