De ser víctima de 40 offsides en una tarde a desafiar a Messi: la revolución de Cabo Verde, el rival que la Argentina no debe subestimar :: Olé

“No pó da ilha nua, a esperança é do tamanho do mar que nos abraça, entre estrelas e o Atlântico…”. Cuando suena El Canto de la Libertad, himno nacional de la República de Cabo Verde, un puñado de corazones se estremecen. El de Vozinha, el arquero invencible; el de Ana Candida, su madre viral; el de Bubista, su entrenador; el de Cesária Évora, desde el más allá, la voz más representativa del país… Todos. Los que laten en las diez islas que naufragan oceánicas; los de la diáspora, que duplican y hasta triplican por el mundo a los 500.000 y monedas que habitan ese archipiélago africano a unos 600 kilómetros de la costa de Senegal.

La canción patria lo dice todo: “En el polvo de la isla desnuda, la esperanza es del tamaño del mar que nos abraza entre estrellas y el Atlántico…”. Así se vive la vida en la vieja colonia portuguesa. Así se vive su fútbol, que perdió la inocencia, que ahora conoce las reglas de juego, que encontró -a puro anhelo- su lugar en el mapamundi. Este viernes, desde las 19 hora argentina en el pomposo Hard Rock Stadium de Miami, sus Tiburones Azules serán rivales de nuestra Selección. Tal vez, dos horas más tarde, Leo Messi y La Scaloneta mediante, sean historia. Bah, ya lo son… Porque el Mundial también hace justicia.

Así desfiló Cabo Verde en su primera participación internacional: la Copa Amilcar Cabral de 1979.Así desfiló Cabo Verde en su primera participación internacional: la Copa Amilcar Cabral de 1979.

“Su ubicación geográfica influyó en la identidad del pueblo caboverdiano, resultado del cruce entre esclavos traídos de la costa de África Occidental y colonizadores portugueses. El territorio llegó a ser económicamente próspero durante los siglos XVI y XVII, atrayendo a comerciantes, corsarios y piratas. En el siglo XIX decayó debido a la supresión de la venta de esclavos en el Atlántico, y muchos de sus habitantes emigraron en este periodo, principalmente a Norteamérica y Europa…”, le ilustra a Olé Alirio Dias de Pina, premio al mejor periodista local 2016 y director del periódico A Semana.

Hoy, las oleadas emigratorias son parte de la rutina. En realidad, siempre lo han sido. “Há mais cabo-verdianos fora do que dentro”, jura por allá un dicho popular. Y nada que objetar: hay más caboverdianos afuera del país que adentro. Desde que nacen criollos, se sabe que -además- algún día de las islas se irán. Está escrito. Es un elemento central de la historia y de la identidad nacional. Cabo Verde, volcánico, semiárido, y de apenas 4033 m2, sufrió sequías recurrentes y hambrunas mortales. En el mundo contemporáneo, la diáspora continuó por razones económicas, políticas y búsqueda de oportunidades. Toda una estrategia de supervivencia y desarrollo.

(video Nha Terra Nha Cretcheu/RTP Africa)

Política y fútbol: una independencia que se celebró en una cancha

La construcción del alma nacional en Cabo Verde costó años de lucha y baños de sangre. Recién en 1975, cuando ya se habían jugado diez Mundiales FIFA y la pelotita apenas era un entretenimiento popular, algo se rompió en esas islas huérfanas. Un tal Amilcar Cabral, descolonizador, escritor, agrónomo, y futbolero asesinado dos años antes por traidores de su mismo grupo con el guiño cómplice de la Policía secreta portuguesa, ya había buscado -‘a como dé lugar’- desde el PAIGC (Partido Africano para a Independencia da Guiné e Cabo Verde) la emancipación. La Revolución de los Claveles en el principal territorio luso puso fin a una dictadura que parecía interminable. Fue, entonces, un barajar y dar de nuevo. En lo político, lo geográfico y lo social. Los mapas se reinventaron, las colonias se liberaron y, en la misma línea, lo futbolístico también.

