🎥 🔴 EN VIVO | Carburando Radio – Martes (24/03/2026)
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Revive toda la acción de los 5 juegos del domingo 22 de marzo en Jornada NBA, donde Nikola Jokić lideró a los Nuggets en la …

Dante Pagani, una de las expresiones más luminosas de la nueva generación del tenis argentino, se consagró campeón del Banana Bowl en Brasil, uno de los torneos más importantes del circuito junior.
Tras la coronación en suelo brasileño, el juvenil de 17 años dialogó con Infobae y dejó definiciones que reflejan tanto su ambición como su madurez. “Lo más importante es evolucionar día a día: los resultados llegan como consecuencia”, aseguró, y fue más allá: “El ranking, para mí, es apenas un número. Claro que es lindo verse lo más arriba posible”.
El título, correspondiente a la categoría J500 -segundo escalón en importancia dentro del circuito junior, solo por detrás de los Grand Slams-, le permitió escalar 12 posiciones y meterse entre los 15 mejores del mundo en el ranking ITF Sub-18, consolidando su crecimiento sostenido.
Su camino hacia la consagración en Gaspar -al sur de Brasil– no fue sencillo. En el debut, debió sobreponerse a un duro encuentro ante el venezolano Ignacio de Armas, en el que incluso salvó un match point. Luego encadenó victorias frente al paraguayo Álvaro Ariel Frutos Alonso, el estadounidense Jack Secord, el peruano Nicolás Baena y, en la final, el puertorriqueño Yannik Álvarez.
“La semana fue de menos a más. En el primer partido tuve que luchar muchísimo: estuve match point abajo y lo saqué con mucha garra. Desde ahí me solté y pude rendir a gran nivel ante rivales muy duros”, explicó.
La consagración también tiene un fuerte valor simbólico. Pagani se convirtió en el primer argentino en ganar el Banana Bowl desde Thiago Tirante, quien lo había logrado en 2019. “Es un torneo con mucha historia, el más importante de Sudamérica por su magnitud. Lo han ganado jugadores que hoy están en la élite y eso me llena de orgullo. No significa nada definitivo, pero indica que vamos por buen camino con mi equipo”, señaló.
En las últimas ediciones, el certamen reunió a figuras que luego se consolidaron en el circuito profesional, como Sebastián Báez, el brasileño Joao Fonseca, el chino Shang Juncheng y el estadounidense Nishesh Basavareddy.
Lejos de conformarse, el argentino ya proyecta sus próximos objetivos. Tras alternar entre torneos junior y profesionales en el inicio de la temporada, tiene una meta clara para la segunda mitad del año: “Quiero ganar un Grand Slam junior. Voy a enfocarme en eso”, aseguró.
Nacido en 2008, Pagani aparece como una de las principales apuestas del tenis argentino en la rama masculina. Con 1,85 de estatura, construye su juego desde la agresividad: su derecha es su principal arma y su revés a dos manos acompaña con solidez. “Me gusta dominar, ir hacia adelante y tomar la iniciativa”, explicó en otras oportunidades, donde también mencionó como referentes a Juan Martín del Potro y Roger Federer.
Mientras continúa su crecimiento en el circuito juvenil, también empieza a dar sus primeros pasos en el profesionalismo. En noviembre pasado conquistó su primer título ITF en el M15 de Olavarría, una señal clara de su proyección.
Actualmente, combina su desarrollo con un equipo de alto nivel. Trabaja bajo la órbita de Kevin Konfederak -ex entrenador de Francisco Cerúndolo y actual coach de Cameron Norrie-, además del acompañamiento cercano de su padre, Leo, y la academia TennisMax.
Durante parte del año, también entrena en Barcelona, en el Tennis Empowerment Center (TEC), uno de los centros de formación más reconocidos del circuito. “Es una ayuda enorme para mí”, concluyó.
Con el título en el Banana Bowl y un crecimiento sostenido, Pagani empieza a escribir, paso a paso, su propia historia.

