La pieza clave de River que no descansa ni en vacaciones

La media alta, por encima de la rodilla derecha, impidió ver el vendaje que le colocaron en la zona. Después de tomar «la decisión correcta» de dejar Palmeiras para llegar a River, Aníbal Moreno sintió que jugar la final del Apertura con un esguince en el ligamento colateral medial también era lo correcto.

El «milagro» lo llevó a arriesgar su físico, a exigir a fondo la articulación, pero las ganas de estar fueron el mejor bloqueo para el dolor. Lejos de pedir el cambio anticipado, lo dio todo en el Kempes durante 90 minutos y por estas horas, en plenas vacaciones en Catamarca, continúa trabajando para recuperarse y llegar de la mejor manera al inicio de un semestre que lo tendrá en un rol protagónico.

Fue a cada pelota como si fuera la última, tal es así que vio la amarilla a los 120 segundos de juego por una fuerte infracción sobre el lateral. A pesar de la doble carga entre la amonestación y la lesión que lo había hecho llorar ocho días antes contra Rosario Central, de aquella sensación de que el semestre se había terminado pasó a convencer a Eduardo Coudet de que podía jugar a pesar de que los tiempos le vislumbraban varias semanas lejos de las canchas.

En pleno centro de San Fernando del Valle de Catamarca, Moreno pasó por un centro de kinesiología deportiva y realizó ejercicios específicos de fortalecimiento y recuperación junto al licenciado Oviedo. «Ahí vamos, amigo», fue la arenga para un jugador que se acopló rápido a la mitad de la cancha tras su auspicioso paso por el Verdao -el propio River lo sufrió en la Libertadores 2025-, siendo equilibrio, sostén, recuperador y distribuidor en partidos de importante complejidad.

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