Los rallies son una disciplina a la que Arvid Lindblad se gustaría dedicar en el futuro, una vez finalizada su etapa en la Fórmula 1, tras haber probado un coche del Campeonato del Mundo de Rallyes en el Festival de la Velocidad de Goodwood.
El debutante de RB se subió a un M-Sport-Ford Puma Rally1 para afrontar la etapa de grava forestal de 1,9 millas, estrecha y sinuosa, diseñada por el difunto Hannu Mikkola, campeón del mundo de rallies en 1983.
Lindblad se sentó primero en el asiento del copiloto para recorrer el tramo junto a la estrella del equipo M-Sport-Ford WRC, Jon Armstrong, antes de ponerse él mismo al volante. El joven de 18 años afirmó que la experiencia le había permitido apreciar de una forma nueva a los pilotos de rally, y el británico reveló además que el rally es algo que admira desde hace tiempo y que se plantearía dedicarse a ello tras su carrera en la F1.
«Ha sido increíble, así que, para empezar, gracias a Jon y a los chicos de aquí por la oportunidad, ya que es la primera vez que hago algo así», declaró Lindblad en la retransmisión en directo del Festival de la Velocidad de Goodwood.
«Conducimos bastante rápido [en Fórmula 1] y no diría que tuviera miedo, pero sí que estaba muy fuera de mi zona de confort y me quedé muy sorprendido. Fue una experiencia increíble; es tan diferente a lo que estamos acostumbrados que no puedo más que admirar a estos chicos. Es muy diferente. Me lo pasé genial.
«El rally es algo sobre lo que he estado aprendiendo más y, de hecho, últimamente me ha empezado a gustar más; es algo a lo que me gustaría dedicarme algún día, una vez que haya terminado con mis proyectos actuales.
«Ahora que he tenido mi primera pequeña toma de contacto, valoro un poco más lo que hacen estos chicos, porque las cámaras y las imágenes a bordo no lo muestran realmente. Es increíble, es muy rápido y estás muy cerca de los árboles; es veloz, y es realmente impresionante lo que hacen estos pilotos».
Del mismo modo, Armstrong, que compite en su primera temporada en la máxima categoría del WRC, disfrutó compartiendo su Puma con su compañero Lindblad, también piloto de Ford, que debutó este año en la F1.
«Me encantó llevarlo a dar una vuelta y fue estupendo ver lo mucho que disfrutó de la experiencia desde el punto de vista de la conducción», afirmó Armstrong.
«Es increíble [el trabajo que está haciendo en la F1] y creo que los pilotos de F1 lo tienen difícil al llegar, ya que tienen que intentar demostrar su valía de inmediato.
«No es fácil y tienes que aprender compitiendo contra pilotos con mucha experiencia; además, todo depende del coche que te toque, y cada equipo tiene su propio ritmo. Tienes que rendir por encima de tus posibilidades y creo que él lo ha estado haciendo».
Armstrong volverá a la acción esta semana, cuando el WRC se desplace a Estonia para disputar el primer rally rápido sobre grava de la temporada.
En realidad no soy muy oyente de podcasts con temática de Formula 1, ya que es un poco como llevarse el trabajo a casa incluso en el mejor de los casos. Qué me impulsó a escuchar la aparición de Sergio Pérez en el High Performance Podcast un domingo por la tarde de camino al supermercado era un misterio. Y aun así, allí estábamos, prescindiendo de los habituales podcasts caprichosos y de la rotación habitual de EPs de Getdown Services en el viaje a Tesco.
Presentado por el exanfitrión de F1 de la BBC Jake Humphrey, su podcast ha logrado generar suficiente tirón como para reunir una nómina bastante completa de invitados de F1, ofreciendo comentarios bastante perspicaces sobre su vida en la máxima categoría.
