La historia detrás del héroe: quiénes acompañan a Julián Álvarez, el mensaje emotivo de su pareja y qué dijo sobre Inglaterra :: Olé

“Vos no sabés lo que hizo tu viejo, Amadeo. No tenés idea del gol que metió. Iban, no sé, mil minutos del alargue. Los suizos amurallados, con uno menos defendiendo parecían con diez más. Argentina lo arrinconaba. Tac, tac, de acá para allá. Tocaba pero no podía. No había un hueco, Amadeo. Ni uno. Era imposible patearles, le pegabas al arco y daba contra las piernas de Akanji, de Elvedi… Hasta de Federer, mirá. Pero papá pudo, ¿sabías? Pudo. La recibió cerquita del vértice, recortó para adentro y ¡pam! No tenés idea. Habrá pasado un segundo en el aire la pelota, pero pareció una hora. Los nervios, la adrenalina. Todos mirando. Los suplentes parándose en el banco. El arquero arqueándose para atrás, las manos estiradas, la mirada vencida, viendo cómo el tiro de tu papá se le metía en el ángulo. ¡Ay, Amadeo! Si te contara, no me creerías que en Estados Unidos, donde al fútbol le dicen soccer, hasta los gringos aplaudían con los ojos entre lágrimas. Y tu papi en el piso, abrazado por todos sus compañeros. Sonriendo. Después del partido que salvó, subió a la tribuna y te hizo upa. Sí, porque él -vos sabés- es así. Podrá hacer mil, pero el mejor golazo de su carrera sos vos”.

Qué razón tuvo Emilia Ferrero al escribir lo que posteó en su Instagram este domingo post épica. En la hermosa mañana de Kansas City, sede de una nueva gesta agónica de la Selección Argentina, que avanzó a las semifinales gracias -en gran parte- a Julián Álvarez. “De esas noches que quedan para siempre. De esas que algún día vamos a contarle a Amadeo. Nuestro orgullo siempre. Te amamos”, redactó la pareja del Araña en su cuenta de Instagram, con un carrete de fotos del Argentina-Suiza, con el calchinense como figura excluyente del final adrenalínico.

Cuánto acertó: algún día, alrededor de una mesa, frente a la tevé -en los ochenta y noventa hubiera sido delante de un proyector y con mate de por medio- le mostrarán al pequeño que ahora tiene seis meses cómo su papá se transformó en superhéroe sin capa pero con talento para colar una esfera de cuero de 23 centímetros entre la mano del arquero suizo y el ángulo de hierro del arco.

Los que están cerca de Julián, juntos en Kansas.Los que están cerca de Julián, juntos en Kansas.
El posteo de Emilia Ferrero.El posteo de Emilia Ferrero.

“Mis bebés. Los amooo”. El posteo de Juli fue automático. Emocionado desde la concentración del Hotel Origin, allí donde hace unas semanas celebró en la intimidad el cumple de Emi, quizás alguna lágrima se le haya escapado. Viendo especialmente esa foto suya con Amadeo en su regazo. Una foto para el anaquel: papá mirando embobado al nene, como si alrededor suyo no existiera nada más.

Como si no estuviera sentado en la butaca de un Arrowhead Stadium que explotó con su tiro para el 2-1 y que celebró el quite a Granit Xhaka -como ante Mo Salah ante Egipto- para gestar el 3-1 que marcaría su amigo Lautaro Martínez. Ahí donde estaba su familia. Emi y los suyos, Amadeo, papá Gustavo (Pululo para todo Calchín) y mamá Mariana, los hermanos Agustín y Rafa. Y con ellos, primos, tíos y amigos muy cercanos que llegaron al Mundial para la fase final, invitados por el delantero de la Selección.

Síganme a todas partes

Sí: Juli hizo lo posible para tener bien cerca a la familia que uno elige. Es por eso que en los Estados Unidos también están los más compinches de sus compañeros del colegio. Los que compartieron con él el patio del colegio Rivera Indarte, a los que los ayudaba con la tarea cuando él resolvía antes que el resto los ejercicios de matemática, y también los que siguieron el camino del secundario en el Domingo Faustino Sarmiento. Todo, antes de que el Araña completara sus estudios en el Instituto River Plate una semana antes de la final de Madrid. Aquellos con los que disfrutaba de los hits de Los Caligaris, su banda preferida, más allá de los hits del cuarteto célebre cordobés.

“Éramos 20, pero ahora que llegaron los amigos de Julián somos 35”, le contaba hace unos días Emilia Ferrero al Pollo Álvarez. Las cuentas dan al ver la imagen que posteó el Avenger de Calchín: en la tribuna estaban todos haciendo su pose característica, la del Hombre Araña. Un tributo a ese pibe sencillo que habla como si no fuera un crack por el que están rompiendo relaciones diplomáticas el Atlético Madrid y el Barcelona, por el que en algún momento insistirá el Real Madrid y al que tienen en carpeta otros tantos gigantes de la UEFA. En esa postal él es Juli, el papá de Amadeo. Ese chico que dentro de unos años empezará a dimensionar quién fue su viejo, lo que hizo en Qatar y el golazo que metió una noche para cambiarle la vida a millones de argentinos.

Julián y su bebé. Imagen hermosa.Julián y su bebé. Imagen hermosa.

“¿Si fue el más lindo de mi carrera? Sí que muy lindo, muy especial por el momento, por lo que significa para todo el equipo, para pasar a una semifinal del mundo, así que sí, muy feliz”, le respondió a Olé después de su primer gol en este Mundial. Uno que se hizo desear. “Si bien lo importante es que gane el equipo para lo personal, la confianza ayuda y para intentar ayudar al equipo, si bien siempre lo doy todo, entrego mi 100% como delantero, marcar goles importantes”. Ahora tendrá que cruzarse con ex compañeros (John Stones coincidió con él en el City) y enfrentar a ex rivales durante dos temporadas en la Premier League. “Lo estuvimos viendo, no hace falta que diga mucho, tiene grandísimos jugadores, mucha calidad, mucha jerarquía, pero nosotros tenemos que enfocarlo en lo nuestro para llegar de la mejor forma posible y hacer un gran partido: queremos pasar a la final”, se abrió antes de cerrar su mejor noche Mundial. La que quedará para toda la vida. Amadeo podrá dar fe.

KANSAS CITY (ENVIADO).

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