01/05/2026 10:57hs.
«Niño, deja ya de joder con la pelota», le canta Joan Manuel Serrat a Esos locos bajitos desde la década del 80. Eduardo Coudet, en la actualidad, es la antítesis del cantante español. El DT de River arenga a los pibes para que jueguen y se diviertan. Como hizo Lucas Silva, que ingresó y envió un centro perfecto para el cabezazo goleador y ganador de Lucas Martínez Quarta. Como Joaquín Freitas, que suma despliegue y verticalidad al ataque. Como Agustín Ruberto, quien tuvo su primeros minutos en esta era. Como Santiago Beltrán, el héroe bajo los tres palos. Juventud que fue clave en los minutos finales frente a Bragantino y que representa la sangre joven que el Chacho quiere inyectar.
Beltrán; Montiel, MQ, Rivero, Acuña; Silva, Galoppo; Páez, Colidio; Freitas y Ruberto. Con siete futbolistas made in Núñez y chicos entre 18/20 años tanto en el eje de la cancha como en la ofensiva. Así terminó River un partido clave en su lucha por quedarse con el primer lugar del grupo H de la Copa Sudamericana. Un 11 particular en cuanto a apellidos del medio hacia adelante, pero que a Coudet le dio sus frutos cuando más lo necesitaba para pasar de llevarse un pálido punto a tres puntos fundamentales.
Que el último envío al área de Bragantino haya sido de Silva, que pasó de jugar un puñado de segundos en su debut en Primera en el Monumental a anotarse rápido una asistencia inolvidable, y que Agustín Ruberto aparezca en la foto del gol del capitán saltando a su lado después de una larga espera (no jugaba desde la despedida de Marcelo Gallardo) son signos positivos para un entrenador que desde el día 1 depositó su confianza en el semillero del club.
«Sigo mencionando y resaltando a chicos jóvenes con sus primeros partidos internacionales, que no es lo mismo que jugar a nivel local. Van a ir creciendo a la par del equipo», expresó Coudet, quien tiene bien en claro que a ellos no puede mandarlos a la cancha con la mochila de salvadores, pero sí con útiles para que puedan ayudar a un equipo que necesita descontracturarse y fluir. Qué mejor que la personalidad de los jóvenes de hoy, suelta y distendida, para focalizar en ese proceso.
«Salió Fausto (Vera) y tenemos que jugar con Juan Cruz (Meza) o con el que se te ocurra. Tanto Ian (Subiabre) como Meza son dos chicos jóvenes, sin tanto recorrido internacional y que estaban amonestados. Juegan bien a la pelota, no les podemos exigir», agregó el deté sobre el armado de la mitad de la cancha y los cambios que realizó en el entretiempo, otra muestra de que el piberío será clave en la reconstrucción de un equipo que busca alejarse de «Vietnam» para transformarse en un país paradisíaco.
Por lo pronto, el Chacho lo tiene claro: quiere que los niños sigan jodiendo con la pelota…



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