El balance y la historia de Messi en la Selección Argentina :: Olé

Leo decidió ponerle punto final a una de las historias más felices de su vida. Durante la mañana de este lunes, a un mes y medio de la final perdida frente a España en el Mundial, el eterno capitán publicó un emotivo mensaje en sus redes sociales para contar que «me retiro de la Selección». Y fue así, que el monstruo que supo levantarse de las tantas finales perdidas, terminó coronado de gloria su glorioso ciclo en la Mayor

Hace casi 23 años, en Olé era presentado como el «otro Pibito», aquel que la rompía toda en las inferiores del Barcelona y que armó una movida bárbara para jugar con la Albiceleste por el tironeo que tenía en el Viejo Continente para ponerse La Roja y jugar para España. Después de aquel amistoso frente a Paraguay, organizado por la AFA para asegurarse al crack que la rompía con el equipo catalán, Leo empezó a dar sus primeros pasos en la Sub 20.

Con dicha categoría ganó el Mundial Sub 20 en el 2005, donde se vistió de héroe para convertir dos goles en la final frente a Nigeria, la cual terminó con la copa, el Balón de Oro y la Bota de Oro -por sus seis goles en el certamen.

El debut con la Mayor, aquel 17 de mayo del 2005 contra Hungría, duró apenas un suspiro por una roja insólita en apenas 47 segundos de juego, una metáfora perfecta de lo que sería su tortuoso camino en los primeros años con la Selección. Nadie imaginaba que ese purrete iba a romper todos los termómetros: hoy es el jugador con más presencias (207 partidos) y máximo goleador histórico (125 gritos) del seleccionado.

Después de un Mundial de 2006 en el que tuvo poca participación bajo las órdenes de José Pékerman -jugó apenas tres partidos y convirtió un gol-, terminó de consagrarse en las Juveniles para empezar a escribir su camino grande con la Mayor. En los Juegos Olímpicos del 2008, con la Sub 23 del Checho Batista, consiguió la gloria después del 1-0 en los pies de Di María frente a Nigeria, con el que el seleccionado argentino se colgó el oro en el pecho.

Pero los primeros capítulos con la Selección fueron igual de frustrantes que las primeras sensaciones que tuvo con la Albiceleste durante el ciclo Pékerman. Su camino como estrella y principal referente en la Selección arrancó con el sueño en Sudáfrica 2010. Con Diego en el banco y Leo destacando en tierras africanas, el equipo ilusionaba, pero la red estaba embrujada para el 10, que no logró meter ningún gol en la Copa del Mundo, y terminó con el tremendo cachetazo de Alemania y el 4-0 en cuartos de final.

Después de una intrascendente Copa América 2011, en la que la Selección marchó en cuartos después de los penales con Uruguay, llegó Brasil 2014. De la mano de Alejandro Sabella, el 10 se puso el equipo al hombro en la fase de grupos (hizo cuatro goles) y fue el máximo referente futbolístico de un equipo que sacó a Suiza, Bélgica y Holanda para meterse en la final en el Maracaná.

Y fue allí, en este icónico templo del fútbol, que Leo tendría su primer gran traspié con la Selección. El gol de Mario Gotze entró como un puñal en el corazón del diez, que perdería su primera final con la Mayor. A los pocos años llegaron otras dos dolorosas derrotas. De forma consecutiva, casi como un aluvión, Messi perdió otras dos finales más con Argentina. Por Copa América, con Chile en frente, el diez volvió a caer en la instancia clave.

La derrota del 2015 fue la menos dolorosa o, quizás, en la que más entero se mostró. En contracara, el 2016 lo expuso por completo. Su tremendo llanto desconsolado en el estadio de Nueva Jersey después de errar su penal en la tanda y el «se terminó para mí la Selección» que dijo en zona mixta, decretarían el final del primer ciclo de Leo en la Selección.

Pero sabiendo el final, a Leo no lo podés dar por muerto jamás. Después del llamado del Patón Bauza para que se ponga de nuevo la camiseta que mejor le queda, volvió, metió de guapo a la Selección en Rusia 2018, con aquellos recordados tres goles a Ecuador en la última fecha de las Eliminatorias, y empezó con la segunda temporada de su ciclo.

La prematura eliminación en los octavos con Francia y la derrota en las semis de la Copa América del año siguiente frente a Brasil, con Lionel Scaloni ya en el banco, hacían parecer que el destino tenía preparada frustración tras frustración para el diez. Pero finalmente logró romper el hechizo.

En 2021, la Copa América que «se tenía que jugar en Argentina y Dios la trajo acá», para que «la levantemos en el Maracaná», tal y como les dijo a sus compañeros antes de salir para jugar la final con la Neymar de Brasil, terminó siendo levantada por el capitán. Después de un tremendo torneo, de los penales atajados por el Dibu y del tremendo nivel que mostró Messi, el emblema terminó consiguiendo el primero de sus títulos con la Mayor.

Al año siguiente, en la previa a Qatar, ganó la Finalissima después de un baile a la Italia de Roberto Mancini, para llegar a Qatar envalentonado. Allí, a pesar del golpazo en el debut con Arabia, Leo mostró su mejor nivel y llevó a la Selección a la final del mundo con siete goles -convirtió en todas las fases- y el histórico «andá pa’ allá, bobo» en la semi con Holanda.

De ganador, en la final con Francia volvió a romperla. Con un equipazo armado por el propio Scaloni, del que Leo fue el emblema total, terminó conquistando la tan ansiada Copa del Mundo gracias a sus dos goles en la final y se sacó la espina que le había quedado del 2014.

Lejos de conformarse con esto, el diez siguió estirando la leyenda hasta su último partido con la Selección: ganó la Copa América del 2024 en Estados Unidos y mostró toda su vigencia en el 2026, donde volvió a ser amo y señor del equipo de Scaloni, se convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales -llegó a los 21 gracias a sus 8 goles- y cerró su participación con la medalla de plata colgada en su pecho después de la final perdida con España.

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