
River, Gimnasia, Central, Racing, Belgrano, Unión, Argentinos y Huracán ya están clasificados a los cuartos de final, donde competirán por meterse entre los mejores cuatro del torneo. Votá a tus candidatos para pasar a las semis.


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El Millonario pasó a cuartos en un partidazo! River venció 4 a 3 por penales a San Lorenzo después de igualar 2 a 2 en el tiempo …


10/05/2026 22:32hs.
Beltrán. Santiago Beltrán. San Beltrán. ¿Cómo se le puede decir a este gigante de 21 años? A este arquero que, así como así, se bancó debutar en Primera de urgencia por la lesión de la leyenda Armani. A este pibe que parece un experimentado de toda la vida y se adueñó del arco más grande del mundo. Al mejor jugador de River del 2026, que no para de salvar al equipo. ¿Cómo se le dice?
Es enorme. Y no solo por su imponente altura: el Millonario no estaría festejando en la infartante noche de domingo del Monumental si no fuera por su inmejorable performance en la tanda de penales contra San Lorenzo. Una actuación que, en realidad, es la reafirmación de un 2026 de ensueño para Santi: especialista en crecimiento en la materia, atajó dos y fue clave para el que se fue por arriba del travesaño.
Porque Beltrán, quien recién disputó su 22° partido en Primera (todos este año), soportó la presión de pararse frente a los jugadores del Ciclón estando match point en contra. Sabía que no había podido en los de Insaurralde, Corujo y Herazo, todos muy bien pateados. Pero se plantó y se hizo gigante contra Gregorio Rodríguez, a quien le adivinó la intención de rematar cruzado: fue la clave para darle vida nuevamente al equipo y aumentar al máximo su confianza.
Y tras la concreción de Montiel, se puso en modo Dibu Martínez y le empezó a hablar a Nacho Perruzzi, a quien conoce de haberse enfrentado en Inferiores (de hecho, jugaron en contra en un River-San Lorenzo de Reserva del 15 de agosto del 2024). “¡Nacho, Nacho!”, le decía, mirándolo con una sonrisa. El objetivo era ponerlo nervioso, y así lo hizo: el joven volante tiró su penal muy por arriba.


10/05/2026 22:26hs.
Tras un tremendo 2-2 en tiempo extra, River le ganó a San Lorenzo 4-3 por penales y se metió así a los cuartos de final del Torneo Apertura este domingo por la noche en el Monumental. Victoria sufrida del Millonario y con su arquero Santiago Beltrán como figura, atajándole dos tiros en la tanda al Ciclón, que había tenido ni más ni menos que dos oportunidades para meterla y llevarse el triunfo.
El que pateó primero fue el equipo del Chacho Coudet, con un gol de Juanfer Quintero, quien abrió la zurda y pateó fuerte a media altura. Luego, le tocó a Giuliano Galoppo y ahí llegó el primer fallo: un tiro muy despacio al medio que Orlando Gill leyó bien y atajó con su pie. Después, Maximiliano Salas convirtió pero entonces llegó el otro disparo errado que puso a San Lorenzo match point: el de Kendry Páez, quien abrió la zurda como el colombiano pero, esta vez, el arquero paraguayo adivinó y se quedó con la pelota.
Entonces, en el cuarto penal de San Lorenzo, Gregorio Rodríguez tenía todo para liquidar la tanda, pero sacó una derecha cruzada abajo y Beltrán atajó. Y en la segunda oportunidad para sentenciar el triunfo, es decir, en el quinto tiro del Ciclón, Ignacio Perruzzi la quiso poner fuerte al medio y la mandó por arriba del travesaño.
Con la cosa igualada y el Millo crecido en confianza, Jeremías Freitas metió un derechazo fuerte y abierto y, posteriormente, Mathias De Ritis tiró una zurda cruzada que fue atajada por Beltrán, rebotó en el palo, recorrió toda la línea del arco y finalmente se desvió para que los hinchas de River, que un rato antes cantaban «que se vayan todos», festejen desahogados.


