Yamal, Messi y la metáfora del panal y la abeja :: Olé

El panal y la abeja. La metáfora filosófica fue exacta: el panal, por encima de la abeja. Luis De la Fuente lo explicó en su masterclass en el Javits Center. Con 65 años, entenderlo y transmitirlo es más sencillo que cuando tenés 19: ahí, el primer gran logro de Lamine Yamal. La figura que le pelea el póster del Mundial a Lionel Messi, al que comparan con Kylian Mbappé, el que miraba de chico a Neymar. Pero que quiere ser él para los suyos. Como Leo lo es para Argentina.

Yamal ha sido consciente de eso. “Puedo marcar muchos goles y, al final, quedar eliminados del torneo, y eso es algo triste”, le decía a la RTVE antes del Mundial, con altísimo nivel de madurez. El mensaje: es para ellos. Y a por ello. Síntesis de lo que piensa este joven que en su incipiente adultez personal está a las puertas de su estirón deportivo definitivo: ganar la copa del mundo superando a la leyenda con la que se crió cuando daba sus pasos iniciales en el Barcelona.

Lamine y Messi, frente a frente en las pantallas de Times Square (EFE).Lamine y Messi, frente a frente en las pantallas de Times Square (EFE).

“Dejar a Lamine ser Lamine”, pidió conceptualmente De la Fuente para ese chico que terminó con una fuerte paralítica luego del penal que le cometieron ante Francia, el que permitió abrir la serie de semifinales. El míster sabe que Yamal, consiguiendo su identidad futbolística, es capaz de demostrarle al mundo de qué se trata.

Pero el crack de La Masía ya lo está consiguiendo. Con sus palabras, con su sinceridad, con esa sonrisa de pibe de secundario que mezcla con la mirada dura de la ambición y con un discurso de hombre grande para hablar de los grandes. De Messi, su espejo, al que le dedica cuidadas palabras sin excederse. Parte de su evolución como deportista: no querer ser otro. “Para mí es el mejor jugador de la historia, alcanzar su nivel es imposible”. “Messi ha hecho su camino y yo voy a hacer el mío”. “Quiero que me recuerden por ser Lamine Yamal”. “Que te comparen con Leo,, lo mejor es no fijarte”.

Cada frase de Yamal resalta por su intención de no querer correr una carrera con la Pulga como Homero Simpson hacía con Thomas Edison. Un Messi que, entendiendo todo ese mundo en el que está habitando Lamine -si hasta en Alemania 2006 había una gigantografía suya equiparable a la del español en el edificio vidriado frente al Atlanta Stadium- buscó corresponderle. “Es de los mejores jugadores del mundo. El domingo intentaremos que no de su mejor versión. Lo seguí muchísimo porque juega en un club al que amo y al que siempre le voy a desear lo mejor”.

La foto histórica de Messi con Yamal. (AP Photo/Joan Monfort)La foto histórica de Messi con Yamal. (AP Photo/Joan Monfort)

Leo sabe de qué se trata. Por eso aunque se sorprendió con el giro poético del destino, de aquella foto tomada para una campaña de Unicef en la que un Lamine de pocos meses era bañado por un Lionel joven y sin barba a esta definición, 19 años más tarde, que paralizará a los futboleros. “Me hice una foto con él cuando era un bebé. Que estemos los dos en una final de la Copa del Mundo es increíble y una locura».

Messi es simbólicamente un ejemplo para Lamine, cuya infancia le ha permitido asimilar, canalizar y poner en dimensión cada obstáculo o prueba que la vida le pone por delante. Su tranquilidad para asumir la presión de una final, su forma pausada de hablar y la naturalidad con la que carga sobre sus hombros el peso de toda España no nacieron únicamente en La Masía. Se forjaron mucho antes, en una historia familiar atravesada por la inmigración, el sacrificio y las dificultades.

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Yamal es ícono hasta en China (REUTER).Yamal es ícono hasta en China (REUTER).

Antes de que existiera el fenómeno futbolístico hubo una abuela que cruzó sola desde Marruecos hasta Mataró sin papeles. Trabajó en tres turnos para ahorrar el dinero suficiente y traer a su hijo, Mounir Nasraoui, el padre de Lamine.

Del otro lado del continente, Sheila Ebana emigró desde Guinea Ecuatorial junto a su madre. Ambos terminaron encontrándose en Barcelona y comenzaron una vida marcada por las limitaciones económicas: una residencia para padres jóvenes, un comedor compartido, habitaciones prestadas y la incertidumbre de no saber dónde vivirían al día siguiente. «Vivíamos donde podíamos», recordó hace tiempo Lamine en RTVE.

La separación de Mounir y Sheila también aceleró ese proceso. Lamine se quedó viviendo con su madre en Granollers, mientras su padre regresó a Mataró con su abuela. La rutina era tan sencilla como exigente: colegio, entrenamiento y apenas unas horas para cruzarse con Sheila, que pasaba el día trabajando. Mientras otros adolescentes sólo pensaban en jugar, él ya entendía que detrás de cada entrenamiento había una familia haciendo sacrificios.

Viene de sufrir un fuerte golpe ante Francia (REUTER).Viene de sufrir un fuerte golpe ante Francia (REUTER).

Cuando apenas tenía 16 años, otro golpe: su padre fue apuñalado. Quiso correr hasta la estación para viajar a Mataró, pero su familia se lo impidió. La desesperación fue tan grande que les rogó que lo dejaran ir. No pudo. Recién cuando Mounir lo llamó desde el hospital para decirle que estaba bien pudo aliviarse. El fútbol ya lo ponía como un potencial Messi; en paralelo, la vida lo seguía curtiendo.

Quizá por eso hoy cuesta encontrar en Lamine Yamal los gestos propios de un adolescente. En cada conferencia responde sin estridencias. En cada partido parece inmune a la presión. Mientras millones lo observan esperando una genialidad, él juega con la serenidad de quien entiende que un partido, incluso una final del Mundial, nunca será más difícil que el camino que recorrió su familia para llegar hasta aquí. Su talento explica al futbolista. Su historia explica la madurez con la que, a los 19 años, liderará a España en la noche más importante de su carrera. Para ser uno más y brillar. Para que el panal festeje gracias a la labor de esta abeja.

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