“Es un enfermo del fútbol, enfermo. No lo podés entender. Por eso también está así. Vive al 100% todos los días. Él ve todo y sabe mucho”.
Es el jugador al que más veces dirigió Eduardo Coudet: 128 partidos en tres clubes (Rosario Central, Tijuana y Racing) durante cinco temporadas. Es, además, la persona que más lo conoce dentro del mundo del fútbol. La que vivió con él desde sus inicios hasta las anécdotas más graciosas. Alejandro Donatti, retirado desde comienzos del 2024, sabe al milímetro cómo es el técnico de River y lo deja claro en esta rica charla con .
Es eso, una charla. El ex marcador central, hoy viviendo en Corrientes y en las vísperas de iniciar un emprendimiento junto a su mujer, elogia de gran manera las capacidades del Chacho, cuenta desde adentro cómo es su metodología y qué quiere para sus equipos, detalla lo intenso que es en la semana y su obsesión por los datos del GPS, dice que “lo terminás queriendo” a pesar de su exigencia y hace reír con sus recuerdos sobre la bufanda, el look y el día que “pensé que me echaba a la mierda”.
“¿Si lo veo exitoso este año? Ojalá, se lo merece. Se lo merecen todos, son muy buena gente. No soy de River, pero quiero que en general le vaya muy bien al Chacho”, le tira buena onda a la distancia.
-¿Cómo lo estás viendo al River del Chacho, Ale?
-Hace unos días veía el Racing-River y me hizo acordar a los equipos del Chacho. Creo que le cambió la cara a River, te das cuenta. Ya con correr… Cada vez que la perdían o algo, había un jugador de Racing rodeado de cuatro o cinco de River que lo presionaban, algo que se viene viendo. Él pide intensidad, que haya tres o cuatro detrás de la pelota, pero después trata de jugar. Se ve su trabajo.
-¿Creés que la intensidad es el principal rasgo que lo define?
-Sí, sí, tiene varios igual. Pide intensidad, pero después están los jugadores que elige. Bueno, ahora no le tocó tampoco elegir tanto porque ya tenía más o menos el equipo armado. Pero ahora cuando le toque elegir, que se abra el libro de pases, yo creo que va a incorporar. Él prioriza mucho también el grupo, que haya buena gente, que tiren todos para un mismo lado. Que sean jugadores comprometidos. Por eso también después tiene los equipos que tiene y gana las cosas que gana. Siempre pelea, siempre está ahí. Otro rasgo, que también se vez, es que les cambió la cabeza a muchos jugadores, es muy de estar con el jugador. Sabe todo. Por ejemplo, si hay alguien bajoneado, él va y le está encima.
-Eso es principalmente lo que pasaba antes de su llegada…
-Sí, es que el jugador tiene rachas. Podés tener un jugador muy bueno, pero por ahí no tiene un par de buenos partidos y entra con la duda. Por eso tiene que haber alguien que lleve el grupo y trate de levantar rápido a los bajoneados. Es uno de los grandes trabajos que hace el Chacho.
-Vos encima lo agarraste recién empezando.
-Claro. Cuando llegó, estaba con una boina y lentes. Nosotros teníamos su imagen como jugador, que estaba loco. Entonces saludó y pensé ‘uh, andá a saber con qué va a salir este’, pero me sorprendió. Fundamentalmente porque es un enfermo, ja. Un enfermo, pero pasado. Impresionante, hermano.
-¿En el sentido de exigirles, de estar encima…?
-En lo que te imagines. En datos, en exigir… Nosotros teníamos los GPS que te mandaban al frente en todo. Y él tenía la computadora y a cada rato se iba a ver los datos. Un loco. Iba a ver cómo iba la intensidad de cada jugador y el que más o menos estaba medio bajo, le decía algo, ja. Miraba muchas estadísticas.
-¿Y en los partidos lo mismo?
