Por qué el ingreso de Salas vs. Boca reveló la falta de un 9 en River

“No es que no queremos traer un delantero, sino que no hay en el mercado para nuestro funcionamiento. No es fácil ir a buscar un delantero que venga y decirle, ‘tac, tomá y jugá’. Decir ‘ River tiene que traer un nueve’ es una opinión facilista: cuando vos empezás en la búsqueda de esas condiciones, esas características… No es muy fácil”.

1° de febrero a la noche, casi llegando al 2. Marcelo Gallardo, 25 días antes de despedirse del club, manifiesta uno de los grandes problemas que tuvo River en el mercado pasado: traer un centrodelantero. Aquellas jornadas de receso anticipado en diciembre y de calor en San Martín de los Andes y Punta del Este parecen lejanas, pero no lo son: la premisa era buscar a un goleador, pero con el correr de los días y con las dificultades presupuestarias y de nombres propios, la prioridad de búsqueda pasó por la de un revulsivo (finalmente, Kendry Páez).

Marcelo Gallardo. REUTERS/Agustin Marcarian   Marcelo Gallardo. REUTERS/Agustin Marcarian

El plan contemplaba la idea clara de volver a la carga a mitad de año, probablemente ya con una mayor cantidad de jugadores disponibles por tratarse del libro de pases más movido de Europa. Pero lo cierto es que el superclásico de este domingo fue la muestra de que el plantel quedó descompensado en esa zona y que ahora ya es poco menos que una urgencia sumar a alguien más para competir (Gio Simeone asoma como uno de los candidatos).

Porque tras la lesión de Sebastián Driussi, ahora arrancan los problemas para Eduardo Coudet en un sector del campo en el que los goles del goleador habían tapado el bosque. Sin ese faro en el área, River quedó sin referencias claras, obligado a reinventarse sobre la marcha en un puesto que, lejos de ser una cuestión menor, termina condicionando todo el funcionamiento ofensivo.

FOTO PEDRO LAZARO FERNANDEZ - FTP CLARIN PZ8_0310.JPG Z InvitadoFOTO PEDRO LAZARO FERNANDEZ – FTP CLARIN PZ8_0310.JPG Z Invitado

El ingreso de Salas en el superclásico terminó de exponer esa carencia. Si bien por características físicas puede plantarse en el área, chocar con los centrales y ofrecer una opción de descarga, lo cierto es que no es un nueve natural. Su juego no está pensado para fijar a los defensores, vivir dentro del área ni resolver en pocos toques. Se mueve mejor atacando espacios o llegando desde atrás, y eso, en un contexto en el que el equipo necesita presencia constante en zona de definición, queda corto.

Foto: REUTERS/Rodrigo ValleFoto: REUTERS/Rodrigo Valle

La situación se vuelve aún más evidente al repasar las alternativas que tiene el plantel. Joaquín Freitas, por ejemplo, no se siente cómodo como referencia de área: su propio perfil lo acerca más a una segunda punta, con libertad para moverse y asociarse. Subiabre, en tanto, es un futbolista que se desempeña por afuera, más vinculado al desequilibrio y al uno contra uno que a la finalización dentro del área. Y Ruberto, la otra opción nominal en ese puesto, no sumó minutos desde la llegada de Coudet y ni siquiera fue citado en los últimos cinco partidos.

Joaquín Freitas, por ejemplo, no se siente cómodo como referencia de área. (AP Photo/Natacha Pisarenko)Joaquín Freitas, por ejemplo, no se siente cómodo como referencia de área. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Así, más allá de las búsquedas fallidas del último mercado y de las explicaciones que en su momento dio Gallardo, el presente expone una realidad difícil de esquivar: River no tiene hoy un nueve definido. Y en un equipo que históricamente construyó gran parte de su poder ofensivo alrededor de esa figura, la ausencia ya no es un detalle, sino un problema estructural que el próximo mercado deberá resolver.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *