La hinchada argentina domina el MetLife: así se vive la previa de la histórica final ante España :: Olé

La medianera del MetLife es una especie de jacuzzi de agua fría: duchas rocían a los hinchas que llegan acalorados. La temperatura no es tan inclemente como el sol: si el Banderazo por momentos fue subacuático, la previa de la final se pareció al desierto de Arizona. En ese escalón/asiento diseñado para refrescarse, argentinos y españoles comparten butaca. Charlan: ventajas de la primera final de habla hispana en 94 años.

Más lejos, la camaradería se esfuma para darle pie a las chicanas. Con onda. “La tortilla es mejor que el choripán”. “Tomala vos, damela a mi, vinieron todos en un remís”. Unos atacan por lo culinario -sin razón: nada le gana a un buen chori- y otros con la cantidad de personas que llegaron a presenciar la final. Argentina sigue ganando en la proporción de un estadio que se colmará en horas.

Haber entrado ya fue un alivio: sólo la prensa demoró más de dos horas y media de colas y controles para ingresar faltando todavía 240 minutos para el arranque. Cuando hablar del pitazo inicial era equivalente a hablar de la posteridad: los nervios elastizaron la espera. El tiempo. Que los argentinos ocuparon con hits, haciendo las larguísimas filas para comprar merchandising -los fanas de nuestro país están entre los que más adquirieron detrás de los anfitriones- o yendo a hidratarse con bebidas sin o con 4% de alcohol, todas servidas en vasitos coleccionables.

La vida color celeste y blanco.


Foto Juano Tesone/ Enviado especial La vida color celeste y blanco.

Foto Juano Tesone/ Enviado especial

Desde todo el mundo con Argentina.


Foto Juano Tesone/ Enviado especial Desde todo el mundo con Argentina.

Foto Juano Tesone/ Enviado especial

Faltando un par de horas, en la grada norte los bombos y las trompetas de los españoles cantan un feliz cumpleaños. Se suman todos. Hay fotos con la casaca de Yamal, de Rodri. En el medio, las fanas de Messi, de Aimar, de Scaloni. Varios con bandejas con nachos, cheesesteaks y hot-dogs del sabor yanqui -los de los puestos ambulantes de la Costanera nada tienen que envidiarle.

Nueva Jersey es una ONU futbolera que adopta dos posturas. Los que llegaron para alentar a España son, en su mayoría, ibéricos, europeos, algunos ingleses con su propia casaca. Los que vinieron por Argentina son más variados: hay de China, de Vietnam, de Japón, de India, de Bangladesh. Están repartidos por toda la cancha pero cuando arrancan los cantitos, se aglutinan con los nativos del cono Sur. Esa pasión no se iguala.

Es la final. La Finalissima. La que quieren ver todos. De Plácido Domingo al Duki, que hablaron con Olé antes del arranque de la ceremonia de clausura. Del show colorido. Del despliegue de un telón con el Puente de Brooklyn, el Empire State, la Estatua de la Libertad. Con un sol en el corazón que queda tapado por el escenario ensamblado para un show con personal en modo soldaditos, con redoblantes, bombos y bandas.

Así se vive en las afueras del estadio. 

Foto Juano Tesone/ Enviado especial Así se vive en las afueras del estadio.

Foto Juano Tesone/ Enviado especial

Una fiesta previa que nada se equipara al color argentino. A los hits. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. El Messi que entra al estadio y es ponchado para que la gente lo vitoree. Incluso algunos españoles. Que el show comience.

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