Cómo escribir después de ver semejante locura, después de un partido de época, de otra vez correr desde atrás, de otra vez sufrir. Pero el de arriba tiene guardadas más cosas para vos Leo y vos para el fútbol. Entonces a gozar, a cantar “un minuto de silencio, para Inglaterra que esta muerto”. Lionel Messi, a lo Diego. Sí, en su primera vez contra Inglaterra.
Otra vez en andas, otra vez. Enzo Fernández, el pibe que le escribió la carta, lo sube a cocochito y el estadio delira. No hay dudas quién es el mejor de la historia, el Dios del fútbol. Cuando parecía que la Selección iba a jugar por el tercer puesto, no se rindió. Y los chicos que lo bajaron del poster y que ahora son amigos, la rompieron toda en ese cuarto de hora para el recuerdo.
Otra vez había que remontar, pero vos otra vez te pusiste la capa. Y a volar. Con la fuerza de Diego y de los pibes de Malvinas, no te cansaste nunca y a los 39 años, con el cuerpo gastado de tanto gambetear, lo hiciste. Primero un pase para que Enzo invente un golazo que merece un cuadro y después, sí, Leo, como en Grandoli, como en Newells, como en las Inferiores del Barsa. Sí, como wing, para gambetear dos ingleses y ponerle el centro en la cabeza a Lautaro, para el delirio total.
A festejar Leo, ojalá que haya otra épica más el domingo, pero quién te quita esta alegría pisando los 40 y saldaste el único pagaré que te faltaba en la vida: ganarle a los ingleses.. Cuando pensaste que ya no era tu momento, que lo mejor había pasado en Qatar, estás jugando un Mundial increíble y es increíble que vaya a ser el último. Porque con este nivel podés jugar hasta cuando quieras. Porque otra vez, como en los últimos mata-mata, parecía que las cosas no salían y decidiste que no podías jugar por el tercer puesto en el último partido en un Mundial.
Empecinado fuiste y fuiste. Como tu grupo, ese que destacás y entonces el nosotros por delante del yo. Hasta que ese arquero que parecía la reencarnación de Fillol no pudo, se rompió el arco e Inglaterra pareció aun más apichonado. Vos movías los brazos pidiendo más aliento e ir por todo antes del alargue. Y así fue. A galopar como a los 18, a asistir y a delirar.
“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Que esta película no se termine nunca.


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