La nueva era de Cabo Verde se puso todas las camisetas. Un gobierno de partido único se hizo cargo -sin disparar una bala, solo por estar bien parados en sus ideales- de una transición que era incógnita pura. Con ideología socialista, hizo malabares hasta que Europa del Este y sus economías planificadas comenzaron a hacer agua. La deuda externa se transformó en interna y los regímenes políticos, con los ojos puestos en la Unión Soviética (URSS), de la mano de Mijaíl Gorbachov suplicaron Perestroika. Así las cosas, abrumados, antes de Italia 1990, se decidió de manera forzada por las circunstancias la apertura política. Y un año después de la final en el Olímpico de Roma entre Argentina-Alemania, por primera vez en su aislada historia, el pueblo caboverdiano consiguió ir a las urnas y el Movimiento para a Democracia transformó en presidente a Tó Mascarenhas.

“Hoy por hoy, el Banco Mundial elevó a Cabo Verde a la categoría de país de rendimiento medio-alto. El PBI per capita ronda los 6000 dólares y lo coloca en el Top 10 de las economías africanas con mayor rendimiento por habitante. Igualmente, enfrenta desafíos internos con tasas de pobreza y vulnerabilidad social en algunas regiones, agravadas por altos precios. Por otra parte, en términos de potencialidades, el sector turismo es el principal motor de desarrollo, atrayendo visitantes por sus bellezas naturales y el clima”, le acota Dias de Pina a este diario al punto de aconsejarle a los lectores de Olé que conozca las islas, las de Barlovento y las de Sotavento, “todas muy lindas. Aunque recomendamos el Interior de Santiago (Serra Malagueta y Tarrafal), la Ilha do Fogo con su histórica ciudad de edificios coloniales en San Filipe y el volcán activo en Chá das Caldeiras, y Sao Vicente, con su hermosa Mindelo y el famoso Carnaval”.

En ese contexto, se juega a la pelota… Es más, el 5 de julio de 1975, la esperadísima independencia se celebró en el Estadio de Várzea, en la capital Praia, misma sede donde en el 2000, la selección celebró el único título ‘oficial’ al ganarle la final por 1-0 a Senegal con gol de Toni (António Dinis Duarte). Aquella tarde que, con Bubista DT pero como jugador, levantó la Copa Amilcar Cabral. Sí, como aquel futbolero revolucionario.

Fue el único título ganado por los Tiburones Azules -cuando todavía no se llamaban así- en la historia.

Crear una selección nueva dentro de un país a estrenar: una particular solución

Nunca dejó de jugarse al fútbol en Cabo Verde. De hecho, algunas fuentes reconocen un amistoso ‘internacional’ por la Nkrumah Cup en 1959 de un combinado local, de raíces lusas, contra un rejuntado de Gambia, por esos tiempos, protectorado inglés. Cohesionar, a nivel selección, a 11 voluntades amateurs ha sido el reto histórico de los caboverdianos. Vivir rodeados de agua, las distancias, el estar ‘lejos de todo’, siempre ha sido su piedra en el zapato.

Hoy día, por caso, su campeonato -con Primera y hasta Segunda División- ilustra tal situación: se desarrolla un torneo ‘Regional’ en cada una de las nueve islas habitadas (Santiago y San Antonio, a su vez, tienen dos ligas, la norte y la sur) y la oncena clasificada se une al último campeón para determinar quién es el mejor de todos. De hecho, este sábado, se esperan 2000 espectadores para la gran definición entre el Clube Sportivo Mindelense (Isla de San Vicente), primer campeón nacional en 1939 y máximo vencedor del certamen, frente al Grupo Desportivo da Palmeira (Isla de Sal), el último que dio una vuelta olímpica en 2025. El gran premio es la participación en la Champions League continental pero el último que la disputó fue el Sporting Praia en 2009 -eliminado por el FAR Rabat marroquí-. El dinero no alcanzó más…

Nada fue sencillo. Nunca. Lo que sea. Crear una selección nueva dentro de un país a estrenar estuvo dentro de esa lógica. El fútbol llegó por influencia inglesa dentro de un mundo lusófono. El pueblo, a su vez, tenía la intención de diferenciarse de otras colonias portuguesas aunque, en simultáneo, también había diferencia de criterios entre las distintas islas. Pica interisleña, digamos. ¿Para dónde ir, entonces? No era cuestión de mirar el cielo desde la cubierta de una barcaza y seguir las estrellas.