Hacía frío, mucho frío, aquella noche del jueves 29 de junio del 2004. Como mucho 500 personas había en el estadio de Argentinos para el ya mítico Argentina-Paraguay que blindó a (por entonces) un tal Messi: cinco pesos costaba la popular y 10 pesos ó 3,44 dólares la platea (según el libro «Messi, el genio completo» de Ariel Senosiain).
Entre 20 y 24 grados, con probabilidades de lluvia durante la jornada, anuncian para este viernes en la Ciudad de Buenos Aires. Seguramente explotará la Bombonera para ver a la leyenda: entre 90.000 (la popular) y 490.000 pesos ó 347 dólares (la preferencial) tendrán que increíblemente pagar los que quieran ser testigos de un probable Last Dance de Messi en su tierra.
Alguien así no se merece rivales de este calibre (ni los hinchas precios semejantes), pero es parte de los interminables contrastes que Messi vivió desde que hace 7.943 días usó por primera vez la albiceleste con el escudo de la AFA. Contrastes propios de un fútbol y de un país en el que no existen los grises. Se lo maltrató y padeció tanto que llegó a renunciar a la camiseta que se quiso poner siempre. Se transformó en ícono cuando se lo dejó de «arropar» con palabras y gestos vacíos y se lo hizo con hechos y un equipo con todas las letras como el que formó Scaloni.
No pudo ser con Mascherano al lado y sí con Enzo Fernández y Mac Allister. No fue con Lavezzi y sí con De Paul. Fue con Di María. Ojalá vuelva a serlo, ahora con Nico Paz… Siempre vale la pena ver a Messi más allá de que enfrente estén Mauritania o Zambia. El Mundial 2026 golpea las puertas y el mundo en guerra espera una obviedad deportiva: la presencia de su majestad para defender el título, algo que no quiere hacer por llamarse como se llame sino que necesita sentirse pleno. Sentirse Messi.


Por el partido de ida de las semifinales, el equipo concordiense se trajo un resultado importantísimo de tierras crespenses.
Tomás González abrió la cuenta para los de la «ribera» en la primera parte y en el complemento vino la ráfaga de goles. Luca Meza, Mateo Rodríguez y Tomás Cáceres convirtieron los otros tantos de Nebel que quedó con un pie y medio en la final.
La vuelta se jugará el próximo fin de semana en el Nuevo Templo mientras que la otra semifinal de ida, entre 1ro de Mayo y Caballú de La Paz, se disputará este martes en Chajarí.

Dock Sud tenía una imperiosa necesidad de llevarse los tres puntos contra Villa San Carlos para no empezar a mirar de cercalos puestos rojos desde principio de año. Y se sacó la mala leche en este encuentro: le ganó 2-0 al Celeste y sacó, un poquito, la cabeza para respirar.
Es que el Docke transitaba una racha pésima. No veía la victoria desde hacía 14 partidos. La última vez que los de Zona Sur se habían llevado los tres puntos había sido en agosto del 2025, cuando vencieron a Excursionistas. Y con goles de Otero y de Gómez, el Inundado volvió a festejar después de un largo rato
La CD había destituido al técnico Jesús Díaz en la antesala de esta fecha para volantear y encarrilar al equipo. Silvio Gutiérrez se hizo cargo y tomó las riendas del equipo, logrando lo que no nadie en el Darsenero lograba hace mucho tiempo y que parece hasta irónico: ganar.
Comunicaciones y Liniers cerraban la fecha en Agronomía. Ninguno estaba sobrado de puntos, pero los cinco que había logrado el Cartero en la totalidad de los partidos invitaba a pensar que debía ser quien asuma las responsabilidades. Y así fue. El local se hizo fuerte en el Alfredo Ramos y se llevó un triunfazo por 2-0.
Con un Jermías Heidenreich estelar, Comu volvió a la victoria tras varias fechas. El equipo pudo abrir el marcador tras un error de la Topadora del Oeste en defensa. El nueve, que ingresó desde el banco, pescó la bocha con ese olfato goleador y la mandó a guardar. El segundo fue obra del mismo pie. El ex Cañuelas agarró la pelota de volea dentro del área y liquidó el partido.

