“Cuando llegue el momento, ahí pensaré en el Mundial”. Todavía faltaban dos meses para que la lista mundialista fuera confirmada y Nico González elegía atarse a un concepto mindfulness que respetó hasta el martes: el aquí y ahora. “Pienso en el hoy”. Ese presente que lo halla en una posición onírica y en carpeta para ser uno de los elegidos en Dallas.
El extremo polifuncional de la Selección evitaba proyectar su vida más allá de la fecha que marcaba el calendario: el recuerdo de la lesión muscular en el bíceps femoral izquierdo que había sufrido durante un entrenamiento en Abu Dhabi en la previa de Qatar 2022 lo había privado de disputar su primer torneo FIFA. Step by step. Hasta la revancha que tomó forma en los Estados Unidos.
Cuando llegó el momento, por fin, Nico pensó. Se enfocó. Tres años y medio después el desquite estaba ahí. Y entonces levantó la cabeza después de recibir de Lionel Messi y tiró el centro al corazón del área en la génesis del 2-0: Ramy Bensebaini rechazó exigido de cabeza, Alexis Mac Allister remató y Leo con un olfato de diez (y de 9) abrió el pie y amortiguó para engañar a Luca y poner en éxtasis a todo el Kansas City Stadium. Ebullición Argentina. Y de NG, el del parche de debutante, el de la sonrisa al abrazar al mejor de todos estos tiempos, al menos.
Nunca fue más allá. Ahí estuvo el secreto de González. No se pasó del límite de la línea de cal al esperar hasta el momento exacto para lanzar el pase al medio en esa jugada clave para acomodar el trámite ante Argelia ni en la víspera, cuando -ya integrando la lista- todavía debía sortear la rehabilitación de una lesión muscular, de nuevo en la víspera de una Copa del Mundo. El pasado tuteándose icómodamente con el presente, que lo encuentra con posibilidades de ser titular en el segundo partido, ante Austria.
Un desgarro sufrido el 28 de abril durante un entrenamiento del Atlético de Madrid no le permitió trabajar a la par hasta después del primer amistoso preparatorio, ante Honduras. Frente a Islandia volvió a sumar minutos: guiño a su confirmación, con la lista todavía abierta a cambios. Y contra Argelia, por fin, lo logró. Entró, disfrutó, demostró el motivo por el cual rankea #13 entre los futbolistas con más participaciones en la era de Lionel Scaloni (50, metió seis goles y dio ocho asistencias): es un comodín táctico. Enérgico. Positivo.
Y esa carta valiosa, Scaloni eligió mandarla al campo a los 10 minutos del segundo tiempo para relevar a Thiago Almada, ya extenuado luego de un trabajo fino a nivel táctico, de muchísimo desgaste y poco lucimiento personal. Volcado a la izquierda, uno de sus hábitats. Uno de tantos: la polifuncionalidad lo destaca.
La plasticidad para ser muchas cosas a la vez: 9, 3, 11. A punto tal que su boletín contra Argelia lo revela claramente: además de haberle dado devuelto la pelota a Messi en el 3-0 (decirle asistencia, dada la genialidad de Leo, sería exagerar) recuperó una pelota brava, se anotó un quite, otro despeje y no perdió de arriba.
Y de arriba estuvo bien. Firme. Sólido. Enfocado. Siempre entendiendo de qué manera debía posicionarse ante una nueva oportunidad. La tomó. Y ahora sí puede estar pensando en el Mundial.





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