Había un tema más de fondo, de construcción nacional (a los ponchazos), al que el deporte se podía prestar entre tanta tensión social. Un repaso de los periódicos de la época, en sus escasas -aunque continuas- referencias a las ligas, no dejaba de subrayar la pobre calidad de los espectáculos y los hechos de violencia cotidiana en cada partido. La fórmula seguía un mismo patrón: la agresión del público a los árbitros terminaba en represión policial. ¿El culpable? El colonialismo. Hasta que un 5 de julio de 1975 se declaró la independencia de Cabo Verde, se celebró en un estadio y Aristides Pereira fue declarado primer presidente. A partir de ahí, se terminaron las excusas. El camino del túnel ya era propio… O casi. Quedaba mucho por desmalezar. Aún no había tiburones a la vista…

Hubo pique en el Atlántico: de una derrota con 40 offsides a levantar la única Copa en 11 años

En la primera final post Independencia entre Mindelense y Botafogo, Pereira no dudó y fue parte de la comitiva presidencial junto con los ministros, una muestra desde la platea preferencial que la política se aferraría al renacimiento del futebol. El asunto eran las luchas intestinas desde la mirada socialista que imperaba: se criticaba al deporte por ser capitalista pero, a su vez, se empezaban a exigir grandes logros para dar la cara ante los mejores del mundo. Con el tiempo, el perfil buscado fue cambiando al trote de los cambios continentales: la idea de nación se colocaría más cerca de una unión africana que de un mestizaje, de un mix entre el Continente Negro y el Viejo Continente.

La intención de, muy de a poco, ir metiéndose en el circo internacional del fútbol dio sus frutos. La invitación para disputar la Taça Amílcar Cabral a Cabo Verde no podía ser desaprovechada y obligó a los dirigentes a apurar la conformación de un plantel. Aún no existía una Federación formal (que recién nació en 1982) ni, mucho menos, una afiliación a la FIFA (que recién sucedió en 1986).

La primera edición se iba a jugar en 1979 y allí participarían las selecciones que conformaban la Zona 2 del Consejo Superior del Deporte africano: Gambia, Guinea Conakry, Guinea-Bissau, Malí, Mauritania, Senegal, Sierra Leona y, por supuesto, CV. Un documental aún muestra las carencias y las ganas de salir adelante, siempre pelota al piso (o como picara entre tanta tierra pisoteada).

Era una Copa propia de la región, como si por estas pampas se jugase un torneo entre los combinados nacionales de los países del Mercosur. Todo muy lindo y romántico. Todo cuesta arriba. “El territorio discontinuo no permite una apreciación global de los deportistas, no solo por la escasez de contacto entre las islas sino por la inexistencia de un entrenador…”, analizaba Voz di Povo, el diario estatal. Había, sin embargo, que ponerse a prueba. Sin cobrar un mango, claro. Por amor ‘a la camisola’ (verdosa en un principio).Y el debut oficial como país independiente al fin llegó.

A 34 días del bautismo de Argentina en el Mundial 78 (2-1 a Hungría en el Monumental), en la hermana Guinea-Bissáu, Cabo Verde cayó 1-0 el 29 de abril ante Guinea Conakry por la Copa Amistad. No fue un mal resultado si se tiene en cuenta que fue el mejor momento histórico del Elefante Nacional -fue eliminado de las Eliminatorias por Túnez, quien finalmente viajó a nuestro país- y que los jueces le anularon un gol por un offside discutible.

Apenas 48 horas más tarde, en otra derrota (2-1 ante la organizadora), Daniel Ferreira -más conocido como Branco-, del Sporting Praia, convirtió el primer gol en la historia independiente de la selección cuando apenas iban 2′. Flavio Pina fue el primer capitán: hoy, en reconocimiento, recibe una pensión gubernamental. El 4 de mayo, Cabo Verde levantó su primera Copita amistosa, la Primero de Mayo después de ganarle a un mezcladito de Guinea-Bissau por 4-2. El trofeo se exhibe en el petit museo de la Federación.

La expectativa por la Copa Amilcar Cabral era mucha. Las radios de Cabo Verde estaban pendientes del primer certamen deportivo de importancia que disputaría su nación. Aunque el panorama era desalentador: las ‘figuras del equipo’ no pudieron salir del país por no recibir el visto bueno de sus patrones; lo mejorcito que quedaba en el plantel, sufrió paludismo (una suerte de malaria por la picadura de mosquitos hembra) en la previa del 0-3 vs Guinea-Bissaú.

