Puede que los rulos ya no tengan la potencias de otros tiempos o que el negro azabache de esa melena que al ritmo del viento iba dejando defensores en el camino desparramando calidad ya haya sido superado por el tono ceniza de los años, pero lo que no cambió en Néstor Gorosito es su amor por San Lorenzo, al que decidió volver para hacerse cargo del equipo en un momento complejo.
“San Lorenzo es el equipo que yo elegí, no es que lo heredé. Soy muy agradecido y esto es como la amistad: cuando un amigo no está bien, uno tiene que ir y ponerle el hombro. Haremos lo imposible para que nos vaya bien”, soltó entre sus primeras palabras luego de ser presentado oficialmente como el nuevo entrenador.
Tras la abrupta salida de Gustavo Álvarez a horas del comienzo de la pretemporada por diferencias en la planificación y los jugadores a marginar con los dirigentes, se tantearon a varios candidatos y hasta estuvo a punto de cerrarse la llegada de Iker Muniain, pero un tema de habilitación truncó su arribo y entonces volvió a surgir la opción de Pipo, el técnico que con más fuerza había sonado desde un principio.
Días atrás quedó confirmado que se convertiría en el nuevo deté y este viernes finalmente se presentó ante el plantel, firmó su contrato por un año y fue anunciado oficialmente por el club a través de sus canales de comunicación oficiales. “Estoy contento de haber vuelto al club después de tanto tiempo”, aseguró.
Gorosito tuvo tres etapas como jugador en el Ciclón y a inicios de los 2000, en sus primeros pasos como entrenador, se sentó en el banco. 22 años después, volver era una cuenta pendiente. “Cada vez que se nombraba un técnico y yo no podía venir, sufría mucho”, contó.
El ciclo de Pipo comenzará el lunes (este sábado todavía estará Perazzo al frente del plantel en el amistoso ante Sarmiento y el domingo los jugadores tendrán libre) y todavía no se informó cuando se realizará la conferencia de prensa de presentación. “Acá viví la etapa más linda de mi vida como jugador y tengo dos hijas que son fanáticas”, concluyó un Gorosito que regresó a Boedo por amor…




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