Messi estuvo en los barrios, en los pueblos y en las ciudades. En los potreros y las canchas de los clubes, en los veranos de pies descalzos y en los inviernos de lluvia en los que igual había ganas de jugar. Acompañó a los adultos que seguían sus partidos con la radio de fondo, a los chicos que se hacían la rata del colegio para verlo hacer su magia y a las familias que se reunían alrededor de una picada, con un partido de Lionel como como excusa para quedarse un rato más juntos.
También creció como referente para los chicos que se calzaban la 10, esa que podía ser original o comprada en cualquier calle, heredada de un hermano o conseguida en alguna picardía, más nueva o gastada de tanto usarla, de esas que apenas se parecían a la que él usaba, pero que alcanzaban para sentirse, aunque fuera por un rato, un poquito como él.
El 31 de agosto de 2026 , Lionel Messi anunció su despedida de la Selección Argentina. Y con él empezó a despedirse también una parte de la infancia, la adolescencia, la juventud y la adultez de millones de argentinos que crecieron viéndolo jugar. Los que lo conocieron como la Pulga, aquel rosarino que recién empezaba a hacerse un lugar; los que lo vieron convertirse en Leo, en el Diez, en capitán y, finalmente, en campeón del mundo.
No faltaron tampoco las tristezas, los goles que no entraron y las finales perdidas que durante años dolieron mucho. Hasta que llegó el 2021, aquella Copa América que fue el inicio de una racha soñada que tendría en Qatar su capítulo dorado. Después de tantos años de pedir ese sueño en velitas de cumpleaños, rezos, oraciones, de buscarlo en estadísticas, cábalas y supersticiones y que durante tantos años se le había hecho esquivo , como si el destino estuviera encaprichado en ponerle una última barrera.
Hasta que finalmente llegó ese 18 de diciembre de 2022. Y con él, una imagen que millones todavía recuerdan: dónde festejaron, a quiénes abrazaron y qué sentimiento los invadió cuando vieron al astro rosarino levantar la tan deseada Copa del Mundo. Pero, lamentablemente, todo tiene un final.
Y ahora que ese final llegó, Olé salió a buscar diez historias. Diez personas, una por cada década, para conocer qué lugar ocupó Messi en sus vidas y cómo imaginan una Selección sin su número 10. Desde los más chicos, que lo descubrieron en la gloria y lo tienen como su principal ídolo, hasta quienes lo acompañaron a lo largo de su carrera, que lo vieron crecer, caer, levantarse y finalmente llegar a la cima.
Lionel Messi dejó una huella en cada generación de argentinos que transitaron su historia con la Selección Argentina
Los más chicos y un ídolo que, de alguna u otra forma, es parte de sus vidas
“Me llamo Benicio Lionel Bravo. Lionel, como Messi”, contó Benicio, de tres años, quien lleva su camiseta. Charleta como él solo, ya sabe quién es el Diez y tiene claro a quién lleva estampado en la camiseta. Su historia recién empieza, pero Leo ya forma parte de ella. ¿Si ya lo vio? “En el Mundial hizo muchos goles”, contó.
Y quizás todo empiece con una frase de apenas cinco palabras. Vicente, de la misma edad, aunque todavía es muy chico para explicar qué significa el Diez, lo reconoce a simple vista y ya tiene sentimientos de “amor” por él. “Te amo, Messi. Te vamos a extrañar”, añadió.
Felipe, de 8, lo definió de una manera sencilla: “Es lo mejor, lo mejor del mundo”. Cuando escucha el nombre del capitán, piensa inmediatamente en “sus goles, sus jugadas y, obvio, su magia”. La noticia de que Leo se retiró de la Selección lo encontró en el colegio y le generó tristeza . “Cuando me enteré, me sentí mal porque yo contaba los años para ver si podía llegar a jugar con Messi”, contó.
Para algunos, el retiro de Messi los agarró por sorpresa, algo difícil de asimilar; otros sabían que, tarde o temprano, el día iba a llegar. Algunos tuvieron la fortuna de disfrutarlo durante casi toda su carrera, mientras que otros apenas alcanzaron a verlo en sus últimos años: “No tuve la oportunidad de verlo jugar tantas veces, me hubiera gustado que se quede un rato más” contó Delfi, de 13, quien empezó a jugar al fútbol inspirada por el Diez, porque “lo veía de chica en la tele”.
De los 20 a los 40, recuerdos marcados por Qatar
Simón y Lorenzo tienen 20 años y se enteraron del retiro mientras jugaban a la computadora y hablaban con amigos por teléfono. Pausaron el juego para conversar sobre Messi y sobre una Selección que, por primera vez en mucho tiempo, tendrá que continuar sin su capitán.