Checo Pérez habló con relativa franqueza sobre varios temas: llegar a Europa a una edad temprana para buscar fortuna, tener que familiarizarse con el sistema legal del Reino Unido para empujar a Force India hacia la administración concursal y salvar al equipo de una orden de liquidación por parte de un proveedor impagado y, más tarde, su paso a Red Bull tras perder su asiento en la escudería de Silverstone justo antes de transformarse en Aston Martin. Pérez teorizó que, sin su sorprendente victoria en el Gran Premio de Sakhir de 2020, disputado en el perímetro exterior del circuito de Bahrain (oye F1, ¿qué tal si lo traes de vuelta?), no habría estado en la contienda para reemplazar a Alex Albon en el equipo.
Inicialmente, el mexicano quizá había sido el compañero de equipo más fuerte al que Verstappen se había enfrentado desde que Daniel Ricciardo se marchó. No era tanto que solo hubiera conseguido una victoria en 2021, con el triunfo en su eterno coto de caza feliz en Bakú, sino lo que hizo por Verstappen en la, ejem, polémica final de Abu Dhabi, proporcionándole a su compañero un rebufo para la pole, y más tarde reteniendo a Lewis Hamilton para echarle una mano a su compañero. El título de ‘Ministro de Defensa mexicano’ le fue otorgado a Pérez, que esperaba que el reinicio reglamentario de 2022 presentara una oportunidad para presionar más de cerca a Verstappen.
Tras un sólido 2022, en el que Pérez ganó dos veces y acumuló una ráfaga de podios a lo largo del año – aunque todavía como el diligente número 2 de Verstappen – abrió 2023 con una forma arrolladora y realmente parecía que podía llevar la lucha por el título a su compañero de equipo en las primeras etapas. Ambos pilotos de Red Bull, equipados con el poderoso RB19, tenían dos victorias cada uno tras las cuatro primeras rondas. Pérez luego logró la pole en Miami cuando Verstappen no consiguió marcar tiempo, pero este fue el punto de inflexión; el neerlandés alcanzó y adelantó a Pérez en las últimas fases de la carrera, pese a salir desde una modesta novena posición. La moral del mexicano pareció venirse abajo a partir de ese momento, encontrándose luchando contra maquinaria inferior mientras Verstappen arrasaba victoria tras victoria en una de las temporadas más dominantes jamás concebidas.
En su reciente aparición en el podcast, Pérez reiteró una frase que ya había dado en 2023: que el entonces jefe Christian Horner le dijo que Red Bull era prácticamente un equipo de un solo coche, y que corría con dos coches por obligación. «La primera vez que conocí a Christian, me dijo: ‘Corremos con dos coches porque tenemos que hacerlo; de lo contrario, estaríamos súper contentos de correr solo con un coche. Todo es para Max, alrededor de Max. Queremos ganar el campeonato’», afirmó.
Un frente unido: Red Bull disfrutaba de su consagración en 2023… hasta que todo empezó a desmoronarse.
Photo by: Simon Galloway / Motorsport Images
La falta de estabilidad en el segundo coche no ayudó. Cuando Ricciardo se marchó a Renault, quizá percibiendo que el poder en el equipo empezaba a desplazarse, Pierre Gasly fue colocado en el coche e inmediatamente tuvo problemas con el tren delantero puntiagudo con el que Verstappen trabajaba con facilidad. Cuando las actuaciones de Gasly no se consideraron a la altura, Albon fue reclutado tras media temporada, y tuvo exactamente los mismos problemas que su predecesor.
Pérez, con más experiencia, parecía que podía manejar el coche. Pero el consenso durante 2023 fue que, a medida que las mejoras del RB19 hacían que Verstappen estuviera más satisfecho con el manejo del coche, la confianza se desplazó algo lejos de Pérez. Lo mismo podría decirse de 2024, aunque el RB20 de ese año se volvió demasiado extremo para Verstappen, quien lo calificó de «monstruo inmanejable». Y así, Red Bull volvió a lo de siempre después de que Pérez fuera despedido a final de año; Liam Lawson duró dos carreras, fue cambiado por Yuki Tsunoda, y ninguno tuvo realmente la oportunidad de adaptarse a la naturaleza del paquete de Red Bull.