El segundo y último partido tuvo un hecho que pintó de cuerpo entero lo que era, en definitiva, ese fútbol todavía demasiado virgen. El 0-1 ante Senegal fue goleada a pesar del resultado: fue una paliza conceptual. “El rival fue muy astuto contra el estilo de fútbol insípido y atípico del más débil del torneo…”, dijo Voz di Povo antes de rematar y aniquilar a su propia selección. “Fue un festival de fueras de juego”, continuó el periódico en la relación a los ¡¡¡40 offsides!!! que cobró el árbitro mauritano Nicko Hamzatta, asistido por el maliense Abdoulay Traoré y el gambiano Alhagie Fye. Si no es récord mundial…. Lo peor fue la “la mayoría de las posiciones adelantadas se señalaron cerca de la línea media”. Es decir, achique en estado puro. El espíritu del Flaco Menotti en el corazón de África.

El fútbol le dio revancha a Cabo Verde recién en el 2000, casi 11 años después de la peor actuación recordada en el país (y muy por encima del 1-5 vs Senegal en 1981 y el 1-5 ante Argelia en 2023).

Cabo Verde campeón de la Copa Amilcar Cabral en 2000.Cabo Verde campeón de la Copa Amilcar Cabral en 2000.

Bilardo tenía razón, la diáspora también…

Los problemas de sus jugadores eran colectivos más que individuales: en los ’40, los caboverdianos eran contratados ‘semiprofesionalmente’ por empresas guineanas para reforzar sus ligas. Es más, para la Copa Amilcar Cabral edición 1981, el entrenador Du Fialho le pidió a los convocados según la prensa que encarasen la preparación con “seriedad y responsabilidad, sin infantilismos, para saber cómo defender los colores nacionales”. Por eso, no dudó en planificar una pretemporada a doble turno que incluyó “clases de sistema táctico, reglamento y leyes del fútbol”.

El exfutbolista, oriundo de Cabo Verde, con un paso por el fútbol argentino, explicó que los dieciseisavos son «un partido para que los caboverdianos disfruten»

Más tarde, a principios de los ’80 y con la diáspora a pleno, con ese ‘emigrar para ponerle el pecho a la vida pero sin dejar de atar lazos para así no dejar de extrañar lo que fueron’, se avivaron que ‘los mejores’ realmente estaban afuera. David Hopffer Almada, viejo ministro de Información, Cultura y Deportes, había asegurado que Cabo Verde era conocida como una “ tierra miserable, tierra pobre que manda a sus nacionales afuera para sobrevivir”. Pero también había asegurado que se venían tiempos de cambio. Y estaba en lo cierto.

“La Federación entendió que nuestro equipo podía ser reforzado con caboverdianos que, actualmente, militan en Portugal”, decía el periódico. Materia prima existía. En el exterior más que en las islas. Pero existía. Quedaba internacionalizarse. De hecho, entre tantos martillos y hoces propios de la transición hacia la democracia, hasta apareció Aleksandr Pleshakov, un técnico ruso.

A veces, las intenciones se pasaban de rosca: había en las pintorescas calles del archipiélago más interés por la vida de Benfica, Porto, y Sporting de Lisboa, por ejemplo, que por la propia selección local. Y ojo, un poco menos que antes por los novedosos éxitos deportivos pero continúa sucediendo…

Aquel todavía recordado 1-0 a Senegal para levantar por primera y única vez la Taça Amilcar Cabral el 14 de mayo de 2000 remite a esa búsqueda que el entrenador Oscar Duarte se encargó de profundizar. Pensar que pasaba a buscar a los jugadores en una camioneta a ‘cielo abierto’ para llevarlos a entrenar. ¿El gol histórico? Centro de Zezinha, volante del União Leiria luso y toque en el área de Toy de Sal, Toni, el 9 de Sporting Braga. En ese equipo transpiraba un defensor del Aviação Luanda angoleño, un tal Bubista… ¿Te suena?

Cabo Verde campeón de la Copa Amilcar Cabral en 2000. Abajo, el último a la derecha es... Bubista, el actual DT.Cabo Verde campeón de la Copa Amilcar Cabral en 2000. Abajo, el último a la derecha es… Bubista, el actual DT.