-Sí, ja ja. El tema es que con el tiempo fue empeorando. En México, por ejemplo, se volvía loco porque a él le gusta mucho la presión y en ninguna liga del mundo vas a ver el mismo fútbol que en Argentina, con esa presión que te come las piernas. En México los jugadores no presionan tanto: por ahí juegan bien, pero es otro ritmo. Es como pedirle a un brasileño que pegue una patada: no lo va a hacer. Entonces nos llamaba a mí y a Dami (Musto), que vivíamos en el mismo edificio, y nos decía ‘che, viste esto’, y le hacíamos entender que era otro fútbol. Lo tranquilizábamos. Siempre necesitaba a alguien que lo bajara porque se volvía loco por la presión en ataque, no veía lo que él pedía.
-¿Le discutiste alguna vez?
-Sí, una. Creo que era un partido contra Belgrano en el Cilindro, íbamos 0-0. Me volvió loco. Él nunca quería que me perfilara, quería que llevara la pelota. Me volvía loco con las indicaciones. Y en una me agarró y le dije: ‘Pará, loco, dejame de romper los huevos. Ya estoy grande hermano, tengo más de 30 años para que me grites así como un nene’. Le hice señas, de todo. Y no me habló más, quedó serio. Pensé que me echaba a la mierda, ja. No sé cómo hizo para escucharme con el ruido del estadio, pero me escuchó. Entonces hicimos el gol y me llamó. Tuve que hacer un pique. ‘Flaco, vení’. Y cuando llego ahí, me dice: ‘Dame un beso’. Le di un beso. Y me dice ‘andá, andá’, como si nada. Yo creía que me echaba la mierda, hermano, ja.
-Es como una relación casi de amor-odio…
-Ja ja, puede ser. Siempre le agradezco por todo lo que hizo por mí, sacó lo mejor de mí, siempre en todos lados estuve con él. Y volaba, fueron mis mejores momentos. Es un loco lindo, no es mala leche, es un tipo positivo que te levanta los grupos.
-¿Cómo hace para gestionar a los jugadores más talentosos en esa intensidad que pretende?
-Eso lo habla con los profes para ver el tema del trabajo de los jugadores con más calidad, que no corren tanto. Pero él sabe manejar a cada tipo de jugador, lo va a hablando, cómo agarrar a uno u otro. Es un fenómeno, parece un loco, pero es una persona excepcional.
-¿Y trataba de descontracturar en algunos momentos como cuando era jugador?
-Sí, igual, igual, cuando terminaban las prácticas. Pero él sabía bien cómo dividir eso y nosotros también. Él te inculca eso, vos podés joder en el vuelo, en el colectivo, antes del entrenamiento, pero una vez que empieza la práctica, cambia totalmente. Y los jugadores se van contagiando de él.
-¿Cómo llevaba el tema de ganar? A ustedes en ese 2015 les fue bastante bien.
-Con los pies sobre la tierra, tranquilo. Siempre que no se le dispare a ningún jugador la cabeza. Decía que no éramos el Real Madrid o el Barcelona. Siempre trabajar. Ya cuando se empieza la semana, ya pasó el partido y seguimos. Cuando tenés esas rachitas o algo, como la de ahora con River, lo toma tranquilo. Quiere que te acostumbres a ganar. También lo que me acuerdo es que a cada rato nos repetía que no nos dejáramos llevar por la euforia de los hinchas cuando jugábamos de local, siempre pedía tranquilidad. No que no le des bola a la gente, pero que no marque el pulso.
-¿Y con los diferentes golpes? Vos estuviste en esa Copa Argentina contra Boca y con Racing en la Libertadores 2018, cuando perdieron contra River.