Retrocedamos un segundo; si la afirmación de Pérez de que Red Bull estaba diseñado a la medida de Verstappen es correcta, entonces es interesante ver la progresión del equipo desde ahí. En el antiguo núcleo formado por Horner, Helmut Marko, Adrian Newey, Gianpiero Lambiase, Jonathan Wheatley, et al., Verstappen tenía detrás un equipo que estaba encantado de que así fuera. Y si tienes un segundo asiento propenso a la rotación, tendría todo el sentido basar la dirección técnica en el piloto que a) es un talento generacional y uno de los pilotos más notables jamás vistos en F1, y b) probablemente se mantendrá firme.
Por supuesto, las cosas cambiaron durante 2024 y un par de años después del fallecimiento de Dietrich Mateschitz. El dominio de dos décadas de Horner sobre los asuntos del equipo se aflojó cuando se le imputaron acusaciones de mala conducta, y se filtró a todo el paddock un álbum de mensajes de WhatsApp que supuestamente eran sus comunicaciones con una empleada del equipo. Las sacudidas continuaron justo cuando Horner parecía haber superado lo peor de la tormenta, ya que se sabía que él y Marko discrepaban en varios puntos sobre la dirección del equipo. Horner buscó consolidar su poder con el lado tailandés de la propiedad de Red Bull GmbH, mientras que Marko se alió con el lado austriaco.
Mekies parece haber aportado equilibrio al equipo. Hadjar está haciendo un buen trabajo en su segunda temporada, y realmente le está aguantando el pulso a Verstappen en términos de ritmo a una vuelta
El entorno de Verstappen también apoyó a Marko. El cisma interno pareció ser una de las razones por las que Newey se marchó a Aston Martin, evidentemente buscando una vida tranquila en una estructura menos conflictiva, mientras que Wheatley se fue a Suiza para un breve periodo como director del equipo Sauber/Audi.
La eventual destitución de Horner no fue del todo sorprendente en cuanto al resultado, pero sin duda lo fue en cuanto al momento; la guerra intestina e interna en Red Bull parecía haber remitido, con Horner y Marko mostrándose ligeramente más cómodos en compañía del otro.
La llegada de Laurent Mekies como director del equipo pareció poner fin a las luchas políticas en Milton Keynes, y el francés puso orden para asegurarse de que no solo se atendiera a Verstappen, sino también para ayudar a Tsunoda con sus dificultades con el coche de Red Bull. Este último punto no terminó de funcionar, ya que Tsunoda fue finalmente depuesto por Isack Hadjar, pero la llegada de Mekies coincidió con el entonces improbable desafío de Verstappen por el título de 2025.
Mekies ha logrado reunificar la estructura de Red Bull, aunque 2026 no ha sido un camino sencillo.
Photo by: Max Slovencik / Getty Images
Aunque Red Bull está encontrando la vida más difícil esta temporada con un chasis RB22 de Jekyll y Hyde, Mekies parece haber aportado equilibrio al equipo. Hadjar está haciendo un buen trabajo en su segunda temporada, y realmente le está aguantando el pulso a Verstappen en términos de ritmo a una vuelta. El ritmo de carrera todavía se le escapa un poco al francés, pero debemos recordar que es solo su segundo año en F1.
Claro, Verstappen ha estado algo descontento con el coche, pero eso no le ha impedido encadenar algunas actuaciones de la vieja escuela con él – piensa en Montreal y Austria. Verstappen sigue siendo el piloto principal, pero Hadjar está recibiendo las oportunidades para rendir junto a él.
Entonces, ¿ha merecido la pena todo esto? En el punto álgido de las preocupaciones en torno a Horner, Jos Verstappen pronosticó que «el equipo corre el peligro de quedar hecho pedazos» y que «va a explotar»; sin querer hablar por él, le habría complacido el resultado inicial en 2025, pero quizá menos la salida de Marko.