Si la noche del domingo no pudo ser redonda por completo para Boca fue por la lesión de Agustín Marchesin. El dolor lo superó y a a los 37 minutos del ST lo sacó del encuentro y debió ser reemplazado por Leandro Brey. En una caída después de rechazar largo, el arquero sintió una molestia en el aductor de la pierna derecha y quedó tendido en el césped.
El cuerpo médico lo asistió rápidamente y enseguida Claudio Ubeda mandó al arquero suplente a realizar los ejercicios de calentamiento; y pese a que Marche intentó seguir -y de hecho lo hizo unos minutos- se esforzó tras un remate de Córdoba, se tiró al piso y pidió el cambio. Por eso ayer le hicieron estudios y esa es la razón de la preocupación que hay en el Xeneize.
A falta de los resultados y de la confirmación de la lesión, la alarma en Boca se encendió por la cercanía que hay con el debut en la Copa Libertadores el próximo martes 7 de abril en Chile contra la Universidad Católica. Y porque el primer parte extra oficial habla de un desgarro. Un diagnóstico que pondría en riesgo su presencia en el debut copero en Chile, ya que quedan solo 15 días.
El arquero chocó con Guerra, de Instituto. Video: ESPN
ESPN.
Sin embargo, la capacidad de recuperación que tiene el arquero de 38 años puede impedir que se lo descarte. Al menos en lo que respecta a su carácter, quienes más lo conocen cuentan que difícilmente se baja antes de tiempo por cuestiones físicas.
Así ocurrió en septiembre del año pasado cuando sufrió un desgarro grado 2 en Mar del Plata contra Aldosivi, y luego evolucionó tan rápido que incluso en ese entonces el CT analizó si usarlo contra Rosario Central, el partido que seguía en el calendario.
Finalmente, fue Brey quien terminó atajando ante el Canalla (el día que Di María le hizo el gol olímpico), mientras que Agustín volvió a la semana siguiente -21 días exactos después del desgarro- en un 2-2 ante Central Córdoba en la Bombonera.
La otra buena para Boca, para Ubeda y para Marchesin es este receso por la última doble Fecha FIFA antes del Mundial. Este tiempo vale oro para una posible recuperación del 1 que hasta donde jugó contra Instituto fue clave con sus atajadas para mantener la ventaja.
Es decir, el Xeneize recién volverá a jugar ahora contra Talleres en Córdoba, el principio el jueves 2 de abril en el Kempes. Ya después, sí, el plato fuerte: el debut en Chile en la Libertadores. El Sifón, mientras, sabe que cuenta con Brey llegado el caso. Pero las alarmas están encendidas. Alerta Marche…

En la previa de los amistosos contra Mauritania y Zambia, las últimas dos paradas de la Selección Argentina antes del Mundial 2026, la AFA presentó este lunes en sus redes sociales a su nuevo refuerzo para el staff de la Albiceleste: Leonardo Di Lorenzo, el nuevo encargado de la oficina de scouting nacional y ex futbolista de San Lorenzo. Estuvo acompañado en la foto por Claudio Tapia. Conocé su historia en .
Surgido en el Ciclón, el mediocampista debutó en el Cuervo el 11 de abril del 2000 contra Instituto. A partir de ese momento, el jugador categoría 1981 comenzó a tener rodaje de a poco en el Azulgrana, aunque nunca logró consolidarse en el 11 titular. Por eso, tras irse a préstamo a Atlético Rafaela, Di Lorenzo abandonó definitivamente al combinado de Boedo en 2005 luego de disputar 32 partidos, marcar un gol y ser campeón del Clausura de ese año, la Copa Mercosur 2001 y la Sudamericana 2022.
Tiki-Tiki se marchó gratis a Argentinos Juniors y posteriormente pasó por Ottawa Fury, Montreal Impact, Deportes Concepción, Universidad de Concepción, Acassuso y en 2013 arribó a Temperley; donde se convirtió en ídolo. En el Gasolero, el futbolista fue clave en el histórico ascenso a Primera División en 2014 y en su paso por el Cele anotó cuatro tantos y dio siete asistencias en 136 presentaciones. Además, el bonaerense fue capitán del equipo por varias temporadas, hasta que se retiró en 2021.
Fuera de la cancha, Di Lorenzo siempre se sintió un «bicho raro» en el mundo del fútbol. Encontró otra pasión en la lectura y nunca tuvo miedo de expresar sus pensamientos, sin importar si era o no lo más conveniente. «Tenemos que cambiarlo. Hoy te da positivo un control porque te fumaste un porro un fin de semana y no conseguís club, pero cagaste a palos a tu señora y le bajaste tres dientes y te mandan a tu casa un mes, te guardan un poco y podés volver a jugar«, mencionó en 2020. Aquella fue una de sus reflexiones más virales. Hoy, tras estar alejado de la canchas por un más de un lustro, el referente de Temperley regresa al ojo público por su nuevo lugar en la AFA.