Lejos de sus compañeros. Lejos de los hinchas. Lejos de Racing. Hace poco más de seis meses, la imagen de Santiago Sosa se erigía nada menos que en el Maracaná. Con la cinta de capitán y una fractura en su cara, el volante central terminaba la semifinal de la Copa Libertadores contra Flamengo dándolo todo. Pasaría la noche internado, pero constituido como la gran figura de un Racing de Costas que era faro de fútbol argentino en el plano continental. Hasta, desesperado, había intentado jugar una semana más tarde la revancha. No pudo. Lo entendió entre lágrimas.
El problema de Sosa con la dirigencia de Racing
Los meses pasaron y pocos, casi nadie, hubiese sido capaz de imaginar este presente. En una tarde lluviosa de Avellaneda, el capitán ingresará pasado por agua para entrenarse solo. Apenas Baltasar Rodríguez, Agustín García Basso, un preparador físico y un kinesiólogo lo estarán acompañando. Por decisión 100% dirigencial y como castigo por sus últimas conductas que cayeron muy mal, Santiago Sosa se entrenará apartado del plantel mientras se define, por sí o por no, su venta a Vasco da Gama.
No es la última imagen soñada. Lejos está de serlo. Como un castillo de naipes, los aplausos se vinieron abajo hasta convertirse en repudio con el paso de las horas. El sábado por la noche, el volante central no jugó contra Tigre y unos minutos antes, vestido de civil, había salido a saludar a la gente. Para ese entonces se presumía con que la venta estaba consumada aunque, curiosamente, desde la dirigencia de Racing sostenían que no estaba hecho. Con el avance del reloj salió a la luz que la decisión de no jugar fue del propio Sosa.
Acá es donde la relación empezó a romperse definitivamente. Ya venía con diferencias, como la gran mayoría de los jugadores que fueron campeones de la Copa Sudamericana. Este es un punto donde Diego Milito deberá hacer autocrítica: por diferentes razones mantuvo conflictos con demasiados jugadores. En el caso de Sosa, el punto de ruptura fue cuando el martes, luego de dos días libres, no quiso entrenar a la par del grupo. Diferenciado, como Baltasar y García Basso, quienes adoptaron la misma medida para hacer fuerza y forzar una salida.
Lo que no cierra del Vasco da Gama
Pasaron 48 horas de medida de fuerza. Lo que no esperaba Sosa era que su salida al Vasco se estancara. Si bien él ya tiene arreglado un contrato por tres años, los brasileños empezaron a generar la desconfianza de Racing. No satisfacen los avales del 50% del pase que deben abonar en cuotas, tampoco abonaron unos 2.000.000 de dólares iniciales (tenían que hacerlo el lunes) y el historial los marca como un club con problemas de pago. De hecho mantienen un conflicto con Newell’s por Juan Sforza. Por todo esto, y porque la administración Milito ya sufrió obligaciones impagas por parte de Inter (Carbonero) y Gremio (Nardoni) endureció su postura con Vasco. Agregó, además, multas económicas más altas de lo habitual en caso de mora. Por ahora no hay definición.
En este escenario, la preocupación que hay en Racing es qué pasa si finalmente se cae la operación de Sosa al Vasco, que debe dejarle al club unos 6.000.000 de dólares netos. «Tendrá que volver», le dijeron a desde Avellaneda. En una sentencia con poco convencimiento y más por descarte que otra cosa. Es que Sosa no deja de ser una pieza clave para el andamiaje del equipo y uno de los futbolistas de mayor jerarquía. El cómo y cuándo ya es ir demasiado lejos…



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