El Mundial de Fútbol es la ocasión, desde que la asistencia por video al arbitraje (el famoso VAR) está en vigor, de constatar que, más que nunca, es la lógica puntillosa y casi inhumana la que prevalece en el arbitraje del deporte, en detrimento de un espíritu de la regla sin duda más difuso pero que conserva su parte de humanidad, con sus defectos y sus cualidades.
Media rodilla demasiado adelantada para señalar fuera de juego, ¿es realmente ese el espíritu de la regla tal como había sido concebida? Y luego, desde el momento en que se impone la lógica del milímetro, ¿estamos realmente seguros de que las herramientas a las que se ha confiado la tarea de hacer respetar la sacrosanta regla, en un deporte donde gran parte de las decisiones se basa en la interpretación, están perfectamente calibradas o simplemente nos conformamos con un resultado que ofrece una apariencia de lógica binaria?
Con demasiada frecuencia se tiende a descartar de un manotazo este tipo de cuestionamiento en el deporte, sobre todo cuando las reglas que suscitan la polémica son en sí mismas binarias: «es negro o es blanco», se oye o se lee a menudo. Por tanto, el matiz parece imposible, pero la realidad se encarga a menudo de recordar que sí, a veces, el simplismo de tal razonamiento puede verse rápidamente desarmado.
Pregunten a los croatas su opinión sobre el gol anulado a Josko Gvardiol en los dieciseisavos de final contra Portugal y el despliegue tecnológico al que hubo que recurrir – mediante un sensor en el balón, para asegurarse de que efectivamente había habido un microcontacto entre la cabeza y/o el pelo de uno de sus compañeros! – para llegar a una decisión que, aunque partía de la aplicación binaria (y, hasta prueba en contrario, lógica) de una regla, no tenía realmente claridad. Y desde luego no su espíritu.
Pero en fin, volvamos a la Fórmula 1. Desde 2022 aproximadamente, con algunas vacilaciones, la cuestión de los límites de pista ha sido objeto de una aplicación mucho más estricta que antes. Hay que decir que la temporada 2021 había suscitado, en muchos aspectos, numerosas polémicas sobre el tema, polémicas que comenzaron ya en el primer Gran Premio de aquel año en Bahréin.
Límites, límites…
La cuestión de los límites de pista divide desde hace tiempo a la comunidad de la Fórmula 1. Una parte del problema reside en el desarrollo, en estos últimos 20 a 30 años, de circuitos donde no había realmente una penalización «física» (muro, grava, hierba) por rebasar los límites. De modo que, según la orientación de la dirección de carrera, el reglamento – que nunca se ha desviado al considerar que la pista en sí misma era lo que se encontraba entre las dos líneas blancas, incluidas estas – se aplicaba de forma más o menos laxa y ofrecía por tanto a los pilotos oportunidades de ir más allá.
El punto de inflexión de 2021 incitó a las instancias a mostrarse mucho más estrictas en la aplicación de las reglas, no tanto como una manera de aplicarlas bien sino como una forma de intentar protegerse de cualquier polémica. De modo que hoy, la menor superación de los límites con las cuatro ruedas se considera, de entrada, una infracción.
Como a menudo, la F1 ha ido de un exceso al otro porque, al adoptar esta postura, se ha enredado en una aplicación ciega de las reglas que ya no tiene realmente en cuenta lo que dice de verdad dicha regla mientras la finalidad sea que cuatro ruedas han pasado fuera de la pista. El caso de Kimi Antonelli en Silverstone parece, desde este punto de vista, muy esclarecedor.
La regla (Artículo B1.8.6 del Reglamento), bastante invariable desde hace algunos años, dice que el piloto debe hacer «todo esfuerzo razonable para permanecer en la pista en todo momento y no puede abandonar la pista sin motivo justificable». Luego, más adelante, la regla añade que si un F1 vuelve a la pista, hay que hacerlo de forma «segura»y «sin obtener una ventaja duradera».
En Silverstone, Antonelli sufrió un problema mecánico, que se manifestó claramente desde la vuelta 41 de carrera, mientras se acercaba rápidamente a Charles Leclerc, el líder. Tras una primera parada en boxes para cambiar neumáticos, el italiano se salió de la pista varias veces, lidiando con un coche visiblemente difícil de conducir.
Así que sí, efectivamente, las salidas de pista son innegables, pero considerar en un primer momento que se hicieron sin motivo justificable parece ya una visión muy sorprendente de las cosas. Si añadimos la cuestión de la ventaja obtenida, era visiblemente nula o, en todo caso, no duradera, puesto que durante toda esa secuencia perdía tiempo y posiciones.
Kimi Antonelli, Mercedes
Photo by: Manuel Eletto / Getty Images
En resumen, hoy la F1 ni siquiera aplica ya realmente su regla – mucho más matizada -, sino una lógica binaria que ha acarreado una penalización costosa para un piloto que sufría un problema mecánico y no obtuvo ninguna ventaja de sus salidas de pista.
Algunas personas verán en ello un progreso y una aplicación equitativa de una interpretación estricta. A título personal, yo veo en ello la renuncia a aplicar correctamente la regla tal como está escrita, en favor de una visión estrecha de lo que debe ser el respeto de los límites de pista.