Tiempo de cambios: himno, bandera, y suerte; mismo relato de gol, de Tiburón Azul…

Eran, se dijo, tiempos de cambio. Cabo Verde cambió su bandera (de la amarilla, verde y roja tan panafricana a la azul océano; de una estrella socialista a diez estrellas, una por isla). Cabo Verde cambió su himno (de compartirlo con Guinea-Bissau al Cántico da Liberdade que reflejó la nueva escena nacional). Y Cabo Verde, después de su título del 2000, cambió su mentalidad futbolera. El grito de gol, sin embargo, siempre fue el mismo.

Desde 1985, Moisés Evora es el periodista estrella de la Radio y Televisión Caboverdiana (RTC). “Narré torneos regionales, nacionales y desde los ’80 viajo con la selección. Transmití partidos desde arriba de un camión, en jeeps, en lugares sin techo porque las locaciones eran precarias. Todo se transformó. Desde canchas de tierra a estadios de césped sintético”, recuerda en charla con Olé desde Estados Unidos. Hoy, claro, está en el Mundial.

Cada palabra es una anécdota. Cada recuerdo fue una vivencia. “En Liberia la gente nos esperaba en las puertas del hotel y hacían fila en las veredas, de ida y de vuelta, para saludarnos. Algo inédito. Otra vez, al volver desde Sikasso, Malí, muchos jugadores fueron avisados de que no había pasajes para todos y se largaron a llorar. La solidaridad del pueblo los ayudó a regresar”, cuenta Evora. Lo que ayer era carencia, hoy es felicidad.

“Siempre hubo detrás nuestro esfuerzo y sacrificio. Por eso la nación está feliz por lo conseguido. Y yo también. Así como pude gritar el gol que nos clasificó por primera vez a la Copa Africa de Naciones 2013, también grité los tres frente a Esuatini que nos pusieron en la Copa del Mundo. Y acá, en USA, el tiro libre de Kevin Pina contra Uruguay que significó el primer gol en esta competencia. Todavía no lo puedo creer… Ya son 40 años de trabajo y no dejamos de sorprendernos…”, jura quien difundió por el mundo el apodo Tiburones Azules.

En la previa al partido de este viernes, Moises Sabino Ebora de RTV Cabo Verde habló con Olé 🎙️

🎥 Diego Macias – enviado especial

En realidad, el mote llegó desde Camerún aunque la política también se lo atribuyó. “Fui a Yaundé para la cobertura de un partido de Eliminatorias rumbo al Mundial de Sudáfrica. Al llegar, Lucio Antunes, el ayudante de campo en aquel momento, me comenta que los locales los llamaban así, Tubarões Azuis. Y en mi relato, comencé a usar ese apodo. Pegó y se quedó…”, rememora. Sin embargo, el presidente de la nación José María Neves, aseguró que tal denominación era resultado de “una iniciativa vinculada a la protección del medio ambiente y la puesta en valor de los recursos marinos del archipiélago”. El asunto, según contó, fue tema de Estado.

A principios del siglo XXI, el ministro Víctor Borges había sugerido seguir el ejemplo de otros equipos africanos de ser reconocidos por símbolos o mascotas. Según Neves, entre 2007 y 2008, se terminó de tomar la decisión. En el marco de un programa realizado junto a la FAO para proteger a los tiburones y fomentar una pesca más sostenible, el mandamás recordó que, durante la gestión de Madalena Neves en el Ministerio de Medio Ambiente, se llevó a cabo un estudio sobre las especies de tiburones presentes en Cabo Verde y se le propuso a las federaciones deportivas que adoptaran los nombres de estas especies.

Así las cosas, el equipo de básquet fue bautizado como Tiburones Martillo; el de handball, Tiburones Blancos; el de vóley, Tiburones Zorros; el de gimnasia rítmica, Tiburones Ballena; y el de boxeo, Tiburónes Tigres. Creer o reventar mientras no nos coman…

(video YouTube Comunicação FCF)

Argentina vs Cabo Verde, un partido inesperado en un lugar inesperado

Pudo haberse dado antes, claro. En alguno de esos amistosos comerciales que han abundado en los últimos tiempos. O incluso en algún que otro Mundial de tiempos modernos. Cabo Verde comenzó a participar de las Eliminatorias en el 2000, días antes de consagrarse en la Amilcar Cabral. Duró un ida y vuelta contra Argelia nomás. En 2013, cuando se acercaba con fuerza a Brasil 2014, perdió sus chances cuando FIFA lo castigó por la mala inclusión del portugués Fernando Varela. Aunque… Tarda en llegar, pero al final, hay recompensa podría decirse. Y su segunda recompensa, en este cuento de hadas, hoy es cruzarse con Argentina, tercer campeón del mundo en su camino.

