Scaloni al 100: la marca histórica que alcanzará el ciclo que marcó una época :: Olé

“Dale para adelante”. Ángel Omar se lo dijo tantas veces a su hijo. Tantas. Dale para adelante, Lionel. Se lo decía de chico, cuando lo pasaba a buscar volviendo de Córdoba, de cargar piedras, y lo llevaba de Pujato a Rosario para entrenar. También de grande, en el Depor o Lazio, en West Ham, en Atalanta. Siempre. Dale para adelante.

Porque nunca no hay un día después, pase lo que pase, en el que habrá que seguir. Se gane o se pierda, irremediablemente saldrá el sol y habrá que salir a trabajar. A hacerle frente a la realidad. Con “equilibrio”, que vale tanto para elegir una alineación como para la vida.

Y le dio para adelante, Lionel Scaloni, nomás. No una, ni dos. Miles de veces en la vida. Noventa y nueve en la Selección. La que aceptó agarrar provisoriamente cuando todavía era el deté de la Sub 20, caminando y meditando por las playas de Valencia con Pablo Aimar mientras dirigían el torneo de L’Alcudia.

Scaloni, ante Guatemala, en 2018 (AFP).Scaloni, ante Guatemala, en 2018 (AFP).

Su primera vez. Con valentía. Con altísimo nivel de locura: se lo dijo el Payasito cuando la decisión estaba recién tomada, se lo soltó Lionel Messi en la videollamada en la que el capitán se enteró de boca de su ex compañero en Alemania 06 que iba a comandar a la Selección.

Una Selección que estaba en crisis. Con los moretones de los golpes del pasado demasiado expuestos en la carne. Las tres finales perdidas, una con Alejandro Sabella y dos con Gerardo Martino. Los meneos post Tata, del Patón Bauza a Jorge Sampaoli. El Rusia-gate. La sensación de espiralización negativa. El vacío. La sensación de que hacía falta algo nuevo.

¿Mauricio Pochettino? ¿Marcelo Gallardo? ¿Diego Simeone? ¡¿Pep Guardiola?! No: Scaloni. Sorpresa. Caos. Dudas. Críticas por la falta de CV. Por la falta de “mérito”. Por tantísimas cosas. ¿Scaloni? ¿Quién es?

Nadie lo hubiera imaginado. Nadie. O quizás, algunos sí. Pocos. Demasiado pocos, aunque sabios. César Luis Menotti, el que le pidió a Claudio Tapia -ideólogo de que el Gringo tomara la posta para iniciar la renovación- que le diera confianza, que le extendiera su confianza más allá de la Copa América 19. Todavía no existía la Scaloneta.

Scaloni en 2019, con Messi en Mallorca (EFE).Scaloni en 2019, con Messi en Mallorca (EFE).

De hecho, si Franco Armani no hubiera atajado aquel penal a Derlis González frente a Paraguay, la historia hubiera sido otra. Contrafáctico, pues. Pero aquel torneo fue el que inició todo. El que forjó algo. Donde se vio un qué. Un tercer puesto con otro sabor. Con otro Messi, rebelde, declarando enojado. Casi Maradoniano.

Lo vio César. También José Néstor Pekerman, el que modeló la personalidad profesional de quienes se acababan hace ocho años de hacer cargo de la Mayor. Scaloni, Aimar, Walter Samuel. Hijos suyos.

Palabras sabias. “Tranquilos, porque lo que dicen es una realidad, y la realidad no se puede ocultar: sin experiencia, una Selección tan grande… Pero hay algo que ustedes tienen que tiene mucho valor. Desde muy jóvenes pasaron por todas las Juveniles, jugaron campeonatos Mundiales, estuvieron en situaciones muy críticas. Todas las vivieron. Ahora, juntos, pueden crear un nuevo equipo. Un recambio importante”.

José la vio, también. Porque el recambio existió. La vieja guardia quedó atrás, con excepciones que fueron ganándose un lugar: Angelito Di María, Nico Otamendi, el propio Lionel Messi. Pero también con rostros distintos con alguna o ninguna participación en la máxima. Rodrigo De Paul, #1 de participaciones en su ciclo. Leandro Paredes, Gio Lo Celso, Dibu Martínez, Cuti Romero, Nahuel Molina, Lautaro Martínez. Más acá en el tiempo, Julián Álvarez. Una nueva camada a la que Scaloni le logró ensamblar a Messi como integrante, no como superhéroe. Sin capas, voló. Creció. Explotó. Y ganó. Cortó una racha de 36 años sin ganar. Sin perder la ambición de querer seguir haciéndolo.