Jugó solo arriba, más cuando el equipo se quedó con 10 y fue puro sacrificio: corrió todas, ganó de arriba y retrocedió siempre. En el PT tuvo una y, de cabeza, abrió la cuenta y en el ST casi moja pero Beltrán le ahogó el grito.

Los técnicos, los futbolistas y los dirigentes muchas veces le temen al peso específico de la palabra fracaso. Prefieren soslayar el uso del término. Suavizarlo. En este caso, no existe una forma más precisa para definir el semestre de Independiente. La derrota frente a Rosario Central por 3-1 en el Gigante de Arroyito, que dejó al equipo de Avellaneda eliminado del Torneo Apertura en octavos de final, fue la consumación de un fracaso estruendoso.
La responsabilidad de ninguna manera es exclusiva del entrenador, Gustavo Quinteros, sino que también recae sobre los jugadores. Y fundamentalmente, en las desvencijadas espaldas de los dirigentes. El Rojo, que este año no tiene competencia internacional por no haber logrado clasificar ni siquiera a la Copa Sudamericana, quedó afuera del campeonato y ahora se entrenará durante dos semanas sin ningún objetivo por delante. Lo hará sólo para cumplir, porque el próximo partido de Copa Argentina se jugará recién después de la Copa del Mundo.
El Rojo tiene un plantel huérfano de líderes con sentido de pertenencia. No emergen caudillos. El vestuario está prácticamente acéfalo. Y la ausencia de una potente voz de mando se suma a un cúmulo de indisimulables carencias que se pagan con pésimos resultados deportivos. Después del gol de Gabriel Ávalos, quien sentenció el 1-0 parcial para el Rojo, Central estaba desorientado y para el cachetazo. Fue en ese momento cuando su máximo referente, Ángel Di María, tuvo una aparición providencial. Fideo arengó, levantó a la tropa, puso su experiencia y su talento inoxidable al servicio del grupo, se decidió a empatar el partido y lo hizo con un golazo de zurda en la agonía del primer tiempo. En contraste, nadie despertó al Rojo cuando le dieron vuelta el partido. No hubo una voz capaz de despertar una reacción. Así, la derrota se presentó como un desenlace inexorable.
El capitán de Independiente es Rodrigo Rey, con todos los riesgos que implica el hecho de que un arquero porte el brazalete. Desde esa posición, casi todas las jugadas quedan lejos. Para conducir desde el arco se requiere una personalidad avasallante como la de José Luis Chilavert. Un temple que el arquero del Rojo, claramente, no posee. El otro referente de Independiente es Iván Marcone, quien a fines de 2024 decidió renunciar a la capitanía porque el rol le resultaba incómodo y representaba una carga. «Quiero enfocarme en jugar y disfrutar», explicó. Federico Mancuello es quien tiene más antigüedad y le renovaron el contrato por ese motivo, pero el hecho de no jugar atenta contra cualquier posibilidad de ejercer ese rol. Al no estar en el campo de juego, indefectiblemente se pierde peso.
La máxima responsabilidad por no haber logrado constituir liderazgos sólidos e indiscutibles en el vestuario recae sobre quienes conducen los destinos del club. Son ellos los que no lograron traer, consolidar y encumbrar a una figura que asuma esa función con naturalidad y no de forma forzada.
Independiente, además, tiene un plantel desbalanceado y con escaso recambio en algunos puestos. Eso quedó en evidencia en el partido ante Central. Los rosarinos, que no pudieron contar con piezas claves como Jaminton Campaz y Alejo Veliz, quien llegó con lo justo por una molestia física y entró recién sobre el final, lograron suplir sus ausencias. En el complemento, los ingresos de Giovanni Cantizano y Elías Verón, autores de los últimos dos goles del encuentro, revitalizaron al Canalla. En el Rojo, las variantes no sirvieron para oxigenar y cambiarle la cara al equipo.
A Independiente le faltan variantes en la mitad de la cancha. Hay pocos volantes con contracción a la marca, capacidad para contener, recuperar y mostrar presencia con pierna fuerte cuando las circunstancias lo requieren. Marcone no tiene acompañamiento en esos menesteres. Rodrigo Fernández Cedrés, últimamente muy impreciso en la entrega de la pelota, no ha estado a la altura de las circunstancias en la mayoría de los partidos que le tocó jugar. El Rojo suele ser frágil en defensa no sólo por falencias de la última línea, sino también porque el medio es vulnerable y el equipo queda partido, largo e inconexo.
A la ausencia de liderazgos consumados y la mala conformación de un plantel que quedó desbalanceado, se suma el hecho de que el entrenador, Gustavo Quinteros, aún no logró darle su impronta al equipo. Independiente es un conjunto inestable, capaz de mostrar lo mejor y lo peor, incluso dentro de un mismo partido. No se advierte con nitidez un patrón de juego, una identidad, un sello característico. La idea que pretende el técnico, quien demostró sus enormes capacidades y supo armar un conjunto de autor en Vélez y en casi todos los clubes en los que estuvo, por ahora no se vislumbra en este Rojo. Sólo jugó realmente muy bien contra Defensa y Justicia (3-1) y durante 70 minutos ante San Lorenzo (2-1).
Independiente no pudo aprovechar ni siquiera la presencia de un Gabriel Ávalos que en este semestre estuvo en estado de gracia. Los diez goles que convirtió en 17 partidos certifican su buen momento. Pero el impacto de su influencia se diluyó en los problemas estructurales de un conjunto frágil en materia futbolística y anímica. El aspecto mental, está claro, también tiene injerencia. El año pasado, Independiente bajo la vara de los objetivos planteados y ni siquiera pudo clasificar a la Copa Sudamericana. Tropezó cada vez que tuvo que disputar un partido decisivo para alcanzar una meta. Ahora venía entonado después de ganarles a Racing (1-0), empatar con Boca en la Bombonera (1-1) e imponerse frente a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro (2-1).
El duelo frente a Central era la oportunidad de superar una prueba que Independiente hace rato necesita aprobar. Una barrera que precisa romper. Pero el equipo dirigido por Quinteros, que había hecho un aceptable primer tiempo, se derrumbó en el complemento. No tuvo reacción. Ni siquiera pudo dar pelea hasta el último minuto. Se quedó sin combustible, sin ideas y desahuciado. Independiente lleva más de 23 años sin dar una vuelta olímpica a nivel local. Para que la espera se termine, van a tener que cambiar muchas cosas. De lo contrario, la prolongación del suplicio será una lógica y dolorosa secuela de una herida que nunca termina de cicatrizar.

