Lautaro Martínez fue el héroe. Con ese gol que siempre soñó, sentenció el histórico triunfo de la Selección Argentina ante Inglaterra en las semifinales del Mundial. Ahora bien, no era nada fácil. Sí, es cierto que sólo la tuvo que empujar con la cabeza a la red, pero si se compara la estatura del delantero con todos los jugadores ingleses que lo rodeaban, era prácticamente una utopía que ganara por arriba.
Y es que, sin ir más lejos, el jugador británico más bajo que estaba en cancha en ese momento era Elliot Anderson, que mide 1,79, pero así y todo es más alto que Lautaro, de 1,75 metro. Pero lógicamente, a la hora de ese cabezazo, la diferencia de altura era aún más notoria, porque Anderson no es defensor, por lo que Lautaro tuvo que imponerse a jugadores que eran mucho más altos que él.
Estos fueron John Stones y Ezri Konsa, que miden 1,88 y 1,83 respectivamente. Sin embargo, el Toro logró filtrarse entre las dos torres y cabeceó prácticamente solo para desencadenar la euforia de toda la Argentina.
La única forma de ganar de cabeza
Ahora bien, que Lautaro ganara de cabeza no es casualidad, lo logró gracias a una llave que nadie más tiene: Lionel Messi. Y es que para ese momento, Inglaterra tenía a diez de sus 11 jugadores en el área: Nico O’Reilly (1,93), Djed Spence (1,84), Morgan Rogers (1,88), Dan Burn (2,01), Marc Guéhi (1,82), Stones (1,88), Konsa (1,82), Elliot Anderson (1,75) y Jordan Pickford (1,85). Mientras tanto, de los argentinos en cancha, solamente superaban el metro 80 el Cuti Romero (1,85) y Nicolás Otamendi (1,82) -sin contar al Dibu Martínez (1,95), claro-.
Por eso, de nada iba a servir tirar centros, porque las torres de Inglaterra iban a despejar absolutamente todo. Pero ahí aparece Messi, porque desbordó por el sector derecho y, con su derecha , tiró un centro teledirigido para Lautaro, que cayó justo entre Stones y Konsa. La única forma para que el Toro de «apenas» un metro 75 pudiera ganar de cabeza. Claro que el delantero tiene también todo el mérito, porque picó al único espacio que los defensores no iban a poder cubrir.
Cosas de la magia del fútbol y del Mundial. Cuando parece imposible ganarle por arriba a un equipo que contaba hasta con un jugador que tenía más de dos metros de altura, Messi volvió a frotar la lámpara para que Lautaro se imponga en tierra de gigantes y así sellar el pase a la final.








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