“Sé que algunos me llaman así, pero no me gusta el apodo (ríe)”. Mousa Al Tamari prefiere que nadie lo vincule futbolísticamente con Lionel Andrés Messi. Le genera cierta incomodidad desde que los fanáticos del Apoel Nicosia de Chipre lo rebautizaron “el Messi jordano”: 13 goles y 10 asistencias en 76 partidos entre 2018 y 2021 llevaron a la figura del próximo rival de Argentina a ser comparado con el mejor de todos los tiempos. Él, sin embargo, elige un perfil bajo.
“Tenemos un Al Tamari, es mucho mejor que Harry y Dele Alli. El Messi jordano”. El hit de la tribuna del Apoel en algún punto le genera recuerdos risueños y cierta vergüenza: de perfil bajo y altísimo nivel, Al Tamari nunca ha querido ser comparado con el goleador de la historia de los mundiales. Prefirió ser reconocido por sus propios valores mientras disfruta de lo que representa estar en la cita máxima, de la que se despedirá en Dallas.
Zurdo, habilidoso, gambeteador y con “gritna” -término jordano para referirse a las agallas, al ímpetu para jugar- Al Tamari está disfrutando de su primera Copa del Mundo. El hito máximo de una carrera de superación que comenzó cuando tenía ocho años y se sumó a las formativas del Shabab Al-Ordon. Su cuna. Su primera experiencia con la pelota. La que le permitió crecer, debutar en la élite de su país con 19 años y llegar a la selección.
Para Al Tamari, el alias que le hace match con Messi no es el adecuado. No tiene problemas, sin embargo, con el título “Sheik Mousa”: el crack jordano memorizó el Corán y en su país se volvió famoso porque su devoción lo llevó a pasar años con sus enseñanzas en la mezquita Al Saliheen, recitándoselos. Por eso se volvió un importante símbolo para su equipo.
Una selección que lo tiene como máximo exponente luego de esta clasificación histórica a la cita máxima de FIFA. En la Al-Nashama (Los Valientes) está consiguiendo cumplir aquel sueño que tenía de pequeño, cuando driblaba en Amán, su tierra.
Aunque su madre se resistía un poco a que se dedicara por completo al fútbol enfatizando que su hijo debía darle vital importancia a los estudios, Mousa confiaba en que un día llegaría a representar a Jordania. Que podría ser uno de los jugadores que salían en la tevé en las ligas de Italia, España, Francia e Inglaterra, las más vistas en su tierra.
El extremo disputó como titular los dos partidos en la Copa del Mundo con participación activa, más allá de las dos caídas de su selección: cuatro remates, 25 movimientos de desmarque, precisión en los pases (80%), sprints de hasta 35 kilómetros por hora y una asistencia para Nizar Alshdan frente a Argelia. Y ahora -ya eliminada- quiere alcanzar su cenit en el partido más difícil de la zona, ante Argentina.
Será para Mousa Al Tamari el pico más grande de su vida deportiva. Los saltos al Al-Jazira -ganó la Copa de Jordania y disputó la Champions Asiática-, posteriormente al Apoel Nicosia, OH Leuven de Bélgica y luego al Montpellier y al Rennes de Francia, que en febrero de 2025 pagó u$s 10 millones para tenerlo en sus filas. Su rendimiento, sus goles ante poderosos, lo han convertido en una figura excluyente que podrá, ahora, enfrentarse a Messi.
Junto a Al Tamari, Yazan Al Naimat y Ali Olwan son los dos grandes referentes del ataque que comanda el Sheik. El que en el AT&T Stadium intentará demostrarle al mundo el porqué de su presencia en el sueño máximo de su carrera ante la campeona de mundo, defensora del título y dueña del talento más grandioso de la historia de esta competencia.



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