10/05/2026 20:56hs.
Para Racing, el triunfo sobre Estudiantes fue mucho más que el pase a los cuartos de final. Fue el desahogo, el fin de una racha de siete partidos sin triunfos por toda competencia. Fue un manto de paz después de semanas muy agitadas, del enojo profundo de los hinchas. Un alivio fue para Gustavo Costas, quien se sacó de encima una carga muy pesada, esto reflejado en su propia revelación de lo que sucedió luego de la caída por 2-1 en Brasil, por la Copa Sudamericana.
“Sosa (Santiago), después del partido con Botafogo, me vio mal y me vino a golpear la puerta a las 3.30 de la mañana en Brasil para levantarme el ánimo y me dijo: ‘Quedate tranquilo que vamos a ganar y vamos a salir campeones’”, confesó el técnico, con un semblante renovado, ya sin la desazón de días anteriores.
Racing se plantó con mucha autoridad ante el Pincha en La Plata y se llevó una victoria muy reconfortante. “Era la última bala que nos quedaba -admitió- y la aprovechamos. Estuvimos hablando mucho en la semana; me tocó ser más psicólogo que técnico. Se jugó un gran partido, se ganó en una cancha muy difícil, contra uno de los mejores equipos de Sudamérica. Estamos a dos fechas de otra final”.
A diferencia de otros juegos, a Costas lo tranquilizó que el equipo dejara de cometer “los horrores defensivos” como con Botafogo. «Veníamos de partidos donde no merecíamos perder pero cometíamos errores que nos costaban goles. Hoy (este domingo) hicimos un gran partido en una cancha difícil contra uno de los mejores equipos de Sudamérica», resaltó.
Y agregó el DT: «Estoy muy orgulloso de los chicos porque dejaron todo; sabíamos que nos quedaba una bala y la aprovechamos. Estamos unidos. Hubo chicos que dejaron todo en la cancha. Ahora, este miércoles (ante Rosario Central) se viene otra final.
Con respecto al desarrollo del encuentro, Costas analizó que «Racing manejó el partido, especialmente en el primer tiempo, y tuvimos muchas llegadas; donde más fallamos fue en la definición dentro del área». Y a su vez, aclaró: «Me voy conforme porque no dejamos jugar a Estudiantes, lo presionamos muy bien y estuvimos finos con la pelota».
También destacó algunas individualidades. «Hubo puntos muy altos. El caso de Tomy (Conecny) es para destacar: se mató por el equipo jugando en una posición en la que no está acostumbrado y lo hizo bárbaro. Matko (Miljevic) también… Entró 10 o 15 minutos y se acomodó rápido a lo que necesitábamos. Zaracho hizo un gran partido y Sosa estuvo muy bien. Todos aportaron lo suyo», señaló.
“Esperamos recuperarnos bien físicamente. El miércoles tenemos otra final y sabemos -se entusiasmó el DT- que estamos a dos fechas de poder estar en una instancia decisiva”. Tenemos que aprovechar este envión y seguir más juntos que nunca”.