“Jugar contra Argentina será una honra. Solo basta decir que tiene a (Lionel) Messi y cracks reconocidos en todo el planeta. La primera Copa del Mundo que vi fue en 1978 a través de una TV en blanco y negro. Yo era un garoto todavía. Recuerdo a Kempes, a Luque, a Passarella. Después tuve la felicidad de ver a Maradona y a su gol monumental. Y nosotros ahora vamos a jugar contra esa Selección. Aunque garantizo algo: Cabo Verde va a jugar sin miedo, con sus armas y estrategias. Toda la responsabilidad igualmente la tendrá Argentina. Nosotros haremos nuestro juego. No tenemos nada que perder”, proyectó Evora. “Igual, más allá del resultado final, creo que los pueblos gestarán lazos todavía más fuertes porque tiene caboverdianos viviendo allá”, cerró con Olé.

Por su parte, bancando los trapos desde Cabo Verde, Alirio Dias de Pina, le regaló una reflexión a este diario, pero la significación del evento puertas adentro. “El fútbol es, en este momento, un motivo de orgullo y unidad para la nación. Cabo Verde ya se ha clasificado para las Copas del Mundo de básquet y vóley. Ahora, por primera vez, está en octavos de final del Mundial con los Tiburones Azules. Con fiesta permanente en las nueve islas habitadas, la participación del equipo nacional en la Copa del Mundo de este año está siendo motivo de orgullo y alegría para todos los caboverdianos. Representa un punto de inflexión histórico en el fútbol nacional. Un país pequeño, tanto en territorio como en población, está ahora entre los mejores países del mundo para competir por el título de campeón. Si se ha de creer en las manifestaciones populares, se trata de una hazaña histórica comparable al periodo de la proclamación de la Independencia nacional aquel 5 de julio de 1975 y al inicio político con las primeras elecciones el 13 de enero de 1991”. Sí, a ese punto…

¿Se trata de un milagro? Tal vez. ¿Se trata de una realidad? Sin dudas. La nueva vida de Cabo Verde ha sido una verdadera caja de sorpresas. El fútbol es la muestra simplemente. Cuenta la leyenda que hace 51 años, tras la autonomía de Portugal, los vaticinios no eran los mejores. ¿Cómo sobrevivir en un territorio sin agua, sin recursos, sin condiciones para desarrollar un Estado? Por eso, emigrar fue una ruta natural hacia las oportunidades, no una huida. En ese pensamiento estuvo el cambio. Ya no era creer en el miedo oscuro de querer salir de la isla y tener que quedarse a ver cómo la vida pasa. La pelotita picó en un pozo pero vino al pie. Postergada, notó que hablar del archipiélago era hablar de música, de la famosa diáspora, de las ayudas internacionales para no morir en el intento. Si esta selección de Cabo Verde, según las palabras de su presidente Neves, este grupo es la Generación de Oro, los Tiburones Azules hoy resultan ser la mejor tarjeta de presentación de este sufrido país.

Cabo Verde tiene un password, una palabra clave que lo pinta. Podrás pensar en ‘cachupa’, su plato nacional, guiso a base de maíz, porotos, decenas de verduras y proteínas, cocinado a fuego lento y que nació de la creatividad de los esclavos para crear un plato nutritivo y económico en tiempos de escasez. Hoy se come en las islas y también a la distancia, porque es un alimento que conecta… También podrás suponer que se trata de la ‘morabeza’, ese término tan especial, identidad cultural, filosofía de vida, que vincula la hospitalidad con el extraño, que obliga a parar la mano y frenar el stress, que invita a ser solidario, a cuidar ‘al de al lado’. Cabo Verde tiene una frase impronunciable pero universal al fin. La“Nos óra dja txiga”, se dice en criollo caboverdiano. “Nuestra hora llegó”, se traduce gracias a Google, a los guantes de Vozinha, y a la sabiduría y humildad de Bubista . Y es algo más que el nombre de la canción oficial de la selección. Ya lo dice su himno: “La esperanza es del tamaño del mar que nos abraza…”. Y el color esperanza, en Miami, también se tiñe de azul.

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