
El Monumental supo ovacionarlo con el «chilenooo, chilenooo» que no se escuchaba desde los tiempos del Matador Salas. Ese mimo, producto de su gran nivel en la zaga, provocó que River le extendiera su contrato para blindarlo. Sin embargo, esos buenos Díaz dejaron de serlo para Paulo, que paulatinamente fue pasando del reconocimiento a los silbidos y a ser declarado prescindible, primero por Marcelo Gallardo y ahora por Eduardo Coudet. Una situación sin vuelta a atrás que lo llevó a abrir la puerta de salida después de siete años, con todo arreglado de palabra con el Atlanta United para ser el primero de los borrados en emigrar de Núñez.

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