10/05/2026 20:33hs.
Deluxe. Cuando la pelota quemaba, se juntaron el jugador de campo más regular de River en el año y el más talentoso, siempre que está con la lamparita encendida. La cosa no estaba fácil contra un San Lorenzo que se replegaba con lo que podía con uno menos en el Monumental, hasta que Juanfer Quintero volvió a aportar su magia y Marcos Acuña terminó con calidad una jugada que él mismo había empezado. Golazo.
Hubo paciencia, cosa que le venía faltando al equipo del Chacho Coudet y que necesitaba para romper el bloque bajo rival. Porque el Huevo, de gran partido y mejor semestre (pese al flojo rendimiento colectivo), optó por no ir hasta el fondo por la izquierda, enganchar para su derecha y encontrar al colombiano. Pero su mérito fue no quedarse estático y picar al espacio, algo que desconcertó a la última línea del Ciclón.
Ahí apareció la varita del 10, quien con la zurda colocó un pase en habilitación excelso, que cayó por detrás de un Herrera que estaba tomando a Colidio: fue tan rápida la conexión que no le dio tiempo a retroceder a Tripichio, quien había salido con Acuña hasta afuera del área. Impacto inmediato de Juanfer, quien había ingresado en el entretiempo y 10 minutos después aportó su cuarta asistencia en el año (además, tres goles).

La Academia a Cuartos! Con gol de Santiago Sosa, Racing le ganó 1 a 0 a Estudiantes por los #OctavosDeFinal del …


En el gol con el que San Lorenzo abrió la cuenta en el Monumental por estos octavos de final del Apertura hubo muchos méritos del centro del Perrito Barrios y el cabezazo de Rodrigo Auzmendi, pero también fue propiciado por una serie de errores defensivos en cadena. Algo que se viene repitiendo en River y que, 11 contra 10, fue innecesario.
Primero, porque viene de un saque de arco de Gill. De Ritis ganó en el cabezazo y Barrios recibió con mucha comodidad tras un pase de Auzmendi: a River no le faltaba gente, pero rodeó mal al receptor. Ahí, Martínez Quarta falló en salir tan lejos casi como un lateral derecho a tomar al extremo del Ciclón, al que encima le dio la ventaja del perfil diestro para que pudiera tirar el centro.
Con Montiel tomando a De Ritis (quien le había pasado por detrás a Barrios), Moreno marcando la zona por el medio y Acuña retrocediendo por la otra banda, en el área insólitamente River quedó mano a mano. Eso, sumado a un grosero error de Lautaro Rivero en el cálculo del centro, fue un combo letal: al marcador central zurdo le pasó la pelota por arriba, lo que le permitió a Auzmendi cabecear solo al gol. Nada que hacer para Beltrán, a quien la pelota le cayó lejos.