La bielorrusa Aryna Sabalenka sufrió uno de los golpes más duros de su carrera este miércoles en los cuartos de final de Roland Garros. Cuando parecía tener el partido bajo control tras imponerse por 6-3 y colocarse 5-3 arriba frente a la rusa Diana Shnaider, su rival encadenó diez games consecutivos para revertir el marcador y quedarse con la victoria por 3-6, 7-5 y 6-0. Al término del encuentro, la número 1 del mundo dejó una contundente frase: “Ahora mismo no tengo pensamientos ni emociones. Ahora mismo solo quiero dejar el tenis”.
Los especialistas sostienen que el tenis es un deporte profundamente mental y que, si la cabeza no acompaña al juego, las posibilidades de consolidarse en la élite mundial se reducen considerablemente. A pesar de ser una de las grandes protagonistas del circuito, la jugadora nacida en Minsk hace 28 años y finalista de Roland Garros en la edición pasada no encontró consuelo al momento de explicar una de las derrotas más dolorosas de su carrera ante Shnaider (23°), quien en 2022 disputó la gira sudamericana por Chile, Argentina y Uruguay, donde conquistó un título.
“Siento que tuve oportunidades muy buenas en el segundo set, pero lo arruiné y luego ella dio un paso adelante y jugó muy bien. Mentalmente no pude recuperarme después del segundo set, creo que ese fue mi mayor error. No sé cuándo fue la última vez que perdí diez juegos seguidos, no lo sé. Creo que mentalmente caí en un agujero muy oscuro y profundo y ya no pude recuperarme mentalmente”, expresó.
Sabalenka, campeona de cuatro títulos de Grand Slam –Australian Open (2023 y 2024) y US Open (2024 y 2025)-, intentó seguir buscando algunas respuestas a la derrota. “Necesito sentarme y pensar sinceramente sobre qué pasa en mi cabeza en esos momentos difíciles, porque soy una jugadora con mucha experiencia. He pasado por muchísimas cosas y he superado muchísimas cosas, solo necesito descubrir ese pequeño detalle que a veces no funciona para mí y espero poder superarlo. Esta mañana me sentía preparada para luchar, estaba lista, muy motivada, como siempre”.
La bielorrusa, que esta temporada se adueñó de los WTA 1000 de Indian Wells y Miami y conquistó el título del WTA 500 de Brisbane, todos sobre superficies rápidas, hizo referencia a las condiciones climáticas que se vivieron en la cancha y cuestionó la decisión de la organización de no cerrar el techo retráctil. “No sé por qué mantuvieron el techo abierto cuando hacía un viento tan loco. Pero claro, ¿cómo voy a quejarme si durante casi todo el partido todo funcionaba bien para mí y luego simplemente se escapó? Creo que todo empezó a parecer una locura quizá porque mentalmente yo no estaba bien. Parecía que las condiciones se estaban volviendo extremas”.
Y admitió: “Recuerdo incluso el año pasado, en nuestro partido, dejaron el techo abierto y al día siguiente había condiciones similares, pero para los hombres cerraron el techo para crear mejores condiciones y un tenis de mayor calidad. No sé por qué lo dejaron abierto. Incluso cuando yo iba ganando, era un tenis muy sucio. No sé cómo la gente podía sentarse ahí y verme jugar. Luego en un momento ella dio un paso adelante y jugó increíblemente bien en esas condiciones”.
Sus frustraciones en los Grand Slams sobre polvo de ladrillo y césped, especialmente en Roland Garros y Wimbledon, volvieron a aparecer durante su análisis. Sabalenka reconoció que la carga emocional que le genera no haber podido conquistar aún un major en esas superficies suele jugarle en contra en los momentos decisivos.
La número 1 del mundo admitió que, pese a sentirse cómoda tanto en polvo de ladrillo como en césped, muchas veces se enfoca demasiado en esa cuenta pendiente. Según explicó, esa situación la lleva a pensar en exceso, a perder claridad en instantes clave y a dejarse dominar por las emociones, un aspecto que considera determinante en algunas de sus derrotas más dolorosas.
La bielorrusa señaló que esa combinación de presión y ansiedad termina traduciéndose en errores evitables y oportunidades desperdiciadas. A su vez, remarcó que mientras ella pierde confianza, sus rivales suelen soltarse, asumir más riesgos y jugar con mayor agresividad. “A veces es realmente difícil soportar la presión y devolvérsela a la rival”, reconoció.
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