George Russell tendrá que esperar al fin de semana de Monza para saber si Mercedes ha identificado realmente la causa de las anomalías que lo penalizaron entre Silverstone y Spa. El piloto inglés se quejó en varias ocasiones de una falta de rendimiento en las rectas, una sensación confirmada también por la comparación telemetría con el monoplaza gemelo de Kimi Antonelli. Las primeras comprobaciones realizadas por el equipo descartaron de inmediato una pérdida de potencia de la unidad de potencia o un déficit de velocidad máxima.
El panorama pareció desde el principio todo menos sencillo. En el primer sector de Spa, prácticamente a lo largo de todo el tramo comprendido entre La Source y la frenada de Les Combes, los registros cronométricos de Russell estaban de hecho en línea con los de Antonelli, un elemento incompatible con un simple problema de potencia.
Solo al término de la clasificación el equipo logró acotar el campo, identificando en el área de software el posible origen de la anomalía. La carrera de Russell, que terminó pocas curvas después de la salida, no permitió sin embargo verificar si la hipótesis era correcta.
Según ha sabido Motorsport.com, la causa fue identificada en una parte muy profunda del código de gestión de la unidad de potencia, una anomalía que requirió días de análisis antes de ser comprendida. En la práctica, el software anticipaba el uso de la energía eléctrica, consumiendo una cantidad excesiva en la primera parte de la vuelta.
El resultado era un desequilibrio en la distribución de la energía: lo que se ganaba inicialmente acababa inevitablemente pagándose en los sectores siguientes, cuando el piloto esperaba seguir teniendo potencia disponible. Es precisamente lo que se evidenció con mayor claridad en el último sector de Spa.
En Brixworth ya se ha introducido una corrección del software, pero hará falta la confirmación en pista. Hay quienes consideran que una parte menos determinante del problema también está relacionada con el estilo de conducción de Russell, que podría haber contribuido a amplificar los efectos de la anomalía.
Como explicó recientemente también Andrea Stella, las actuales unidades de potencia Mercedes están dotadas de una lógica adaptativa que memoriza progresivamente los hábitos del piloto, modificando la gestión energética en función de su forma de conducir. En presencia de una anomalía de software, este proceso podría haber acentuado aún más los efectos no deseados.
En Mercedes consideran, en cualquier caso, que han identificado la causa principal del problema. La buena noticia es que no será necesaria la sustitución de la unidad de potencia; el aspecto menos positivo es que la respuesta llegará solo en el fin de semana del Gran Premio de Italia. Ni el Hungaroring ni la siguiente cita de Zandvoort presentan características suficientemente similares a Silverstone y Spa como para verificar el comportamiento del sistema en las condiciones que hicieron aflorar el problema.
Para Russell, al menos en lo inmediato, hay en cualquier caso un aspecto positivo: en el trazado húngaro la disponibilidad de potencia en las rectas influye mucho menos en el rendimiento, lo que le permite afrontar el fin de semana sin la duda constante de estar siendo penalizado.
«Cuando tienes ese pensamiento fijo, se vuelve difícil concentrarte exclusivamente en ensamblar la mejor vuelta», explicó una fuente cercana al equipo, confirmando cómo el asunto acabó condicionando a Russell mucho más allá del simple rendimiento de la unidad de potencia.

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