¿Ha sido, en última instancia, de alguna ayuda para su hijo?
En todo caso, podría argumentarse que ha ocurrido lo contrario; uno por uno, el eje Verstappen se ha ido marchando. Newey se fue, Horner (que seguía dispuesto a respaldar al tetracampeón) fue despedido, Marko se marchó a finales de 2025, y ahora Lambiase tiene previsto unirse a McLaren en 2028. No es de extrañar que hayan surgido rumores sobre Verstappen manteniendo conversaciones con McLaren, ya que la estructura interna de Red Bull ha cambiado mucho respecto a la que presidió los años de gloria del neerlandés.
Hace un año más o menos, se podía decir que este seguía siendo el equipo de Verstappen; él y el coche eran uno, persiguiendo a la pareja de McLaren como un tiburón dando vueltas, y plenamente respaldado por un equipo voraz que esperaba continuar su exitosa racha en la era del efecto suelo. Hoy es un poco más difícil decir eso cuando Verstappen está evidentemente decepcionado de que no se lo escuche, o expresando su decepción con el coche, o considerando activamente otras oportunidades laborales.
Verstappen no parece muy entusiasmado con la idea de tener que conducir un ladrillo…
Photo by: Sam Bagnall / Sutton Images via Getty Images
Eso no quiere decir que Red Bull no necesitara una renovación, pero necesitaba definirse: ¿era un equipo de Formula 1, o el equipo de Formula 1 de Max Verstappen? Optar por lo primero quizá no habría ocurrido bajo su gestión anterior.
Así lo expresó Pérez en su aparición en High Performance: «Hubo momentos muy duros, periodos muy difíciles también hacia el final. La presión y todo el mundo internamente. Tuvimos demasiado éxito. Así que la gente se aburrió, creo, y estaban peleándose entre ellos y todo el drama alrededor del final, pero fueron cuatro años fantásticos».
Y eso es todo, ¿no? Cuando las cosas van bien, la gente quiere meter la cuchara, sin importar cómo haga que sepa el pastel después. La lista de deseos de ciertas personas dentro del campamento de Red Bull se ha cumplido por completo… pero no ha tenido el efecto que querían.
Hadjar ha estado más cerca de Verstappen de lo que a este le habría gustado…
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En las inmediaciones del Undergrownd de Atlanta, mientras se desarrollaba el banderazo, se produjo una gresca entre barras de Huracán y San Lorenzo. Un episodio aislado, que se sumó a algunas grescas dentro del pogo, y que -según trascendió- acabó con intervención policial.
El hecho, según pudo reconstruir Olé en base a los testigos, fue al margen del evento festivo en el que los fanáticos de Argentina arengaron a la Mayor en Georgia, a horas de la semifinal ante Inglaterra. Entre hinchas se arrojaron mesas y sillas que había en el lugar antes de que intercedieran los efectivos.
Aunque el evento se había desarrollado con normalidad, en parte por la gran presencia de fuerzas de seguridad (Policía de Atlanta y el FBI), este enfrentamiento salpicó el momento, que sólo había tenido un breve impasse de tensión cuando un fanático inglés se mostró con la Copa a cococho de otro británico.
En los Estados Unidos se dispuso un impresionante operativo de Seguridad en la víspera del Argentina-Inglaterra, considerado de alto riesgo, el más complejo por contexto de toda la Copa del Mundo.
La Federación de Básquet de Entre Ríos (FBER) dio inicio a los trabajos de las preselecciones provinciales de la categoría U13, tanto en la rama masculina como femenina, con dos jornadas de entrenamiento desarrolladas en las instalaciones del Club Huracán de Villaguay. Las actividades marcaron el comienzo del proceso de preparación con vistas a los Campeonatos Argentinos de Selecciones.