En tal contexto, uno se pregunta por qué se mantiene tal redacción de la regla si es para pasar por alto sus matices. Ya que vamos hasta el absurdo en la aplicación de las reglas, seamos extremistas en su redacción: «Se prohíbe a los pilotos abandonar la pista». Simple, eficaz, mucho más acorde con la realidad. ¿Demasiado rígido, dicen? ¡No fui yo quien empezó!
Este episodio se produjo una semana después de otro caso en el que el espíritu de la regla fue triturado, desperdigado como un rompecabezas, en favor de una lógica contable, de una lógica puntillosa, de una lógica idiota por tanto, que vio a George Russell conservar una pole pese a un paso por una zona de accidente y aun cuando había una bandera amarilla ondeando.
Así que sí, el británico respetó la interpretación actual de las reglas al ralentizar lo suficiente en el microsector afectado para que se considerara que había reaccionado a la señalización. Sin embargo, ¿se garantizó realmente la seguridad? ¿Se hizo realmente todo lo posible para que la regla, en su espíritu, se respetara? No, evidentemente.
No puedo sino remitirles, sobre este último tema, al artículo realizado con motivo de los 10 años del accidente de Jules Bianchi, fechado en 2024, relativo al legado en materia de seguridad de aquel trágico accidente. El Gran Premio de Austria 2026 no es más que una comprobación más de que corremos el riesgo de esperar una horrible concatenación de circunstancias – y aun así… – para acabar aplicando «mejor» una regla destinada a proteger a los pilotos y a los comisarios, y no solo a hacer que los coches reduzcan un poco la velocidad.
Todo el mundo tiene la culpa, incluso usted y yo
En cuanto a saber quién es responsable de todo esto, la respuesta simplista sería decir «las instancias». Sin bromas malas, sería una interpretación demasiado estricta de la situación. Sí, las instancias, en última instancia, son los intermediarios entre la regla y su aplicación, de modo que los comisarios (o la dirección de carrera) son el dedo que aprieta el gatillo.
Pero ¿quién proporciona las balas? ¿Quién proporciona el arma? ¿Quién incita a disparar? ¿Quién apunta al blanco? ¿Quién presiona para que suene un disparo?
Aquí, hay que constatar que la responsabilidad pertenece también tanto a los actores de la disciplina (pilotos, escuderías, partes interesadas de todo tipo) como a los observadores (periodistas, espectadores, aficionados). Todos somos en parte, en diversos grados, responsables de estas fluctuaciones, de estas interpretaciones.
Las escuderías tienen intereses directos evidentes y palancas no menos evidentes para actuar (sobre todo en nuestra época, en la que casi co-escriben el reglamento), pero basta ver las reacciones en ciertos medios/en ciertos canales, así como las discusiones entre aficionados de la disciplina, que saben hacerse oír (y son escuchados) por los distintos medios modernos, para ver hasta qué punto, mientras se indignan ante un deporte cada vez más complejo, cada vez más regulado, esos mismos observadores van a ser también los primeros en reclamar, al menor toque, al menor coche que sobrepase las líneas por 2 cm, que el brazo vengador de la justicia caiga sobre el «culpable».
Acción del GP de Gran Bretaña en Silverstone.
Photo by: Sam Bagnall / Sutton Images via Getty Images
La lógica esquizofrénica que se apodera de la manera en que se entiende el deporte en nuestra época no hace que el clima sea del todo sano, y por tanto no es totalmente incongruente que las instancias, en primera línea y (con razón o sin ella) inmersas en la desconfianza general hacia las autoridades, intenten crear situaciones en las que la parte de interpretación humana ya no exista realmente, aun cuando la normativa está repleta de situaciones en las que debería prevalecer.
Vean cómo el ejemplo del final de carrera en el Gran Premio de Gran Bretaña fue difícil de aceptar para una parte de los observadores y del público. Así que sí, estuvo el caos del anuncio, pero fundamentalmente lo que se reprochó mucho fue no haber ofrecido una última vuelta real de carrera. Aun cuando para la dirección de carrera se trataba, simple y legítimamente, de aplicar correctamente la regla escrita, que no convierte el espectáculo en una condición.
Hace algo menos de cinco años, pese a la forma en que muchos intentaron reescribir la historia, fue la lógica del espectáculo a toda costa la que empujó a la dirección de carrera a infringir esas mismas reglas para que se disputara una última vuelta bajo bandera verde en Abu Dhabi. No fue mejor aceptado y, además, a diferencia de Silverstone, no era legal. Pero encontrarán gente que lo defienda.
Estas últimas semanas nos muestran que, al querer aplicar la misma lógica extremista en ámbitos sin embargo diferentes, al querer retirar el máximo posible de razonamiento humano de las decisiones para protegerse de cualquier riesgo de error o de cualquier riesgo de polémica, se acaba olvidando que, incluso antes de que la tinta se haya posado sobre la más mínima hoja de papel que servirá para justificar una decisión, ya nos hemos equivocado gravemente al impedirnos aplicar correctamente las reglas vigentes.
Reescribamos el reglamento para retirarle los matices o apliquemos correctamente el que está en vigor, pero no intentemos navegar entre los dos porque, como se ve, eso no conduce a nada bueno.

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