Cuando Lionel Scaloni dijo que “Lautaro Martínez está haciendo un trabajo espectacular”, el deté de la Selección no sólo lanzó un elogio: puso en valor un esfuerzo silencioso del #22. Un delantero que aprovechó con rendimientos -y frente a Jordania, también con gol- la oportunidad que se le abrió producto de la lesión con la que Julián Álvarez llegó al Mundial.
El Toro cerró la fase de grupos dejando en claro que su aporte excede ampliamente el gol: fue el primer defensor de la Selección desde la presión alta para intentar marcar el ritmo de la recuperación tras pérdida, con intensidad para atorar y para retroceder por detrás de la línea de la pelota.
Los números de la presión explican buena parte de ese trabajo invisible: frente a Jordania acumuló 23 presiones directas y cuatro indirectas, además de participar en 17 acciones de presión sobre los zagueros y otras 13 dentro del bloque colectivo. Así, fue uno de los futbolistas más activos del equipo sin pelota. Ese despliegue fue la continuidad de lo realizado ante Argelia y Austria, donde volvió a ser el primer hombre en saltar sobre la salida rival.
Su compromiso también se trasladó a la recuperación. “Se han puesto el overol”, valoró Scaloni hace unos días sobre sus delanteros. Lautaro lo certificó: ante Jordania ganó tres entradas, realizó dos bloqueos, interceptó cuatro acciones y cerró el partido con una recuperación de posesión. Contra Argelia también sumó un quite y alcanzó un 100% de efectividad en las acciones defensivas que ejecutó; frente a Austria volvió a sostener el rol de referencia en la primera línea de presión.
Con la pelota tampoco esperó estático dentro del área. Los informes FIFA muestran que se ofreció permanentemente como receptor: lo hizo 21 veces frente a Argelia, 35 ante Austria y 47 contra Jordania, un crecimiento constante a medida que avanzó el torneo. Aunque no recibió en cada oportunidad, sus movimientos generaron también desmarques para fijar centrales o abrir espacios para Messi y Almada en el arranque, Lo Celso y Paz ante los jordanos.
La movilidad fue otro de sus grandes diferenciales. Contra Argelia realizó 11 desmarques a la espalda y nueve entre líneas. Es decir, 20 veces en total. Ante Austria lideró esta métrica con 14 movimientos entre líneas, mientras que frente a Jordania volvió a ser el mejor del equipo atacando la espalda de los defensores en 21 oportunidades.
El esfuerzo físico terminó de completar un Mundial de enorme despliegue. Recorrió 6.730 metros frente a Argelia en apenas 55 minutos, 6.814 ante Austria en 65′ y 6.555 contra Jordania antes de ser reemplazado a la hora de juego. Son cifras que proyectadas a un partido completo rondan los 11 kilómetros, una marca propia de un mediocampista.
Aunque se trata de un ariete. Que busca establecerse. Ganarse el lugar de referencia en una sana competencia con Julián. Un delantero que entiende que Scaloni pregona el “equilibrio” y que por eso el doble 9 no siempre funcionará como salida a su presencia continua en el equipo. Pero que aun así se desloma. Da Toro.



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