Se trata de un clásico que tiene un inmenso valor por el peso de la historia. Una historia que favorece ampliamente a River (81 triunfos contra 57 y 75 empates) y que, además, se potencia en los duelos de eliminación mano a mano como el que se viene en los octavos del Apertura, el domingo en el Monumental. Aunque el pasado entre ambos clubes también cuenta con el recuerdo imborrable del batacazo de San Lorenzo en Núñez en la Copa Libertadores 2008 y con el morbo de que el Chacho Coudet la rompió con ambas camisetas como jugador. Sin embargo, las estadísticas son simplemente números cuando la pelota empieza a rodar, más allá de lo que puedan influir en la cabeza de los entrenadores y de los futbolistas que serán protagonistas de este picante cruce de playoffs.
A pesar de que el equipo de Coudet llega con la ventaja deportiva de la localía por haberse clasificado en el segundo puesto de la Zona B y de que el Ciclón cerró la fase regular del torneo con la pérdida del invicto ante Independiente y se metió en octavos como séptimo de la Zona A, la realidad es que River recibió un cachetazo ante Atlético Tucumán en el Monumental que obliga a su entrenador recalcular el camino de su búsqueda. Y justamente con el pasado como brújula. «Quiero que juegue bien al fútbol, que sea un equipo que vaya de la mano con la historia de River. Que sea ofensivo. El equipo podría estar más suelto en base a los resultados, soltándose a medida que vas ganando pero parece al revés, que nos cuesta más. Yo soy el responsable y tengo que encontrarle la vuelta», reconoce el Chacho.
La deuda futbolística del River de Coudet
La sinceridad de Coudet tras la caída frente al equipo de Falcioni, que incluso admitió que «estamos en dueda con la gente», no hizo más que reflejar las falencias que se venían maquillando con resultados positivos, ya que el Chacho sumaba ocho triunfos en diez partidos (ocho del Apertura y dos de la Copa Sudamericana). Porque el nivel colectivo e individual de River solamente levantó de a ratos desde la asunción del Chacho como sucesor de Gallardo: la defensa sigue dependiendo de las atajadas salvadoras del pibe Santiago Beltrán porque Martínez Quarta, Rivero y Pezzella repiten errores -insólitos en algunos casos-; y el mediocampo hace agua porque Moreno no marca ni distribuye juego como se espera de él desde que se lesionó su socio de contención Fausto Vera. En ataque, falta la sorpresa que deberían aportar los laterales campeones del mundo Montiel-Acuña, la intensidad y llegada al área de Maxi Meza o Gallopo, el cerebro y los pases de Juanfer Quintero, el desequilibrio de Colidio y los talentosos juveniles Subiabre y Kandry Páez o la frescura de los pibes Lautaro Pereyra, JC Meza y Lucas Silva, además de que Maxi Salas se parece cada vez más a un delantero del Ascenso que al ex campeón en Racing por el que en Núñez invirtieron los ocho millones de euros de la cláusula se rescisión del correntino.
El presente de San Lorenzo
La situación de San Lorenzo, en cambio, es inversa a la River pese a la derrota frente al Rojo el último fin de semana. Porque el entrenador Gustavo Álvarez logró darle una identidad rápidamente al equipo con un cambio de esquema: una línea de tres en el fondo que incluye a los chicos de la cantera Ezequiel Herrera y Lautaro Montenegro como stoppers de Romaña, volantes de menor despliegue y mayor tenencia como Carlos Insuarralde y Gulli, un enganche con cambio de ritmo y buena pegada como Reali, y dos puntas agresivos como Auzmendi y el goleador Alexis Cuello. De todos modos, el Ciclón sufrirá la ausencia del centrodelantero de 26 años que quiso Boca porque debe cumplir la fecha de suspensión por su expulsión contra Independiente (igualmente había recibido la quinta amarilla antes de la roja).
Otro factor influyente a tener en cuenta para este clásico del domingo es que ambos equipos jugarán en la semana como visitantes por Copa Sudamericana: San Lorenzo, este martes ante Deportivo Cuenca en los 2.526 metros de altura del estadio del club de Ecuador; y River, el jueves ante Carabobo luego en un vuelo de 15 horas a bordo de un avión con bandera de Chile para evitar las restricciones de Venezuela con aeronaves argentinas. Por eso, debido al desgaste del traslado y a que Coudet considera más determinante el duelo de octavos del Apertura que el de la cuarta fecha de la fase de grupos de la CS, es muy probable que el Chacho preserve futbolistas y/o que aproveche la ocasión para darles minutos a Vera y a Driussi, ya recuperados de sus lesiones y fija en el 11 frente al CASLA.
Por su parte, Álvarez no cuenta con los mismos recursos de recambio que River: utilizó a los mismos diez jugadores de campo en los últimos cuatro partidos. Entonces, si bien el DT entiende que necesita administrar las energías de ciertos muchachos para la visita al Monumental, en Ecuador apenas cuidaría a los volantes Gulli, De Ritis y Reali. «Un equipo grande no puede especular ni dar prioridad a una competencia sobre otra», explica el entrenador.
Más allá del contexto y del presente de River y de San Lorenzo, el club de Boedo no gana en el Monumental desde hace cinco años (2-1 en la fase regular de la Copa de la Liga 2021, el 25 de abril) y los últimos cruces mata-mata entre ambos fueron con victorias del CARP: 1-0 con gol de Pezzella en la final de la Copa Campeonato 2014 y dos 1-0 (los dos con gritos de Carlos Sánchez) de la Recopa Sudamericana 2015.
Más de una década después de estos antecedentes, y a 18 años de la épica eliminación del Ciclón a River en el Monumental con nueve hombres en los octavos de la Libertadores 2008 (este viernes ocho de mayo se cumple el aniversario), San Lorenzo se aferra a la ilusión de dar otro batacazo en Núñez. Y el equipo de Coudet, precisamente a respetar el legado que marca la historia frente a este clásico rival.




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