Querían verlo en otro Mundial o en una Copa América, aunque también entienden que Argentina deberá seguir adelante. Qatar quedó entre sus recuerdos más fuertes: fueron al Obelisco, festejaron con amigos, terminaron en una pileta y sufrieron durante los penales. Sobre aquella etapa, dejaron una frase que resume lo que representa el Diez para ellos. “Leo, te vamos a extrañar. Vas a estar en la historia para siempre, siempre vas a ser el mejor del mundo”, aseguraron.
Luis, de 30 años, lleva más tiempo siguiendo al capitán. “Mi vida entera. Es lo más grande que hay”, contó. Tenía cinco años y vivía en Venezuela cuando empezó a seguirlo, y al mudarse al país su conexión con él creció todavía más. “Fue un dolor enorme, lloré todo el día. Fue el lunes más negro”, relató sobre el momento en que recibió la noticia mientras trabajaba en Local Express. La Copa del Mundo significó tanto para él, que prometió tatuarse a Messi si Argentina ganaba el Mundial. Y cuatro años más tarde, después del partido contra Inglaterra, cumplió.
Paola, de 42 años, también recibió la noticia mientras trabajaba. Para ella, Messi es una referencia argentina qu e trascendió el fútbol. Al imaginar el primer partido sin él, resumió entre lágrimas su sensación: “No va a ser lo mismo, siempre nos va a faltar algo”.
Los recuerdos de quienes vieron pasar todas sus etapas
Para Jorge Daniel, de 57 años, Messi es “el mejor del mundo” y uno de esos jugadores que le dieron alegrías a todo un país. No se considera fanático del fútbol, pero la noticia de su retiro igual le dolió. Se enteró al volver del trabajo, cuando lo escuchó en el noticiero, y todavía le queda la sensación de que podía haber jugado un Mundial más. “No tendría que haberse retirado, tenía para seguir. Queríamos un orgullo más”, dice. Qatar es un recuerdo que todavía le cuesta poner en palabras: “Sentí una alegría que no puedo explicar, él dio todo por Argentina y nos dio todo a los argentinos”.
Hay quienes descubrieron a Messi más tarde, como María Celia, de 68 años, que se perdió el comienzo de su historia, pero alcanzó a disfrutar de su último tramo: “Me da mucha alegría haber sido contemporánea a su título del mundo”. Otro punto en el que la mayoría coincide es en que Leo no es solo un jugador de fútbol, sino que representa valores que son ejemplo: “Me da mucho orgullo su perfil como futbolista, pero también su lado humano. Es una persona muy humilde e interesante”.
A Elva, de 78 años, le alcanzan pocas palabras para explicar lo que Messi significa. “Ay, un ídolo, un grande”, dice, casi como si no hiciera falta agregar nada más. Pero después aparecen otras: dolor, tristeza, vacío. Cuando Messi se retiró por primera vez, sintió algo parecido y celebró cuando volvió. Esta vez, en cambio, sabe que es diferente. “Ahora se siente como una tristeza, un vacío de que ahora sí que no va a jugar más”, cuenta.
A sus 80 años, Héctor asegura que nunca imaginó que Argentina pudiera tener un futbolista de la calidad de Messi. Y no habla solamente de lo que hizo dentro de una cancha: también rescata su humildad, aquello que, para él, terminó de convertirlo en alguien extraordinario. Su retiro le provocó “tristeza” y “amargura”, aunque entiende que todos los ciclos llegan a su fin y destaca haberlo visto conseguir aquello que tantas veces había intentado con la Selección. Ahora hay una pregunta que todavía no sabe responder: cómo será ver a Argentina sin él.
Hay despedidas que se entienden, pero que igual duelen y esta es una de esas. Entiende que a los 39 años ya no se le puede exigir más de lo que dio, pero la noticia le provocó tristeza. Recién después aparece su definición, tan contundente como sencilla: “El emblema del jugador máximo”, dice Gladys, de 90 años. Y cuando imagina a la Selección sin Messi, su respuesta es todavía más breve: “Sin interés”.
Diez edades, diez maneras de haber vivido al mismo futbolista. Entre goles, derrotas, festejos, promesas y cábalas, Messi terminó formando parte de historias que van mucho más allá del fútbol. Durante casi dos décadas estuvo ahí, mientras nosotros también crecíamos, cambiábamos y atravesábamos nuestras propias vidas. Y quizás, por eso, su despedida no sea solamente la de un jugador, sino también la de una parte de nosotros que creció acostumbrado a verlo hacer magia.
Ahora, todos los argentinos tendremos que aprender a mirar a la Selección sin Messi y acostumbrarnos, de a poco, a una duda que durante años parecía imposible: cómo será nuestro fútbol después de él.










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