LioneL Scaloni alza el trofeo tras vencer 1-0 a Brasil en la final de la Copa América en el estadio Maracaná de Río de Janeiro (Tato Pagano/Prensa AFA).LioneL Scaloni alza el trofeo tras vencer 1-0 a Brasil en la final de la Copa América en el estadio Maracaná de Río de Janeiro (Tato Pagano/Prensa AFA).

La Argentina de Scaloni ha sido responsable de muchísimas cosas. De muchísimos goles. De muchísimas expectativas en estos 100 partidos que se cumplirán el viernes, en el Hard Rock Stadium de Miami, ante Cabo Verde. Logrará acercarse a don Guillermo Stábile, el único y último en haber alcanzado las tres cifras en partidos dirigidos (127) en dos ciclos entre el 41 y el 61. Algo que ni Menotti ni Carlos Salvador Bilardo lograron. Aunque no fue lo único en lo que superó al Flaco y al Doctor: él no dividió con su estilo, sino que cohesionó. Tiene hinchas esta Selección. Y un estilo que los atrae.

Un método que está vinculado estrechamente con el estilo de vida de Don Ángel: el seguir. Más allá de todo. De no creerse más que ningún adversario que pueda eventualmente considerarse superior por momentos (ante el Brasil de Tite en 2021 terminó con la vuelta olímpica en el Maracaná gracias al golazo de Angelito; la goleada a la Italia campeona de Europa fue otro ejemplo en la Finalissima). De no sentirse menos cuando aparecieron los golpes ante rivales supuestamente inferiores. De entender que había que entender que una derrota podía aparecer y que había que saber sobrellevarla, como ante Arabia Saudita en ese primer partido de 2022. Cuando se arrastraba un invicto histórico. ¿Y qué pasó? ¿Algo? Sí: Argentina fue campeona del mundo.

Ese espíritu Scaloni es el que continúa atrayendo. El que lleva a ese espigado cada vez con más cuerpo de ciclista, que se sube a la bicicleta para domar caminos cuando está de descanso, el que medita muchísimo cuando vuelve a Palma de Mallorca para estar con su familia.

El que pagó como un ser humano de carne y hueso y alma el post Qatar, el efecto del estrés que le trajo secuelas. El que abiertamente, con franqueza, dijo que necesitaba pensar bien qué hacer porque “la vara está muy alta” después de haberle ganado a Brasil (otra vez en Brasil) por Eliminatorias, cortándole un invicto.

El festejo de Scaloni en Doha (AFP).El festejo de Scaloni en Doha (AFP).

Una frase que preocupó a un país durante las Fiestas del 23. ¿Cómo se va a ir Scaloni? Pero no. Se quedó. Lo pensó. Lo habló con todos. Y se quedó. Y volvió a ganar, a reinventarse en la victoria en la Copa América 24, en la que siguió con ese proceso de retoques constante para que las generaciones emergentes tuvieran su lugar si así lo merecían.

Elevándole el listón a los históricos, que redoblaron esfuerzos, escucharon su mensaje y decidieron sus futuros (Montiel, Acuña, Julián) para mantenerse con rodaje. Para no quedarse afuera de ese lugar único. De esa Selección que volvió a parar a un país después de haber transitado demasiado tiempo en distintos purgatorios.

Es tan cierto que fueron los futbolistas los que ganaron las finales, los que bailaron a Francia en la mejor final de todos los tiempos, los que fueron todos Montiel en ese último penal en Lusail, como que el entrenador de 48 años fue el que les llegó al alma, al corazón. Los que les enseñó que había que “darle para adelante”, como decía su viejo.

Porque de eso se trata el método Scaloni. Esta Selección en la que brilla Messi, en la que vuela Dibu, en la que la rompen Enzo y Alexis, en la que juega buena parte de su cosecha, pero que tiene en el banco a quien la motiva para estar al 100.

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