«Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte bicampeón».
La canción rebota en la cabeza de todos los argentinos. Un hit que resume a la perfección el Mundial que pasará a la historia cualquiera sea el resultado de esta tarde en Nueva Jersey. Una letra que parece haber visto en diferido la película de este 2026 que ya es inolvidable. Claro, que como dice la publicidad, acá nadie se conforma.
Entonces, surge la pregunta: ¿de qué estará hecho este grupo, de qué? Otra vez en el último día de una competencia, otra vez dejando en alto los valores, el fútbol y el comportamiento. Por más algunos intenten bastardear todos los logros con mantos de sospechas flojos de papeles, la SELECCIÓN ARGENTINA, sí en mayúsculas se encuentra en otro partido definitorio.
La respuesta a la pregunta anterior hay que encontrarla en los orígenes de este plantel, y también de los que estuvieron en las cuatro vueltas olímpicas. Sobra potrero, hambre de gloria, amor por los colores, humildad y compañerismo. Son jugadores que podrían estar sentados arriba de la montaña de dólares cosechados, pero sueñan con la eternidad. Porque les gusta jugar a la pelota. Porque llegaron Kansas City hace 49 días y sólo tenían una fecha en la cabeza: estar el 19 de julio en esta mítica ciudad.
Hay 17 players que ya se colgaron el oro en Qatar, pero parecen famélicos. Y eso se los transmiten a los nuevos que se quieren comer el mundo. Solo mirar lo que pasó ante Inglaterra, con ese triunfo que no vale un título pero que pesa como tal, alcanza para que una generación se sienta elegida por el destino, de estar disfrutando de un equipo de época.
La influencia de Messi en la Selección
Es un grupo que emociona por cómo se brinda, por cómo nunca se da por vencido, cómo siempre quiere más. Quizás son tres conceptos que son la Biblia misma de Lionel Messi, el capitán y la bandera de una Selección que en los últimos 12 años se subió al podio de nueve de los 10 torneos que disputó.
Todo indica que este domingo por la tarde, el mejor jugador de todos los tiempos, se despedirá de los Mundiales a los 39 años. Su nivel supersónico nos hace creer que puede jugar en el 2030 pero de qué sirve adelantarse cuando el 10 jugará su tercera final de la Copa del Mundo y quiere ganarle a ese 1-1 transitorio.
España, el rival a vencer
Enfrente estará el campeón de Europa, un equipo que juega muy bien al fútbol, que lleva ¡37 partidos sin perder!, que sabe lo quiere y que tiene un líder como De la Fuente, que por algo es el maestro de Scaloni. España merece mucho respeto, respeto que algunos protagonistas (como Laporte) y algunos medios no han tenido con la Selección que defiende el título logrado en Qatar tratando de instalar un supuesto favoritismo que está lejos de la realidad.
Rivales que se debieron enfrentar en la fallida Finalissima (se iba a disputar en Qatar y se canceló por la guerra) y que ese ida y vuelta en la reorganización del partido generó una tensión entre dos países que parecen tener más cosas en común que diferencias. Por supuesto, no hay un clima tan tenso como con Inglaterra, pero sí está en juego lo máximo a lo que un jugador y un hincha puede aspirar: el Mundial.
Argentina jugará su séptima final. España, la segunda. La Scaloneta va por la cuarta y el hito de ser bicampeón, algo que consiguió Brasil con el doblete 1958-1962, hace ¡64 años! La Furia, por la segunda. El fútbol tendrá un ganador esta tarde. O quizás dos. Nadie sabe el final de esta historia, una historia que no sólo la escriben los que ganan.
“Cambio jugar finales todos los años y no ganar ninguna”, graficó De la Fuente, una frase que para algunos es polémica pero que tiene mucho de lógica dicha por un conductor de grupo.
La gente vibra por esta Scaloneta. La quiere ver bordar la cuarta estrella por la que se canta. Ahí van los fanáticos haciendo una fiesta en cada sitio donde juegue la Selección, como sucedió revolucionando Times Square, que se pareció al Obelisco o el Monumento a la Bandera. El Mundial se termina y el legado será eterno.








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