El jueves 9 de julio fue el turno del selectivo masculino, que reunió a 27 jugadores provenientes de distintos puntos de la provincia bajo la conducción de los entrenadores Gerónimo Díaz Vélez y Juan Ignacio Conti. Durante la jornada se realizaron evaluaciones y trabajos técnicos con el objetivo de continuar el seguimiento y desarrollo de los jóvenes talentos entrerrianos.
Al día siguiente, la actividad continuó con la Preselección Femenina. También con una convocatoria de 27 jugadoras, el cuerpo técnico encabezado por Fernanda Joannás llevó adelante una intensa jornada de trabajo orientada a la preparación del seleccionado que representará a Entre Ríos en el certamen nacional.
Las concentraciones, realizadas en «La Ciudad de Encuentros», constituyeron el primer paso de un proceso que tendrá continuidad con nuevas convocatorias y entrenamientos durante los próximos meses, buscando conformar los planteles definitivos que vestirán la camiseta de la FBER en la competencia nacional.
Durante ambas jornadas estuvo presente el presidente de la Federación de Básquet de Entre Ríos, Julio Giménez, acompañado por integrantes del Consejo Directivo de la entidad, quienes respaldaron el inicio de un nuevo ciclo de trabajo de las selecciones provinciales y compartieron la actividad junto a jugadores, jugadoras, entrenadores y familiares.
Alguien más ya está hecho?”. El movilizador cuestionamiento del hincha en la publicidad de TyC Sports, que interpeló la dimensión del conformismo del tablón cuando la gesta de la tercera estrella todavía sigue latente, marcó la temperatura ambiente. Nadie está hecho, quedó demostrado, y el mundo supo -con creces- de qué estamos hechos.
Y aunque todos daríamos lo que no tenemos por la cuarta, por una final contra la España que hace un culto de la posesión y -antes que todo- por ganarles a los ingleses, es un buen momento para subrayar que, sea cual fuere el resultado en el partido del morbo, ningún estado de ánimo posterior, euforia desbordante o decepción acuciante, debería perturbar el juicio y hacer que se naturalice lo excepcional.
Los hinchas argentinos en EE.UU: ilusión a flor de piel
(Foto Juano Tesone/ Enviado especial).
Que Argentina haya llegado a una semifinal de un torneo de selecciones por quinta vez en este memorable ciclo es un motivo suficiente para celebrar a este equipo de época, la mejor Selección de todos los tiempos. ¿Acaso eso denota conformismo? En absoluto: a esta altura, ningún resultado podrá eclipsar la extraordinaria rutina a la que nos acostumbró, y con la que nos volvió a ilusionar, la ahora rebautizada Infartoneta.
Haber festejado la llegada a este séptimo partido no solo es una buen señal, como resaltó el padre de la criatura: también es un indicio de madurez futbolística por parte de un público, el argentino, tan amante de los éxitos como repleto de gratitud porque el fútbol le pagó a Messi lo que le debía. Pero que no se entienda como un réquiem anticipado del campeón: por más que a las Ferraris se les hayan empastado las bujías, que De Paul, Enzo y Alexis hoy no hagan fium, fium, fium como en Qatar, que en el torneo de los mediocampistas según Scaloni paradójicamente su equipo tenga flechita para abajo a varios de los volantes, la confianza está intacta.
Scaloni, líder de un equipo de autor (Foto Juano Tesone/ Enviado especial).
Ganarle a esta durísima Inglaterra de Tuchel no es una utopía. Solo será necesario sumarle una porción mayor de fútbol a ese derroche de corazón que contra Cabo Verde, Egipto y Suiza emocionó hasta al más inmutable.
Por eso, que el mundo del fútbol no se precipite. Y que nadie se asombre si Argentina, conjunto de autor, le suma más éxito a su éxito.
