Carlos Alcaraz se fue antes de llegar. Una lesión en la muñeca derecha sufrida en Barcelona lo dejó fuera de lo que quedaba de gira de tierra batida. Sin él, Roland Garros ya no tenía a quien defendiera el título. Lo que no esperaba nadie es que las dos máximas figuras del cuadro masculino también se fueran antes de lo previsto.
Jannik Sinner llegó a París con 30 victorias consecutivas y los títulos de Montecarlo, Madrid y Roma bajo el brazo. Número 1 del mundo. No obstante, en segunda ronda, frente al argentino Juan Manuel Cerúndolo, en el momento menos esperado, su cuerpo se rindió al calor. Mareos, vómitos, calambres. De un 6-3, 6-2 y 5-1 pasamos a un 6-3, 6-2, 5-7, 6-1 y 6-1. En rueda de prensa se limitó a decir que “nadie es un robot” y que simplemente había tenido un mal día físico tras una mala noche de sueño.
Al día siguiente cayó Novak Djokovic. El serbio, de 39 años, buscaba en París su vigésimo Grand Slam para romper el empate con Margaret Court. Venció con comodidad los dos primeros sets ante el joven brasileño João Fonseca, de 19 años. Pero después llegó el desfondamiento, las bolsas de hielo en cada cambio de lado y también los vómitos en pista. El brasileño completó la remontada 4-6, 4-6, 6-3, 7-5 y 7-5. Djokovic reconoció que se había “quedado sin gasolina” y que apenas podía sostenerse sobre sus piernas al acabar.
El serbio fue blanco de silbidos en medio del partido contra el local Valentin Royer
Los grandes no estaban preparados para esto. Una masa de aire cálido procedente del norte de África, retenida por un anticiclón, empujó los termómetros hasta los 34°C en pista durante las primeras jornadas. Hasta 13 grados por encima de la media histórica para finales de mayo. Y las autoridades francesas decretaron alerta naranja tras registrarse fallecimientos asociados al fenómeno en el norte del país.
El canadiense Gabriel Diallo tuvo que retirarse en primera ronda por un golpe de calor, declarando que su estado empeoraba “minuto a minuto”. El noruego Casper Ruud estuvo al borde de abandonar en su debut: “Mi temperatura corporal era demasiado alta, no pude enfriarla. Fue realmente difícil ver la pelota”. El español Alejandro Davidovich lo describió de otra manera: “Había momentos en los que ni se respiraba”. Hasta una recogepelotas se desmayó en pista durante un partido de mediodía.

El cuadro femenino no escapó al desastre. Aryna Sabalenka, número uno del mundo, dominaba sus cuartos de final ante la rusa Diana Shnaider. No obstante, acabó sucumbiendo. En rueda de prensa no intentó disimular nada: “Mentalmente caí en un agujero muy profundo y oscuro. No me centré más”. Luego añadió algo que dejó en silencio la sala: “Ahora mismo no tengo pensamientos ni emociones. Solo quiero dejar el tenis”.
Iga Swiatek tampoco llegó a semifinales. La cuatro veces campeona en París cayó en octavos ante la ucraniana Marta Kostyuk con un 7-5 y 6-1 que no admitía interpretaciones. Antes de marcharse, utilizó su rueda de prensa para denunciar que los paneles publicitarios al fondo de las pistas estaban provocando lesiones a los tenistas. “Sé que perdí porque estaba tensa y mi cuerpo no podía hacer correctamente lo que debía hacer”, sentenció en su comparecencia.
Si hay una historia que cuenta este Roland Garros mejor que cualquier otra, es la de Maja Chwalinska. La polaca, número 114 del mundo, llegó a París desde la fase previa habiendo ganado apenas dos partidos en tierra batida. Ahora está en semifinales, habiendo cedido un solo set en ocho partidos.
En 2021, un diagnóstico de depresión clínica severa la obligó a retirarse temporalmente del tenis. Llegó a ser incapaz de levantarse de la cama y perdió el deseo de vivir. Su regreso fue gradual, silencioso, alejado de las redes sociales. Su tenis, repleto de slice y dejadas cortas, resulta tan desconcertante que su próxima rival, Diana Shnaider, lo definió simplemente como “muy tramposo”.
En el cuadro masculino, las semifinales enfrentarán al alemán Alexander Zverev, máximo favorito tras el caos de las primeras rondas, con el checo de 20 años Jakub Mensik. El otro cruce reunirá a dos italianos: Flavio Cobolli, que se ha ganado su primera semifinal de Grand Slam, y Matteo Arnaldi, número 104 del mundo. Por primera vez desde 2022, Roland Garros tendrá un campeón que nunca antes ha levantado un Grand Slam.
Deja una respuesta