-Se lo criticó mucho por eso, quizás en esos mano a mano no pudo ganar. Lo que pasa es que no es fácil. En la Libertadores que nos dirigió, quedamos afuera con el Atlético Nacional que ganó todo, con Armani. Y en esa final de Copa Argentina, fue aparte a nosotros, no había nada que hacer: por más que hiciéramos tres o cuatro goles, estaba definido. Después lo crucé a Ceballos y se me saltó la cadena. Intentó bajarnos en la semana, pero estábamos dolidos, en esas situaciones no podés hablar.
-Se ve un River del Chacho que, en general, convierte bastante pero no le hacen tantos goles: ¿qué les pedía a los defensores?
-No quería que quedáramos mano a mano, jodía mucho con eso. Por ahí a mí me costaba salir con pique, por eso me volvía loco. Le encanta el equipo corto, que salgan jugando los centrales… Todo, además de la presión. Encima, está en todo: fijate que la otra vez le insistía a Rivero para que se hiciera amonestar. Pero lo principal es el equipo corto y con intensidad.
-¿Hablaba de River con ustedes en otros clubes?
-No, no, siempre fue muy respetuoso. Es más, cuando nosotros le preguntábamos por algo suyo como jugador en River, se hacía el boludo. De lo único que te hablaba era del equipo que estaba dirigiendo y nada más.
-Ah, con la bufanda está re loco. Nosotros no lo jodíamos tanto porque lo conocíamos, pero los dirigentes por ahí venían y le decían. Él se reía.
-Debe ser de las pocas personas que nunca cambia el look.
-Sí, en Europa de hecho iba con la chomba, el jean, los zapatos tibo botita…
-De hecho, antes de que llegara se hablaba de si se iba a adaptar al estilo histórico de River del traje.
-No le ponés un traje ni de casualidad, ja. O a lo mejor por ahí nos sorprende y sale en un partido con traje, nunca sabés. Igual, siempre que lo tuve, nunca usó, ni en finales.
-¿Por qué pensás que te eligió siempre?
-Él decía que tenía todo para ser de Selección, que me iba a acompañar. Capaz que se encariñó, como yo me encariñé con él. Es muy buena gente.
-Contá un poco sobre Musto (ayudante de campo de Coudet), que quizás es un personaje poco conocido en River.
-Dami es igual de intenso que el Chacho, se complementan muy bien, están igual de locos por el fútbol, ja. Por más que sea su primer año, va a aprender mucho a su lado. Además, sabe cómo tratarlo: hay veces que tenés que estar al lado de él, otras que tenés que bajarlo. Sabe cómo manejarlo, se jugó a la confianza que le tiene porque lo conoce. Y los dos profes que tiene lo van a llevar por buen camino.
La depresión, San Lorenzo y la deuda de 500.000 dólares
-Saliendo del Chacho y el fútbol, en tu última etapa en San Lorenzo tuviste depresión. ¿Cómo estás ahora de eso?
-Bien, bien. Era depresión avanzada. A los meses tuve una recaída, pero fue de un día nomás. Y después, gracias a Dios bien. La pasé mal, fue difícil. Empecé el tratamiento y no fui más a San Lorenzo por el tratamiento. Igual había dirigentes que no me creían porque no se daban los resultados. El único que estaba atrás mío era Diego De Leone, que hacía los papeles, además de todos los jugadores, que me escribían. En la dirigencia pensaban que la había hecho fácil, que me había lavado las manos por la mala racha. Me dolió eso, sacando todos los temas económicos.
-Sí, un año. Hasta hoy. Hay un muchacho que estaba ahí en San Lorenzo y me quedó debiendo como 500 mil dólares, pero no se puede cobrar porque son pagarés que no firma él: tiene gente que firma por él. Pregunté si era yo el único al que le debían, pero hay más de 30 con el mismo problema. Dos veces fui y no había fondos. Hay muchos hinchas que putean y no saben lo que pasa afuera de la cancha.
-¿Y no podés tomar acciones?
-Me asesoré con abogados, el tema es que cuando el perito calígrafo ve que no es la firma de él, se complica todo. Ya le vamos a buscar la forma.



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