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“Locura”. Cada hincha lo repite. “Una semifinal con Inglaterra es una locura”. Y sí, lo es. El Underground de Atlanta es una Madness total, en términos de los yanquis que se acercan a ver por el balcón ese pogo que se mueve con un ritmo hipnótico. Histórico. “El que no salta es un inglés”, se oye. Empuja el canto. Es un mantra. Uno de tantos. Como Muchachos. Como el “cueste lo que cueste”. Corcheas, bemoles al aire lluvioso que empapa de épica la previa más vibrante de este Mundial. Al menos desde que Argentina empezó su camino allá por Kansas City, en Mill Creek Park, que siguió en el Downtown de Dallas y en Miami Beach.
No se compara. Ni por masividad ni por ilusión. Puede ser, esperan todos, el penúltimo banderazo. Ese rito sagrado que se ha seguido en cada día previo. Este martes con otra emoción. Con un significado que en el corazón pesa pese a que la cabeza sepa que es un partido de fútbol. Lo es. Lo dijo Lionel Scaloni. Pero para el “hincha” como sujeto social hay una sensación transversal. Que no debe en ningún caso nublar el contexto deportivo. Pero que existe: negarlo sería inútil.
Alrededor de 10.000 personas, confirmado por la policía, se acercaron al banderazo previo al partido de Argentina frente a Inglaterra por la semifinal de la Copa del Mundo. Video: @nicberardo enviado especial Olé
Miles y miles de camisetas en el Underground Atlanta previo al partido contra Inglaterra.
Foto Juano Tesone/ Enviado especial
Por algo el FBI recorre cada centímetro de la explanada que bordea el Underground. Ese pozo en el que se reunieron bombos, trapos, historias de vida en ebullición. Una bandera king size de Leo Messi con Diego Maradona baja desde el techo de un restó chino que convida el WiFi por módicos u$s 2,30. Una gaseosa por conectarse. Ganga para los fanáticos sin datos que se arriman: hay bares que piden hasta u$s 10.
La Policía monitorea. Mira. Recorre en moto o en carrito tipo golf. Confirma con seguridad que ya son 10 mil los que desfilaron por la fiesta más grande de esta Selección en 2026. Vallados perimetrales y controles exhaustivos impiden que se filtren elementos indebidos, hinchas rivales. Por Broad St la carpa de control se satura. Nadie quiere faltar. Desde el parking de siete pisos de alto, lleno de autos alquilados por argentinos que llegaron de todo Estados Unidos -en especial, de Kansas City, Dallas y Miami- los que recién estacionaron se asoman para ver de qué se trata.
Humo, banderas, paraguas, todo…
Foto Juano Tesone/ Enviado especial
El mensaje de Scaloni para el público argentino. Video: @hernanclaus – enviado especial Olé
Una verdadera fiesta en las calles de Atlanta.
Foto Juano Tesone/ Enviado especial
Y se trata, de nuevo, de nuestro Woodstock. Nuestro Cosquín con bandas, familias, vidas enteras que esperaron este partido creciendo con la leyenda del 86. Una bandera del Regimiento de Infantería 12 de Mercedes, Corrientes, emociona: es el pabellón patrio, las Malvinas en el sol y un Héroe pintado. Solo eso. Y llega y conmueve aunque, se reafirma, la Guerra no tiene que ver con el fútbol y entender lo contrario sería pasarse por cien pueblos. Esto es fútbol. Y es el fútbol el que se celebra.
La bandera de las Malvinas, presente.
Foto Juano Tesone/ Enviado especial
Lo hacen los argentinos. Lo hacen los yanquis. Un fana peruano que pide paz y promete hacer fuerza por Messi. El hombre Llama que de Qatar para acá trata de no faltar. Todos. Cómo los pibes juegan a la pelota mientras los grandes hacen pogo, o la familia chilena vestida con la de Leo. También el hincha de Brasil que se quedó hospedado en Atlanta esperando un clásico con el Scratch que no se dió. Ese que admira la “fiesta” de la Albiceleste aunque en cámara no se anima a decir por quién hinchará. Aliento tácito. Que brota por cada callecita de una ciudad chica pero que aprendió en horas de qué es capaz la plaga de fanáticos cuando quiere demostrar su pasión.