El partido que Burkina Faso jugó ante la Selección Argentina en el Monumental fue mucho más que el 7-0 final a favor de los argentinos. Hubo un viaje de casi 20.000 kilómetros entre ida y vuelta, cambios de planes, más de 24 horas de vuelo y una delegación que apenas pudo permanecer muy poco tiempo en el país. De regreso en África, Nouhoun Koné habló con Olé y contó cómo vivió una experiencia que, pese al cansancio, difícilmente olvidará.
“Jugamos sin dormir ante Argentina”, resumió el futbolista al recordar las condiciones en las que los Etalons llegaron al amistoso. El recorrido, que debía desarrollarse con otra planificación, terminó convertido en una carrera contra el reloj. En menos de dos días, el plantel viajó desde Casablanca, Marruecos, hasta Buenos Aires, disputó un partido de máxima exigencia frente a la Scaloneta y emprendió el regreso a su país.
La delegación aterrizó en la Argentina alrededor de las 15.30 y tenía previsto volver a partir a las cinco de la mañana. Entre la ida y la vuelta, cerca de 24 horas transcurrieron en el aire, mientras que la estadía en suelo argentino se limitó a unas 13 horas y media. En ese lapso, los jugadores debieron prepararse para enfrentar al campeón del mundo, con el desgaste acumulado y el cambio horario como dificultades adicionales.
El viaje tampoco estuvo exento de contratiempos. El vuelo chárter que debía trasladar originalmente al equipo desde África había sido cancelado por un inconveniente técnico en la aeronave, según explicó el organizador del encuentro, Jairo Pachón. La situación obligó a buscar alternativas y algunos futbolistas inicialmente convocados decidieron no viajar por el cansancio acumulado. Finalmente, quienes llegaron a Buenos Aires tuvieron una oportunidad que, para Koné, justificó todo el esfuerzo.
“Fue un sueño para nosotros jugar contra Argentina”, contó el futbolista. Y agregó: “Lo más importante para nosotros era jugar este partido y lo hicimos con mucho gusto”. La posibilidad de medirse con la Selección Argentina representó una experiencia especial para los integrantes del equipo africano, incluso en un contexto que les dejó poco margen para descansar y recuperarse.
El horario también marcó la diferencia. Cuando el árbitro dio comienzo al encuentro, a las 21 de la Argentina, en Burkina Faso ya era medianoche. Con el cuerpo todavía adaptándose al viaje y sin haber podido dormir lo suficiente, los jugadores salieron a la cancha del Monumental para disputar un amistoso que terminó con una contundente victoria argentina por 7-0.
El delantero de 22 años, actual jugador del SFC Tenakourou de Burkina Faso, ingresó en su selección en el entretiempo y disputó los últimos 45 minutos del partido ante la Argentina. En ese tramo, completó seis de los siete pases que intentó, con una precisión del 86%, y tuvo una efectividad del 75% en campo rival, donde acertó tres de cuatro envíos. En campo propio, en tanto, fue perfecto: completó los tres pases que intentó en una segunda mitad en la que tuvo que afrontar el dominio de una Argentina que terminó imponiéndose por goleada.
Sin embargo, el resultado no fue lo único que Koné se llevó de aquella noche. El defensor destacó el trato que recibió de los futbolistas argentinos y, en particular, recordó un intercambio con Cristian Romero. “Hablé con varios jugadores argentinos, incluido Romero, que nos felicitó por nuestro coraje y también nos alentó durante el partido. Además, intercambiamos nuestras camisetas”, relató a Olé.
El reconocimiento tuvo un valor especial para un plantel que había atravesado tantas dificultades para llegar. En medio de la diferencia futbolística que reflejó el marcador, los jugadores de Burkina Faso también pudieron compartir momentos con algunos de los campeones del mundo y llevarse recuerdos de una jornada que quedará asociada a una experiencia fuera de lo habitual.
Y hubo otro regalo que convirtió la visita en algo todavía más significativo. “A todos nos regalaron una camiseta de Messi para que nos lleváramos de regalo”, reveló Koné. Una prenda del capitán argentino que los futbolistas africanos pudieron guardar como recuerdo de su paso por el país y de una noche en la que compartieron cancha con una de las grandes figuras del fútbol mundial.
Su amor por River y por Buenos Aires
El Monumental también dejó su marca. Los jugadores visitantes recibieron aplausos desde las tribunas cuando pisaron el césped y tuvieron la oportunidad de conocer uno de los estadios más emblemáticos del fútbol argentino. Para Koné, la dimensión de la cancha fue uno de los aspectos que más le llamó la atención.
“En Argentina prefiero a River. Su cancha me pareció muy grande. No me intimidó jugar ante tanta gente, sino que me dio más motivación”, explicó. Lejos de sentir el peso de un escenario imponente y de un público numeroso, el futbolista aseguró que el ambiente le dio un impulso extra para afrontar el partido.
La experiencia, además, le dejó ganas de regresar. “Me gustó la ciudad, me gustaría volver a la Argentina como turista o quizás para jugar en algún club del fútbol argentino”, contó. Una frase que abre la puerta a una futura visita, esta vez con más tiempo para conocer Buenos Aires y sin la urgencia de tener que volver a subirse a un avión pocas horas después de jugar.
La goleada quedó registrada en el resultado, pero la historia de Burkina Faso en la Argentina se explica también por todo lo que ocurrió alrededor de esos 90 minutos. Para Koné y sus compañeros, el desafío fue llegar, competir y regresar después de una travesía agotadora. Y, entre el intercambio de camisetas, los regalos de Messi y los aplausos en el Monumental, al futbolista le sobran motivos para decir que el viaje valió la pena.






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